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jueves, 3 de septiembre de 2015

Escupiendo hacia arriba, arrogancia.


Durante la presentación en España de un nuevo modelo de vehículo de 7 plazas, una de las actividades que se realizaron fue una ruta en solitario pasando por varios puntos y llegando todos a un destino a comer. Nos asignaron un vehículo a varios compañeros de trabajo e inmediatamente me presenté para conducirlo “Dejadme a mí que me oriento como un palomo”. Minutos después, terminamos perdidos,… pero muy perdidos, casi no llegamos a tiempo. No os tengo que contar las bromas que me tocaron soportar por parte de los compañeros hasta que llegamos, y después en la comida (muy merecidas y bastante ingeniosas si les quito el componente de vergüenza). No me quedé con el apodo de “Palomo” por muy poco.

Hay frases mucho más memorables que las del “palomo”. ¡No iba a ser el único en “escupir hacia arriba”! Algún ejemplito: “Este es el inicio del imperio más grande; el Tercer Reich, que durará mil años” Adolf Hitler. “Este barco no lo puede hundir ni Dios” Thomas Andrews Ingeniero diseñador del Titanic. “Los vietnamitas carecen de la habilidad para conducir una guerra por sí mismos o para gobernarse por sí mismos” Vicepresidente Nixon. El Tercer Reich no duró mil años, el Titanic se hundió en el primer viaje, los Vietnamitas parece que al final si sabían conducir una guerra… y yo me perdí.


El Instituto Cervantes afirma que aunque hay varias interpretaciones sobre esta frase popular, la idea central es la arrogancia. El sentido es recriminar la arrogancia y advertir sobre la posibilidad de recibir “tu merecido”. Aparece en la obra de Benito Pérez Galdós “Napoleón en Madrid” “…el orgullo es pecado, y quien al cielo escupe, en la cara le cae” No es más que un sentimiento popular que proviene posiblemente del origen de los tiempos. Las creencias de la Grecia Clásica se refieren al “Hybris” como el pecado del exceso en cualquier campo, de creerse como un dios. Némesis es la diosa que castiga el exceso, la arrogancia. El primer pecado del Antiguo Testamento, fue querer ser como Dios. Es el más importante de los pecados en la Divina Comedia de Dante por ser padre de otros muchos. En mi opinión, el sentido es creernos por encima de los demás, del bien y del mal, estar en posesión de la verdad, el conocimiento, la bondad... Da igual la cultura, el lugar del mundo o la religión que analicemos, todas tienen este concepto y su Némesis (castigo).


Crear una marca Premium es un trabajo de años y esfuerzo. No sólo se construye con un producto excelente, ni con un servicio esmerado. Una marca transmite un sentimiento, un orgullo de pertenencia. Es una experiencia emocional, el esfuerzo por conseguir ese sentimiento del cliente en el producto, servicio y todo lo que le rodea, construye la marca, la confianza del cliente. Este orgullo se transmite a la propia organización. El orgullo no es malo en sí, es bueno en el sentido de la satisfacción del trabajo bien hecho, pero hay una delgada línea roja que si se traspasa, nos lleva a la arrogancia. Cuando un cliente comienza a percibir arrogancia, la marca  pierde valor y surge la indiferencia o incluso el rechazo. Hay muchos ejemplos; por citar alguno, el lanzamiento de la Playstation 3 en la que Sony terminó reconociendo su arrogancia en público pidiendo disculpas y recondujo su política. 


“El ABC de la decadencia en los negocios es la arrogancia, la burocracia y la autocomplacencia”. Buffett en el decálogo que dejó a su sucesor

Casi todas las teorías psicológicas coinciden en que es una distorsión de la realidad sobre nosotros mismos o nuestras empresas, nuestra imagen se encuentra “inflada” y no es percibida de igual manera por los demás. (Teoría de la neurosis de Karen Horney, Análisis Transaccional de Berne, etc.) Puede llegar a ser patológico pero todos pecamos en mayor o menor medida, también hay grados en el comportamiento hacia los demás, pero insisto en que no debe confundirse con tener seguridad en uno mismo, tener confianza en hacer algo bien. Es un posicionamiento sobre los demás, pretender tener derechos por la importancia autoatribuida. Es pensar que la Playstation se vendería por el hecho de ser de Sony y haber sido la líder, sin explicar al público qué nuevas ventajas incluía y teniendo un posicionamiento prepotente.

“El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.” Umberto Eco

La Némesis es el castigo. La arrogancia, despreciar o menospreciar a los demás, no sale gratis.
  • Genera rechazo (“¡Que les compre su padre!”), odio si no puedes evitar el trato (“…el día que pueda me deshago de esta marca y desde hoy hablo mal de ella), pérdida de confianza (“Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado” André Gide), relaciones de ganador-perdedor ("La arrogancia no es delicada, es la complacencia de sí mismo tomando ventaja de los demás" Samuel Johnson),… esta desconexión, esta falta de empatía, lleva directamente al rechazo y la soledad. Dejar de vender en el plano profesional y a la soledad (aunque te rodee gente) en el plano personal.
  • Cuando estas aislado, en la cima, no escuchas, no aprendes. Es posible que incluso intentes eliminar del equipo al pesado que aporta otras ideas. Caes en la autocomplacencia, los aduladores te rodean porque los que tenían otras opiniones hace tiempo que se fueron. Tu mente se nubla y la ceguera hace que pienses que los aciertos son tuyos y los fallos de este o ese inútil, o de las circunstancias adversas. No analizarás tus errores para mejorarlos y posiblemente despidas a alguien válido. Sobrevaloras tus capacidades, piensas que todo lo puedes y no llegas a los objetivos que te has marcado. Subestimarás a la competencia, creerás que no lo pueden hacer mejor que tú y un día tendrás la soberbia de incluso preguntar: “si nuestro producto es mejor que el de la competencia… ¿Por qué  venden más?”. Tendrás baja tolerancia a la frustración al no admitir errores y perderás las formas incluso de los medios o de otras personas. Hasta está demostrado el riesgo cardiovascular.

Vendrá entonces Némesis. Los dioses te castigarán… no, no es un castigo de los dioses. Si luego pierdes el trabajo, la empresa, los amigos o la vida, es una consecuencia de tus actos.

Es muy probable que llegados a este punto estés pensando en políticos, poderosos, jefes en general. Es normal, está a la orden del día y es más fácil ver la paja en el ojo ajeno. No estamos libres de caer ninguno, incluso a diario, y lo vemos a nuestro alrededor, no hace falta que sea el jefe o un poderoso. El trato con un dependiente, una conversación en la que a un tercero se le ha puesto por debajo de tus cualidades morales, de inteligencia, sociales, físicas, etc; y de qué manera y con menudos adjetivos. No valorar las ideas dependiendo de quién vengan. A nivel social, la arrogancia es el principal implicado en el acoso escolar y en las empresas, la discriminación, los malos tratos, los genocidios… En las empresas, el mal ambiente, la falta de ideas, el miedo, la pérdida de ventas y clientes, el incremento en costes, el hundimiento…

Es tan fácil caer… yo tengo un objeto en mi mesa que me recuerda el peligro de caer porque no te das ni cuenta. Aparte de la tontería del objeto, todos somos finitos y cometemos errores, aquel que te ayuda a superarlos, agradéceselo. Haz las cosas bien porque es lo correcto y no por la fama o la gloria. Has llegado donde has llegado por tu esfuerzo y tus cualidades,… y por otras muchas cosas más. Piensa que las cualidades son innatas, las puedes potenciar y ese es tu mérito pero tienes que tenerlas. Sobre todo date cuenta que no serías lo que eres sin la ayuda de muchísima gente que se ha cruzado en tu camino. Si los demás son importantes, trabaja tu empatía. Siéntete orgulloso de lo realizado y agradecido en los momentos difíciles para superarlos pero cuando estés en un momento de éxito, piensa inmediatamente en todo lo que te queda por recorrer y en toda la ayuda que siempre necesitarás. Ya estás menos cerca de ser un dios y más centrado en tus próximos objetivos.


El día que te vuelves arrogante crees que has tocado techo, lo que no sabes es que hay más pisos por encima y que vas en el ascensor camino del sótano.


Diego Lias

martes, 25 de noviembre de 2014

VERGÜENZA

No paro de escuchar últimamente frases como “esto o aquello es una vergüenza”, “no sé cómo no les da vergüenza”, “es un sinvergüenza” y la verdad es que la vergüenza tiene muchas más implicaciones en nuestras vidas de las que podamos pensar a simple vista, y no me refiero a estas frases, que también nos afectan, sino a la vergüenza en nuestro día a día.

Como no paramos de investigar sobre nuestro cerebro, ya han encontrado donde guardamos nuestra vergüenza (en singular, en plural “nuestras vergüenzas” ya estaban localizadas) Se encuentra en la corteza cingulada pregenual anterior, según se hizo público en la reunión anual de la Academia Americana de Neurología del 2011. Fue en un estudio realizado por la Universidad de California. Ya sabíamos que nos andaba rondando la cabeza desde mucho antes, esto era ya por concretar. “La liberación es no sentirse ya nunca más avergonzado de uno mismo” Nietzsche, por citar a un filósofo antes del estudio y sobre los que antes explicaron qué nos ronda por la cabeza para estar un poco descentrados, Freud dio vueltas al concepto de vergüenza y la movilización de los mecanismos psicológicos de defensa. Por citar a algunos.

Como ya hemos visto que gente “sesuda” se ha preocupado por la vergüenza, parece que no perderemos el tiempo si nos preguntamos ¿Qué es la vergüenza? ¿Cómo afecta a nuestra vida dentro y fuera de la empresa?

Es un arma increíblemente potente de socialización, tanto en sentido positivo como en negativo. Genera un sentimiento desagradable, a veces insoportable, física y psicológicamente, nos hace darnos cuenta de que somos seres finitos y con imperfecciones ante los demás. De una forma positiva nos muestra el camino para superarnos y que seamos mejor aceptados por el grupo. De una forma negativa esa misma toma de conciencia puede alejarnos y escondernos de los demás. De nuevo estamos ante un enfoque de actitud ante la vida, ver oportunidades o ver fracasos.

El ambiente en general marca la pauta, la sociedad, los valores, la familia, la cultura, el cómo interiorizamos todo y lo hacemos nuestro, nos dicta los modelos a seguir y la desviación tanto en lo que somos como en nuestra conducta, genera la vergüenza. Ruborizarnos, desviar la mirada, la sonrisita tonta, son algunos síntomas leves físicos. La vergüenza habla más de tus carencias como persona que sobre lo concreto de algo mal hecho, que sería la culpa, aunque a veces se entremezclan, por eso se distinguen mal. Está aparejado más a sentimientos de inferioridad y de rechazo por no estar a la altura, es sentirse vulnerable, querer desparecer de la mirada de los demás que parecen mirar dentro de ti. Es un sentimiento tan desagradable y fuerte que solo piensas en librarte de él.

Cuando intentamos evitar este sentimiento horrible con un enfoque autodestructivo, caemos en formas tan conocidas y familiares como:
  • La huida: no es sólo la típica escena en la que avergüenzan a alguien y sale corriendo, es el salir corriendo en otra dirección por miedo a que alguien nos avergüence y nos deje mal, por ejemplo es la principal causa de evitar la confrontación, no confías en tus cualidades para defender tu postura y temes quedar en ridículo. Es una excusa para no hablar en público. Es la culpable del miedo al fracaso…
  • Quedarnos bloqueados: Estás en una negociación, sacan un asunto que no esperabas y te avergüenzas, sufres el bloqueo, nada viene a tu mente y quedas como un idiota, luego te viene a la cabeza todo y piensas las frases fantásticas que te habrían dejado fenomenal y te sientes aún más idiota.
  • La caída de la autoestima: Piensas que no eres capaz, que los demás son mejores. Te refugias en el conformismo. Te haces invisible.
  • La ira: Muchas personas que no tienen una buena imagen de sí mismos (se avergüenzan de sus cualidades o forma se ser) vuelcan su frustración en los demás. Es un estereotipo muy definido en la oficina. La mejor defensa el ataque, aunque la mayoría de las veces el ataque inicial ha sido sólo imaginario. Obtenido de su falta de confianza en sus cualidades, de su vergüenza.
  • La crítica y hacer a los demás tan pequeños como yo me veo. Si no puedo ser tan bueno como los demás porque me avergüenza lo que soy, haré que los demás parezcan peores que yo. Echar la culpa a los demás. Madre de la discriminación y el mirar por encima del hombro. Padre de humillar, que es proyectar tus carencias en otra persona haciéndola sentir vergüenza ante los demás. Distraes la atención hacia otro.
  • Disfrazar mi verdadero yo: Como no quiero que descubran mi verdadero yo porque no me veo lo suficientemente bueno, lo disfrazo, finjo ser el que no soy. Es el figurar, el presumir, el vivir en la mentira. Surge la arrogancia.
La falta de vergüenza es también nociva. Es donde nos encontramos situaciones parecidas a las frases del principio. La personificación del egoísmo. No tener en cuenta los límites en donde molesto o daño a los demás, donde les pongo en situaciones que les resultan desagradables. La vergüenza te advierte del ataque a los demás, de actuar en contra de los intereses del grupo.

Cuando intentamos evitar este sentimiento horrible con un enfoque equilibrado, en realidad no lo evitamos, lo que conseguimos es que dure poco. No caemos en espirales autodestructivas como las descritas anteriormente. Analizamos el sentimiento, lo reconducimos y sacamos provecho. Es nuestro “Pepito Grillo” que nos habla cuando nos relacionamos mal con los demás. Es una fuente de motivación para el cambio a mejor. Soy persona, tengo fallos y debo mejorar, esta frase es la más difícil del mundo. Hasta que no la dices conscientemente, no comienzas el cambio y te escudas en las técnicas anteriores, como un borracho que por vergüenza niega que lo sea e imposibilita su cambio. Sé consciente también que los patrones sociales son modelos, no podemos ser iguales. No todos los patrones son buenos o hechos para todas las personas. La otra consciencia que debes tomar es que es imposible gustar a todo el mundo. La actitud debe de ser como cuando te caes, te duele más la vergüenza que tu cuerpo, te levantas riéndote con los demás por el fallo tonto y sigues. Le pondrás remedio para no volverte a caer porque te has hecho daño, pero lo solucionas con humor y sigues. Porque te hagan daño no te cierres al mundo, por caerte no dejas de andar.

La vergüenza y la falta de vergüenza nos aleja de los demás, nos hace estar solos. Sin los demás no somos felices, somos seres sociales.  Mantén el equilibrio, escucha a “Pepito”, mejora, aporta al grupo, a los demás. No sólo conseguirás que todo funcione mejor, serás más feliz.

Diego Lias