Finales del año 1.506 “Por picos,
palas y azadones, cien millones de ducados; 200.630 ducados y 9 reales en
frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios… Y cien millones por mi
paciencia en escuchar ayer que el Rey pedía cuentas al que le había regalado un
reino” Las famosas cuentas del Gran Capitan, D. Gonzalo Fernández de Córdoba
dirigidas al rey Fernando el Católico. El Gran Capitán es uno de los grandes
personajes de nuestra historia. Soldado leal y valeroso, inspirador en la
forma, tácticas y espíritu del ejército que construyó un Imperio. Transformó el
ejército de la Edad Media, basado en los Caballeros, en un ejército de
infantes, casi rememorando las legiones romanas, en el que el orgullo de
cuerpo, movilidad, disciplina, dignidad personal y moral eran la base de su cohesión
y funcionamiento. Entre sus muchas hazañas se encuentra la de regalar a su rey
el reino de Nápoles frente a uno de los más poderosos ejércitos de la Edad Media,
el Francés. Las envidias y los que siempre “malmeten” sembraron la desconfianza
en su rey, relegando al olvido a uno de los más esforzados y leales súbditos.
Se asentó en su retiro de Loja en el año 1.507 por orden del rey.
“Recuerdos indeseables pueden ser
excluidos de la conciencia por un procedimiento denominado represión, pero no
sabemos, hasta ahora, cómo es que la represión ocurre en el cerebro” Sigmund
Freud. Estudios recientes en neurociencia de las universidades de Stanford y
Oregon (M.C. Anderson, K.N. Ochsner y otros) utilizando imágenes de resonancia,
han constatado que existe un “proceso activo” en el olvido motivado. El olvido
ha sido ampliamente estudiado por la psicología aplicada al ámbito educativo,
existiendo numerosas teorías sobre sus causas. Tulving argumentaba que se produce
debido a la pérdida de las claves de recuperación, es lo que se conoce como
“interferencia retroactiva”. Numerosos estudios han concluido que la memoria es
modificable y en ellos se basan las terapias de recuperaciones postraumáticas,
como en el caso de víctimas de atentados, incluso hay investigaciones en marcha
sobre cómo se pueden eliminar recuerdos químicamente. Se está descubriendo un
paralelismo asombroso entre el funcionamiento de las redes sociales y el neuronal,
las interconexiones y el debilitamiento de las mismas (Universidad de Basilea).
Los diagramas de flujos de las redes (nubes de puntos conectados) son
asombrosamente similares a los de transmisión de la información entre neuronas.
Damnatio Memoriae, castigo
impuesto por el senado de Roma a un “enemigo de Roma” tras su muerte. El uso de
su nombre podía quedar prohibido, se eliminaba todo lo que le recordara
(inscripciones de su nombre, estatuas, escritos…) Incluso se aplicó a
emperadores. Es un ejemplo antiguo, pero los hay más antiguos de que las
sociedades han utilizado el olvido como castigo incluso a alguien ya muerto.
Castigo cruel de negación de la existencia que sirve de ejemplo a vivos para
evitar que se vuelvan a producir formas de actuación que se consideran dañinas.
Recuerda un poco al párrafo anterior, un recuerdo indeseable en el que se
borran las claves de recuperación del recuerdo o se modifican. Parece que las
redes sociales han estado siempre presentes aunque no existiera internet y
hemos funcionado como el cerebro desde que el mundo es mundo.
En nuestra sociedad, en nuestras
empresas, incluso en algunas familias, existen personas condenadas a Damnatio Memoriae.
El hecho es especialmente doloroso para el condenado si ha sido condenado
injustamente, como el Gran Capitán, cuando todos sus sacrificios o logros
anteriores no son tenidos en cuenta porque han sido también “olvidados”.
Personas relevantes relegadas o expulsadas como El Cid, soldados como los que
volvieron de la guerra de Vietnam, los “aparcados” en las empresas víctimas de
las guerras de poder, a los que no hablamos y han dejado de existir en nuestras
familias. Incluso prohibiéndose que sean nombrados.
Es un castigo. Si el motivo es
injusto, hablaremos de la injusticia y cómo ha sido un método a lo largo de la
historia de “borrar” hechos y personas como si jamás hubieran existido, desde
el exterminio a la ocultación de pruebas. Todo debe caer en el “olvido”, nunca
ha existido. Desde el punto de vista psicológico, lo hemos reprimido (ocultado
en la memoria, olvidado). Si el castigo es justo, en el sentido de responder a
un hecho dañino, ¿es un castigo a utilizar contra esos hechos? Un hecho
traumático queda bloqueado como mecanismo de defensa, pero varias teorías psicológicas
consideran que queda en el inconsciente y genera otros problemas hasta su
resolución. El hecho de que tengamos actos o personajes en la historia que
puedan llegar a avergonzarnos o traumatizarnos no significa que deban
eliminarse, sino aprender de ellos y sus consecuencias.
Recientes investigaciones
realizadas por el neurocientífico Joe Z. Tsien concluyen que el eliminar
información antigua de forma selectiva es fundamental para incorporar nueva
información, para aprender y que la antigua no interfiera. La selección la
realiza nuestro cerebro haciendo un acto de predicción sobre lo que
necesitaremos en un futuro y lo que no. El paso de la pérdida de información a
la adquisición de la nueva suele generar un periodo de confusión hasta su
consolidación. Esta investigación sobre el aprendizaje es igualmente aplicable
a nuestra sociedad, a nuestras empresas y por supuesto a nosotros mismos. Toda
situación que supone una ruptura con la continuidad, que deja obsoleta una
forma de actuación, una teoría, una filosofía, genera un periodo de adaptación
a la nueva información a asimilar y al olvido de la anterior. Cambios
tecnológicos, ideológicos, etc en la sociedad generan grandes convulsiones.
Cambios en la dirección de una empresa con la introducción de nuevas formas de
actuación. Incluso a nivel personal, la muerte de un ser querido, supone un
periodo de confusión. La muerte de un ser querido no se olvida nunca pero
nuestro cerebro sigue con el proceso de aprendizaje, y así, incluso nos
sentimos culpables porque poco a poco ya no tenemos tan presente a esa persona
o se nos desdibuja su cara, y aunque parezca duro, va dejando sitio a lo nuevo
para poder seguir con la vida.
Está de moda el “derecho al
olvido”, la sociedad y las bases de datos cada vez olvidan menos. Hemos visto
que también es bueno dejar sitio a lo bueno. Nuestros errores permanecen para
siempre a la vista de todos y todos cometemos errores. De ellos aprendemos y evolucionamos.
El recordar a una persona por lo que hizo hace 20 años puede no decirte nada de
lo que es esa persona actualmente, para bien y para mal. La vida te transforma.
Pensad si recordásemos nuestros errores de la adolescencia o de otras épocas,
si se trajeran constantemente al presente, eso les va a pasar a nuestros hijos.
Al igual que existen casos patológicos como la amnesia los hay de personas que
recuerdan cada minuto de su vida como si vieran la vida en dos pantallas, en
ambos casos la vida es un infierno.
Es justo recordar los logros de
todos, especialmente cuando por un mal momento se comete un error. No se puede
olvidar una vida de “servicio” y menos aún si ni siquiera ha existido el error.
¿Qué lectura se envía al resto de los esforzados y leales que están bajo
nuestro mando? ¿Qué justicia existe en relegar a alguien al olvido y en qué nos
beneficia como grupo? Aunque mereciera un castigo. ¿Es justo recordar los
errores una y otra vez a pesar de que la persona haya aprendido de ellos y hace
tiempo que rectificara? Miraos a vosotros mismos, a vuestros errores y vuestros
aciertos, sed capaces de perdonaros y de perdonar, de olvidar y recordar,
considerad a los demás y consideraos a vosotros mismos. Si alguna vez os ocurre
lo que le ocurrió al Gran Capitán pensad que el mayor reconocimiento a vuestra
labor es la vuestra, es saber que siempre hicisteis lo correcto y que si en
algo fallasteis, fue por vuestra condición humana y no por la falta de esfuerzo
y dedicación. Es muy difícil borrar los grandes actos. Hoy todos saben quien
fue el Gran Capitán o el Cid.
Diego Lias
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