La opulencia previa a la crisis
vino marcada por una falta total de valores y de enriquecimiento personal a
cualquier precio, a costa de quien fuera. Lo que vino después, la crisis, fue
peor. Ha sido una guerra real, y las guerras sacan lo peor del hombre, incluso
peor que lo que hubo antes. La supervivencia, el miedo, la codicia, han causado
y alimentado la guerra. Los muertos, millones de parados en todo el mundo,
infinidad de empresas destruidas. El campo de batalla el mundo entero,
implicando a los políticos como en cualquier guerra, pero sin tener muertos
entre sus filas, también como en cualquier guerra (siempre hay una excepción,
cayó el Estado Mayor de Islandia). En las trincheras todos los trabajadores y
empresarios. Hemos vivido una guerra sin cuartel, sucia como todas, que ha
hecho cierta la frase Plauto de “El hombre es un lobo para el hombre”. Empresas
contra empresas, hombres contra hombres, compañeros contra compañeros,
supervivencia a toda costa. El que vuelve de una guerra, vuelve transformado. Todos hemos estado y no volveremos a ser los mismos. Si la época previa, ya se
había llevado el honor, la crisis consiguió que nos olvidáramos por completo de
él, y es que por más que lo digan a veces, en las guerras no hay honor. Puede
haber hombres de honor que participen, pero no hay honor.
En una reunión acalorada, durante
esta crisis, acusé a la otra parte de no ser “hombres de honor”. La reacción
fue de sorpresa, les dejó descolocados. Lo curioso es que después de la
reunión, me enteré de que la frase había sorprendido también a los de mi
empresa. Y es que el honor se vincula a las películas de duelos, código trasnochado
y sin aplicación en nuestros días. Como he dicho antes, ha desparecido,… hasta
de nuestro vocabulario.
Sin embargo ha estado presente en
todas las grandes culturas y religiones, en la pintura, la música, la
literatura. No ha sido exclusivo de nobles como se nos ha hecho pensar, es
patrimonio del alma y todos tenemos una.
En la cultura griega, ningún ser
humano puede llegar a ser feliz, si no adquiere honor. El honor se adquiere por
medio de la virtud, una conducta intachable ante los deberes. Roma heredó el
concepto y lo hizo propio. Los Germanos, que ya tenían un código de honor, incorporaron el Romano y llegó a la edad media con el Código de Caballería como
máximo exponente. Se mezcló con la religión al tener valores comunes. En la
cultura India Rama dice “No consentiré, ni al precio de un reino, volver la
espalda al honor, máximo bien de todos. La vida es corta, y nada quiero de esta
tierra miserable, salvo el deber”. Un proverbio judío reza: “No es el puesto
que una persona ocupa lo que le da honor, sino que es la persona quien honra el
puesto que ocupa”. El Islam predica: “Se alcanza el honor y el verdadero
orgullo a través de la perfección espiritual y adornándose de virtudes morales
y espirituales”. Las culturas amerindias también tenían sus códigos de honor,
aunque ha llegado poco escrito hasta nosotros. Las enseñanzas sobre el honor
del Budismo, Zen, Confucio y Sintoísmo se funden en Japón en el Código del Bushido.
Wan Yang Ming filósofo chino y uno de los inspiradores del Bushido dijo que el
criterio básico en la vida era: “Hablar y hacer son lo mismo”. Muy parecida a
la frase de Gandhi “La felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que
uno dice y lo que uno hace está en armonía” que conectada con los principios
griegos de conducta intachable, o el Código de Caballería o… El concepto de
honor es universal y sus principios básicos lógicamente coincidentes.
Tomaremos el Código de Caballeria
y el Bushido como ejemplos de la cultura occidental y la oriental:
- Valor - Yu: No es arrogancia, es la fuerza de hacer lo correcto. Es actuar cuando la masa se esconde pero no con un heroísmo estúpido, sino que respeta al oponente, al que hay que tratar de forma fuerte pero inteligente.
- Justicia - Gi: Busca la verdad sobre todo y la honradez en los tratos. Lo justo por encima de la ganancia sobre el otro, lo justo por encima de uno mismo o el poder.
- Generosidad y Humildad – Jin: Como forma de evitar la avaricia y la gula. Ser capaz de reconocer que los grandes hechos se basan en el esfuerzo de muchos y no en el propio, reconociéndose uno mismo como parte de un todo. No apropiarse del éxito de los demás, reconocer el éxito de los otros y premiar el esfuerzo de la gente a tu mando. El poder está para servir a los demás. Ser generoso también en el sentido de misericordioso ante un enemigo que ha demostrado honor. Nunca demostrar crueldad
- Lealtad y Defensa – Chuugi: Sobre todo a los ideales, que están por encima de todo, incluso de reyes. Protección de a quien sirves, de los que están a tu mando y todo aquel que se encuentre desprotegido frente a cualquier abuso. La defensa de la verdad, pero mitigada con la clemencia, a veces la verdad absoluta produce dolor al inocente Eres responsable de tus hechos y de tus palabras, de aquellas personas que dependen de ti. La palabra es ley.
- Nobleza y Templanza – Meiyo, Makoto y Rey: Cortesía, honradez, ser moderado, en la ira, en el carácter, en las riquezas (no el no tener riquezas sino el no malgastarlas), en definitiva el no mantener una dependencia clara de nada. Formación y desarrollo de las cualidades mediante el esfuerzo. Un ejemplo a seguir. El juez es uno mismo, el más exigente. El no cumplir con lo que se dice y el código, lleva a la vergüenza insoportable.
- Fe – Reencarnación: da raíces y esperanza en su lucha contra el mal.
El poder siempre ha utilizado a
los hombres de honor en su propio beneficio, también ha sido culpa de los
hombres de honor que han interpretado el código de forma “gloriosa”, se ha
llevado al absurdo y les ha dejado desprotegidos. Hay que ser listo y saber
cómo se practica cada uno de los puntos. El ser generoso por ejemplo, no es
perdonar a un enemigo despiadado y sin honor dejándolo a tu espalda,
probablemente te mate. Alejandro Magno perdonó al rey Poros, al que venció en la India. Le
nombró sátrapa de su propio reino, porque vio honor y nobleza en el. Poros fue
un buen y leal sátrapa de Alejandro desde ese momento.
Ser un hombre de honor no es
fácil. Requiere ser fiel a los ideales, ser valiente, esforzado, volcado en los
demás, fuerte, duro y generoso al mismo tiempo… pero además es complicado
porque constantemente debe evaluarte y evaluar tus actos de forma inteligente, pensando en las consecuencias, no dañando a los inocentes ni siendo un estúpido
haciéndose matar en un duelo sin sentido. La estupidez ha hecho que un falso
sentido del honor terminara con el verdadero honor. Los propios caballeros y
samuráis permitieron su muerte y la palabra ha quedado desterrada. El pueblo
llano también tuvo hombres y mujeres de honor, su palabra era ley y sus actos
ejemplo, la vergüenza de un mal acto era también insoportable. Pero todos nos
hemos olvidado. O ¿sólo lo parece? Sigue habiendo personas mezcla de Quijote y
Sancho con ganas de salir a recorrer los caminos.
Si no vuelven los valores del
Honor, ¿En quién podremos confiar? ¿Quién protegerá a los débiles e indefensos?
¿Quién luchará por la justicia? ¿Viviremos entre Lobos? ¿Qué pasará cuando
seamos débiles? ¿No viene todo lo que está pasando de esta pérdida de valores?
No miréis para otro lado, revisad vuestros propios actos. ¿Os habéis
aprovechado de los demás? Por ejercer vuestra fuerza ¿habéis obligado a un
trato injusto? ¿Habéis sido testigos de injusticias o actos deshonrosos y
habéis sido masa escondida? ¿Habéis dejado desprotegidos a las personas a
vuestro cargo por miedo? ¿Habéis sido desleales? ¿Habéis faltado a vuestra
palabra? ¿Habéis educado en valores? ¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos?... No es fácil ¿verdad? pero ¿No creéis que merece la pena intentarlo
cada día? Ya somos responsables del mundo en que vivimos. ¿Queréis que siga
así? Nosotros somos los encargados de devolver estos valores. Si no lo intentamos, seguiremos siendo responsables de todo lo malo, un
mundo en guerra sin cuartel. Sed
hombres y mujeres de honor.
Diego Lias

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