Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de noviembre de 2015

Píldoras de felicidad



¿Has probado a tirarte de una montaña rusa sólo? Yo lo he hecho, no es tan divertido como cuando vas con alguien, y no me refiero a extraños. ¿Te has tirado una segunda vez justo después de la anterior? Yo lo he hecho, me dejó tan sorprendido la sensación de la primera vez que lo intenté una segunda vez (a mí me encantan las montañas rusas).  Dejó de ser divertido.

Cuando era pequeño he de decir que me pegué unos cuantos trompazos haciendo cosas que no debía. ¡Que os lo cuenten algunos de mis primos que eran compañeros de aventuras! Aprendí que todo tiene su riesgo y que el pasártelo bien a veces también duele… ¡Ah! y que el Ángel de la Guarda existe, estoy vivo de milagro.


Como veis no estoy en contra de las píldoras de la felicidad, con efectos inmediatos pero a la vez pasajeros. Una descarga de adrenalina no viene mal de vez en cuando. Hay otras más tranquilas: un concierto (aunque alguno puede ser como la montaña rusa), contemplar algo bello, la lectura de un libro, o un simple chiste.

En enero leí un artículo de Johann Hari periodista Británico. El artículo era un pequeño resumen de su libro recién publicado “Chasing the Scream: The First and Last Days of the War on Drugs” (2015) es un nuevo enfoque sobre el problema de las drogas. La verdad es que el artículo me impresionó y lo guardé. No menciono el artículo porque las drogas sean las píldoras de la felicidad, todo lo contrario. Me llamó la atención un experimento que se hizo hace muchos años en el que se ponía a una rata en una caja con dos pipetas para beber; una con droga y otra no. La rata bebía de la droga hasta morir. Conclusión: probó la droga y la adicción la llevó a consumir hasta su muerte. Años más tarde se hizo otro experimento con el agua y las drogas, pero en vez de una rata y una caja, se hizo una caja enorme con un parque de atracciones para las ratas lleno de ellas (volvemos a la montaña rusa). Aunque probaron agua y drogas, bebieron agua y disfrutaron de la juerga de estar juntos jugando. Sacaron a una y la metieron en la caja aislada. Bebió droga hasta casi morir, la sacaron y la reintegraron con las compañeras. Se recuperó. El artículo habla también de cómo personas que han sido tratadas con heroína en hospitales, cuando terminan el tratamiento siguen su vida y adictos a la heroína de la calle, en periodos similares al tratamiento, son incapaces de dejarla. Además conocemos adicciones que no son físicas, como la ludopatía (no se inyectan cartas en las venas), que generan efectos similares al “enganche” de las drogas. Hari concluye que el desapego, la falta de cariño y de contacto humano hace que se sustituya por el apego a otras cosas, hasta por la adicción al trabajo.


Se habla mucho en la red y fuera de ella de la alta rotación, de las nuevas tipologías de trabajadores dependiendo de cuando nacieron. Se atribuye la alta rotación a la llamada Generación Y o Milenians (los que alcanzaron los 18 en torno al cambio de milenio). Lo que les motiva y demandan para trabajar es: aprender y formación en el trabajo, que se les tenga en cuenta y que la empresa tenga un plan de desarrollo para ellos, que tengan entornos divertidos y que las organizaciones sean más horizontales (cuantos menos jefes tenga por encima mejor), que les digan si están haciendo bien su trabajo, que les hablen con transparencia, no les mientan y expliquen los porqués. ¡Yo me apunto también a esto y soy de la Generación X! (la que comenzó a trabajar en la crisis de los 90 con tasas de paro similares a la actual crisis). Creo que nos da igual la generación, todos nos apuntamos a que nos traten así. En el trabajo y fuera.


Ir de un sitio a otro se llama falta de compromiso y está muy relacionado con la búsqueda de la felicidad. Todas las generaciones buscan la felicidad, es nuestro mayor motor en la vida. El reverso de la moneda es evitar el dolor, evitar ser infeliz. Casi lo mismo, está en la moneda, pero no lo es.

A veces, se producen errores en los procesos de selección. Unas, no se cumplen las expectativas de la empresa (el candidato no es lo que esperaban) y termina en despido. Otras, el candidato entra en la empresa y ocurre lo mismo, no era lo que le habían dicho, termina en el abandono prematuro del puesto. Para evitar una alta rotación el primer paso es una buena selección. Una vez dentro, el tiempo pasa, las motivaciones de empresa y trabajador evolucionan. En general todos nos creemos que merecemos más que lo que se nos da, pero en el fondo somos realistas. No lo esperamos todo, pero algunas cosas si y depende de cada uno. No hablo sólo de dinero, hablo de reconocimiento, formación, lugar de trabajo, ambiente laboral, etc. Ya estamos hablando de si nuestra empresa es un buen sitio para trabajar, de la retención de talento y de otra serie de cosas a plantearse. La actuación depende de la propiedad, directivos, mandos intermedios y empleados en general. Pueden estar apoyados por profesionales internos y externos de RRHH. Todo esto es normal, lo habitual, la mejora continua tanto de empresas como de empleados y todos estamos involucrados.

Lo que no es habitual es el saltar de empresa en empresa cada seis meses o menos. Para la empresa es más un perjuicio que un beneficio por el tiempo y dinero invertido en la formación con un rendimiento futuro esperado que no se ha producido. Por parte del empleado la curva de aprendizaje ha sido mínima y por tanto la experiencia no es válida en su CV, una línea más pero sin un valor real.
No es un problema de jóvenes, es un problema global. Estamos siendo educados para buscar la felicidad en consumibles instantáneos, no por una gran mano negra, sólo es un negocio comercial. Todo se vende con “compre esto y será feliz” unas veces más directo y otras menos, apelando a sensaciones y sentimientos. Se muestran en televisión vidas estupendas sin problemas (salvo en los telediarios que algunos apagan para no ver “tristezas”), hasta los vecinos parecen tener vidas sin problemas (muchos se callan sus infortunios y muestran una cara distinta a lo que sienten). Nos dicen que tenemos el DERECHO a ser felices.  No sólo eso, hay que serlo todo el tiempo; si no, eres un fracasado. Todo esto, nos genera es una insatisfacción permanente y una búsqueda de la misma descontrolada. Nadie es feliz todo el rato, las felicidades que se consiguen rápido de la misma forma se van. La buscamos en cosas perecederas que nos apartan de los demás, pensando YO tengo DERECHO a ser feliz, sin pensar en las consecuencias de esa felicidad que pasa por encima de la de los demás, incluso de la gente que nos importa. Cada uno intentando huir de las responsabilidades que parecen ahogar nuestra felicidad, los más jóvenes escapando en los estudios o en sus primeros trabajos, los casados escapando de los hijos o de las parejas, etc. Nos volvemos adictos a múltiples píldoras de felicidad y nos aislamos en una caja.


Los golpes que te das al aprender a montar en bici son necesarios para luego poder disfrutar. En mi primer trabajo tuve momentos de sufrimiento, en los demás también he tenido otros sufrimientos, siempre distintos. Hoy no cambiaría ninguno, cada uno me ha convertido en lo que soy y de todos he aprendido. También en todos los trabajos he disfrutado, en todos he tenido mis píldoras de chascarrillos y chistes, el “subidón” de los logros y muchos buenos momentos. Cuando me acuerdo de los momentos felices, siempre me veo acompañado. Lo divertido ha sido poder compartirlos, con los compañeros, con los amigos, con la familia. No iba sólo en la montaña rusa. He renunciado al sueño de saltar en paracaídas hasta que sea más mayor, es un riesgo que no quiero correr teniendo gente que dependa de mí, porque he adquirido un COMPROMISO. Para tener derechos hay que cumplir con las obligaciones. No puedes esperar confianza sin haberla ganado antes.

No nos damos cuenta que hacer honor a ese compromiso que adquirimos con los demás y que los demás adquieren con nosotros, es lo que construye las relaciones humanas en la empresa y fuera. Estas relaciones que no se construyen ni mantienen sin esfuerzo y que en definitiva son la base de la felicidad. Si estás al frente de un proyecto, no hagas que la montaña rusa sea un trenecito aburrido; si eres de los que te montas, no viajes sólo.


Diego Lias

martes, 20 de enero de 2015

SACAR FUERZAS DE DONDE NO LAS HAY


¡Cuántas situaciones hay en la vida en las que hay que sacar fuerzas de donde no las hay! La crisis nos ha traído unas cuantas a nivel empresarial y personal. Al borde del desaliento, levantándote una y otra vez a pesar de los golpes. Caída de ventas, reducción de márgenes, morosidad, encima ahora te retiran la financiación, miedo, personal con más miedo. Se abren los frentes uno tras otro. Tapas una via de agua y aparece otra. Tomas aire y sigues. Asuntos entre el mundo profesional y el personal, como el despido o el acoso. No digamos ya en el ámbito personal, problemas grandes y pequeños que se van amontonando. El peso se hace insoportable y parece que tira de ti, que te hunde. Haces “de tripas corazón”, para que en el trabajo, en casa, no noten tu estado de ánimo e incluso les animas tú a ellos…  sigues tirando. Una vez más, has sacado fuerzas de donde no las hay.

Cuando alguien no consigue sacar fuerzas de donde no las hay, puede caer en una depresión, tirar la toalla, no asumir el error o el golpe, aislarse o que lo aíslen, no querer ni oír hablar de todo lo bueno que le rodea. En un estudio liderado por el Dr. Thompson en la Universidad de Maryland en el que sometió a un grupo de ratones a situaciones deprimentes que generaban indefensión, los ratoncitos entraban en depresión renunciando a esforzarse porque todo era inútil. Les aplicaron fármacos antidepresivos, con serotonina, fundamentalmente y descubrieron que en los ratones que no mejoraban su estado depresivo, sus circuitos neuronales no habían asimilado la serotonina. Thompson asemejaba el incremento de serotonina a hablar alto en una discoteca, si no te llega, da igual que grites. Gente como el Profesor Martí Ramírez de la Universidad Complutense de Madrid huye de la simplificación, hablan de “modelos de neuromodulación”, vamos, que tenemos tantas cosas en la cabeza que influyen y varían de un individuo a otro que pensar que por la química alcanzamos la felicidad es un poco simplista. Cuando te disgustas puede desaparecer el apetito, de igual manera, a tus neuronas puede no apetecerles la hormona de la felicidad.

La química se nos queda corta, necesitamos algo más. La motivación, lo que toda la vida se ha llamado “voluntad”: “Un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta” (Anita Woolfolk) Hay tantas motivaciones como personas y circunstancias. Tantos libros, teorías, aplicaciones. Aplicaciones dentro y fuera de la oficina. Desde el punto de vista filosófico, psicológico, pedagógico… La recompensa o el castigo. Maslow, Herzberg, Locke, McGregor, Vroom, Porter y Lawler, Galbraith, Alderfer (Entre los pensadores modernos) Platón, Aristóteles… (Entre los clásicos) En mi opinión el problema es el “mantiene”. Recientes estudios están llegando a la conclusión de que la voluntad tiene un límite, que la energía tiende a gastarse. ¿Qué hacemos? ¿La guardamos? Almacenar energía también gasta energía y termina disipándose. Las pilas, de no usarse, se gastan. ¡Pilas recargables! ¿Pero con qué?

La Felicidad, estado emocional que proporciona paz interior, estimula el enfoque positivo, y la motivación, da satisfacción y alegría, nos predispone a compartirla con los demás, se trasmite, es contagiosa... La felicidad no es tener eso, ni ser eso, ni estar allí.  Es un estado emocional que proviene del interior, eres tú quien decide ser feliz o no ante un estímulo. Depende de tu actitud.

La actitud es ser optimista. Tali Sharot en una entrevista concedida recientemente a E. Punset viene a decir que somos optimistas más por intuición que por la razón, que tenemos un “sesgo optimista” sobreestimando las experiencias futuras positivas, creemos ser mejores que los demás y además tendemos a pensar que los motivos son fundados. Parece que en general nos “venimos arriba” cuando somos optimistas, eso sí, distorsionando un poquito la realidad. Irreal a veces, ¿pero no nos  hace eso superarnos a nosotros mismos? Un optimista no es el que se cree mejor que los demás y dice “El ascenso es mío, soy mucho mejor que …”  Luego, cuando se lo dan a otro, se hunde en la miseria y en la envidia. El optimista acepta el golpe (no hay vuelta a atrás) y lo ve como una nueva posibilidad, dejando atrás ese golpe. “He hecho todo lo posible, quizás no era mi puesto y el que es para mí está fuera esperándome”, redefine su estrategia para el próximo objetivo. Es más posible que mejore en su carrera el optimista que el que no lo fue.

La vida es un sinfín de cosas buenas y malas, nos solemos fijar en las malas. Si vemos un grupo de jóvenes en una estación de tren rompiendo cosas y armando un buen jaleo, nos fijamos en ellos. Incluso escucharemos algún comentario de “cómo está la juventud”, y no es cierto, probablemente hay muchos más jóvenes en la estación y su comportamiento es responsable.

“Sacar fuerzas de donde no las hay” es una “mier…” de frase. Solo dice que has superado un obstáculo agotando las reservas de la pila. ¿Qué pasará con el siguiente? ¿Será el siguiente golpe el que te mate, el que te convierta en ratón? No estoy hablando de una carrera corta en la que un poco de dolor se puede soportar un rato, cuando llegas a la meta termina. Me refiero a La Vida, que es una carrera de fondo, donde si la ves de forma negativa no terminará nunca el dolor porque siempre habrá algún problema.

Hagamos el proceso al revés de cómo lo hemos visto. Estás preparado genéticamente para ser optimista, sólo tienes que empezar a serlo, empieza esforzándote todos los días por ver algo positivo de lo que te ha pasado o de tu entorno, pronto empezarás a ver más cosas de las que pensabas. Estás enfocando tu vista, si siempre has estado en la oscuridad y sales a la luz, te costará acostumbrarte, si insistes, al rato verás mejor y mejor. Poco a poco serás más feliz y entrarás en la espiral ascendente, es contagiosa en ti mismo y en otras personas, te acercará a los demás y los demás compartirán también tu felicidad. Combínalo con motivación o voluntad y dejará de ser una risa tonta pasajera como la del metro porque tendrá un objetivo. Hemos visto que motivaciones hay tantas como personas y circunstancias. Busca las tuyas para cada circunstancia. Definid las que queráis, pero definid bien vuestras prioridades finales, son a las que os vais a aferrar cuando las necesitéis. No las olvidéis aunque tengáis otras secundarias.

Lo demás viene sólo. Generas serotonina, los sistemas neuronales están predispuestos a aceptarlas y entras en una espiral ascendente. Ves con más facilidad lo bueno que te rodea, las decisiones las tomas sin miedo o angustia, lo cual te permite ser más creativo y tener más opciones,…


Dicen que lo positivo atrae a lo positivo y lo negativo a lo negativo, ¡cuentos de viejas! La realidad es que cuanto más positivo seas tienes más posibilidades de solucionar los problemas simplemente porque tu predisposición y felicidad abren las opciones y aumentan la voluntad. O te ayuda a pasar página, porque el problema no tiene solución y tienes que seguir buscando la felicidad. No se trata de que no duelan los golpes. ¡Claro que duelen! Se trata de cómo se encajan. Todo por empezar a ver las pequeñas cosas buenas que te rodean, sin coste alguno, salvo hacerlo a diario.


Diego Lias

martes, 25 de noviembre de 2014

VERGÜENZA

No paro de escuchar últimamente frases como “esto o aquello es una vergüenza”, “no sé cómo no les da vergüenza”, “es un sinvergüenza” y la verdad es que la vergüenza tiene muchas más implicaciones en nuestras vidas de las que podamos pensar a simple vista, y no me refiero a estas frases, que también nos afectan, sino a la vergüenza en nuestro día a día.

Como no paramos de investigar sobre nuestro cerebro, ya han encontrado donde guardamos nuestra vergüenza (en singular, en plural “nuestras vergüenzas” ya estaban localizadas) Se encuentra en la corteza cingulada pregenual anterior, según se hizo público en la reunión anual de la Academia Americana de Neurología del 2011. Fue en un estudio realizado por la Universidad de California. Ya sabíamos que nos andaba rondando la cabeza desde mucho antes, esto era ya por concretar. “La liberación es no sentirse ya nunca más avergonzado de uno mismo” Nietzsche, por citar a un filósofo antes del estudio y sobre los que antes explicaron qué nos ronda por la cabeza para estar un poco descentrados, Freud dio vueltas al concepto de vergüenza y la movilización de los mecanismos psicológicos de defensa. Por citar a algunos.

Como ya hemos visto que gente “sesuda” se ha preocupado por la vergüenza, parece que no perderemos el tiempo si nos preguntamos ¿Qué es la vergüenza? ¿Cómo afecta a nuestra vida dentro y fuera de la empresa?

Es un arma increíblemente potente de socialización, tanto en sentido positivo como en negativo. Genera un sentimiento desagradable, a veces insoportable, física y psicológicamente, nos hace darnos cuenta de que somos seres finitos y con imperfecciones ante los demás. De una forma positiva nos muestra el camino para superarnos y que seamos mejor aceptados por el grupo. De una forma negativa esa misma toma de conciencia puede alejarnos y escondernos de los demás. De nuevo estamos ante un enfoque de actitud ante la vida, ver oportunidades o ver fracasos.

El ambiente en general marca la pauta, la sociedad, los valores, la familia, la cultura, el cómo interiorizamos todo y lo hacemos nuestro, nos dicta los modelos a seguir y la desviación tanto en lo que somos como en nuestra conducta, genera la vergüenza. Ruborizarnos, desviar la mirada, la sonrisita tonta, son algunos síntomas leves físicos. La vergüenza habla más de tus carencias como persona que sobre lo concreto de algo mal hecho, que sería la culpa, aunque a veces se entremezclan, por eso se distinguen mal. Está aparejado más a sentimientos de inferioridad y de rechazo por no estar a la altura, es sentirse vulnerable, querer desparecer de la mirada de los demás que parecen mirar dentro de ti. Es un sentimiento tan desagradable y fuerte que solo piensas en librarte de él.

Cuando intentamos evitar este sentimiento horrible con un enfoque autodestructivo, caemos en formas tan conocidas y familiares como:
  • La huida: no es sólo la típica escena en la que avergüenzan a alguien y sale corriendo, es el salir corriendo en otra dirección por miedo a que alguien nos avergüence y nos deje mal, por ejemplo es la principal causa de evitar la confrontación, no confías en tus cualidades para defender tu postura y temes quedar en ridículo. Es una excusa para no hablar en público. Es la culpable del miedo al fracaso…
  • Quedarnos bloqueados: Estás en una negociación, sacan un asunto que no esperabas y te avergüenzas, sufres el bloqueo, nada viene a tu mente y quedas como un idiota, luego te viene a la cabeza todo y piensas las frases fantásticas que te habrían dejado fenomenal y te sientes aún más idiota.
  • La caída de la autoestima: Piensas que no eres capaz, que los demás son mejores. Te refugias en el conformismo. Te haces invisible.
  • La ira: Muchas personas que no tienen una buena imagen de sí mismos (se avergüenzan de sus cualidades o forma se ser) vuelcan su frustración en los demás. Es un estereotipo muy definido en la oficina. La mejor defensa el ataque, aunque la mayoría de las veces el ataque inicial ha sido sólo imaginario. Obtenido de su falta de confianza en sus cualidades, de su vergüenza.
  • La crítica y hacer a los demás tan pequeños como yo me veo. Si no puedo ser tan bueno como los demás porque me avergüenza lo que soy, haré que los demás parezcan peores que yo. Echar la culpa a los demás. Madre de la discriminación y el mirar por encima del hombro. Padre de humillar, que es proyectar tus carencias en otra persona haciéndola sentir vergüenza ante los demás. Distraes la atención hacia otro.
  • Disfrazar mi verdadero yo: Como no quiero que descubran mi verdadero yo porque no me veo lo suficientemente bueno, lo disfrazo, finjo ser el que no soy. Es el figurar, el presumir, el vivir en la mentira. Surge la arrogancia.
La falta de vergüenza es también nociva. Es donde nos encontramos situaciones parecidas a las frases del principio. La personificación del egoísmo. No tener en cuenta los límites en donde molesto o daño a los demás, donde les pongo en situaciones que les resultan desagradables. La vergüenza te advierte del ataque a los demás, de actuar en contra de los intereses del grupo.

Cuando intentamos evitar este sentimiento horrible con un enfoque equilibrado, en realidad no lo evitamos, lo que conseguimos es que dure poco. No caemos en espirales autodestructivas como las descritas anteriormente. Analizamos el sentimiento, lo reconducimos y sacamos provecho. Es nuestro “Pepito Grillo” que nos habla cuando nos relacionamos mal con los demás. Es una fuente de motivación para el cambio a mejor. Soy persona, tengo fallos y debo mejorar, esta frase es la más difícil del mundo. Hasta que no la dices conscientemente, no comienzas el cambio y te escudas en las técnicas anteriores, como un borracho que por vergüenza niega que lo sea e imposibilita su cambio. Sé consciente también que los patrones sociales son modelos, no podemos ser iguales. No todos los patrones son buenos o hechos para todas las personas. La otra consciencia que debes tomar es que es imposible gustar a todo el mundo. La actitud debe de ser como cuando te caes, te duele más la vergüenza que tu cuerpo, te levantas riéndote con los demás por el fallo tonto y sigues. Le pondrás remedio para no volverte a caer porque te has hecho daño, pero lo solucionas con humor y sigues. Porque te hagan daño no te cierres al mundo, por caerte no dejas de andar.

La vergüenza y la falta de vergüenza nos aleja de los demás, nos hace estar solos. Sin los demás no somos felices, somos seres sociales.  Mantén el equilibrio, escucha a “Pepito”, mejora, aporta al grupo, a los demás. No sólo conseguirás que todo funcione mejor, serás más feliz.

Diego Lias

domingo, 21 de septiembre de 2014

ÉXITO



Recientemente han muerto varias personas de renombre. Robin Williams famoso actor de Hollywood, se suicidó hace unas semanas. Emilio Botín artífice del crecimiento y expansión del Banco Santander falleció hace unos días y poco después Isidoro Álvarez, otra persona que ha hecho crecer su empresa hasta límites insospechados cuando la cogió. A todos ellos se les atribuye el haber alcanzado el éxito. Si preguntas a nivel histórico sobre personajes con éxito, la gente te dirá: Julio César, Alejandro Mágno, Napoleón…También hace poco, leí un artículo de una famosísima entrenadora personal americana. Lleva muchos años encumbrando directivos. Comentaba que a muchos de ellos les había acompañado a lo más alto, pero nunca era suficiente, incluso cuando eran los CEOs de importantes empresas, decidían cambiar de sector.

En una reunión de negocios con personas de otros países, que resultó transcurrir con una dinámica poco habitual, se habló mucho de valores y de las distintas religiones. Una de las personas con más peso preguntó: “¿Qué es para vosotros el éxito?” Si preguntáis lo mismo a alguien, veréis que casi nadie responde inmediatamente. Todos los ojos se van al techo, lo cual indica que nos lo pensamos antes de contestar. Es una pregunta con miga y que nadie acierta a decir una definición común y rotunda. Hablamos de ÉXITO con mayúsculas, éxito en la vida, no de éxito en el trabajo, con las chica/os, en el deporte, etc. ¿No os parece raro el que no nos paremos a pensar en ello siendo fundamental?

El diccionario de RAE en su primera acepción define Éxito como “Resultado feliz de un negocio, actuación, etc” y su segunda acepción “Buena aceptación que tiene alguien o algo”. A nivel popular, solemos hablar de “Tener” o “Ser” (en el sentido de posición).  Os daré mi definición:
“Éxito es ser feliz e inmortal. La clave: dar” (Diego Lias, filósofo de pacotilla)
Te habrás quedado tan a gusto, pensaréis algunos. Luego no me saquéis la frase de contexto y digáis que estoy a favor de ser vampiro. Os explico la teoría:

Feliz.


Lo dice incluso La RAE en su definición, Feliz. El Sr. Williams se suicidó, obviamente no era feliz. Parece que incluso buscó la felicidad en sitios donde no reside, como el alcohol y las drogas. Julio Cesar murió asesinado por los suyos… Conversando con un amigo sobre la muerte del Sr. Botín, yo comentaba que qué lástima que trabajara tanto y no hubiera disfrutado de lo que tenía. Había muerto sin dejar de trabajar en jornadas maratonianas a una edad a la que la gente suele estar jubilada. Me dijo algo que me hizo reflexionar “Seguramente a él ya no le importaba el dinero ni la posición, su gran pasión y lo que le hacía feliz era su gran proyecto del Banco Santander” no sé si estaba en lo cierto, pero si me hizo pensar. Mi forma de ver la felicidad puede no coincidir con la de los demás. A veces nos empecinamos en transmitir que para tener éxito, para ser feliz, tenemos que ser o hacer. Nos lo dice la sociedad, pero también se lo transmitimos nosotros mismos a nuestros hijos. Queremos que tengan “éxito” y les empujamos a cosas que no quieren hacer. Todo porque su padre y su abuelo fueron o porque yo soy y no quiero que sea. Es cierto que en determinados momentos, su juventud y falta de madurez nos puede hacer aconsejarles, ver sus potencialidades y ayudarles a desarrollarlos para que cuando decidan su destino, sea una decisión propia pero reflexionada. Al final, es importante que tomen sus decisiones, el que les guste su vida, será su felicidad.

Buscamos el éxito a costa de sacrificar lo que sea para llegar a él, dejando cadáveres y nuestra propia alma por el camino para luego llegar, como esos CEO de éxito, al espejismo y ver que allí no estaba la felicidad. Cada uno tiene su forma de ser feliz, pero en mi opinión la felicidad está en dar y lo que es casi lo mismo, compartir. ¿De qué te sirve Tener o Ser y no puedes compartir o dar? No hablamos de dinero. Hablamos de pensar en los demás y en qué puedes aportarles. Es más, cuanto más Seas o Tengas, tu obligación es mayor, porque tu potencial es mayor. Si eres inteligente, tienes posición social, una habilidad especial, poder, posibilidades… ¿Qué estas aportando a tus compañeros de trabajo? A lo mejor durante esta crisis, tus esfuerzos y malos ratos han ayudado a que la gente que te ha dado trabajo no pierda su empresa y a que tus compañeros puedan seguir teniendo un sitio donde ir a trabajar. ¿Te sientes orgulloso? Sentirse orgulloso te hace feliz. Eso es éxito. Compartir el trabajo de casa y hacer más fácil la vida en común, dando un poco de tu libertad, contribuye a ver a los demás felices y eso te hace feliz. Eso es éxito. Trabajar en miles de cosas pequeñas del día a día que contribuyen a hacer felices y a mejorar la vida de los demás, te hace feliz. También compartir conocimiento, alegrías, y las penas, apoyar a los que lo necesitan en los momentos duros, te hace feliz y un triunfador ¿Quién no quiere tener un amigo como tu al lado? ¡Sigue! Sigue pensando en todas las cosas que dando o compartiendo te hacen feliz de verdad, verás que también te hacen un triunfador.

Inmortal.


Mucha gente ha buscado el éxito como sinónimo de inmortalidad, pasar a la posteridad. Al final, la segunda definición de La RAE “tener buena aceptación”. Un reconocimiento, y si es posible, que dure por los siglos de los siglos. Algunos de los que he mencionado lo han conseguido. Para el resto de los mortales, sólo queda el olvido. En dos generaciones se habrán olvidado de nosotros y sólo seremos polvo en el viento. Pues esto que he dicho, no es cierto. Todos estamos llamados a alcanzar la inmortalidad. En Gladiator, Máximo dice: “lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad”. Estamos programados para transmitir nuestro ADN para que nuestra especie perdure, no es lo único importante. Lo importante es que con cada acción que realizamos, con cada frase que decimos, con cada ejemplo que damos, con cada conocimiento que trasmitimos y mejoramos, con cada valor que mostramos, dejamos nuestra impronta en los demás. No sólo se transmitirá, sino que puede que sea el germen de grandes cosas. Todo importa, cada acción. Hay frases que me han dicho que han marcado mi vida. Probablemente el que la dijo ni se acuerda. Quien dice frases, dice hechos y acciones. El conjunto de todo esto que se trasmite, incluyendo el arte, literatura, etc., conforma La Humanidad. Todas las grandes cosas provienen de pequeñas, hasta las grandes ideas comenzaron con un germen. No te creas poco importante. Una semilla aunque pequeña puede ser importante, lo que lleva dentro, dará su fruto. Es nuestra obligación, que las semillas que dejamos, sean capaces de dar frutos hermosos. Entonces seremos inmortales.

Hablad con la gente que se ha jubilado y preguntad que ha sido lo importante de su vida ahora que, en teoría y según el concepto generalizado, no pueden perseguir el Éxito. Veréis que su búsqueda no ha terminado y ven con más claridad lo que os he dicho. Siguen en busca de la felicidad y la inmortalidad, aunque ya no “trabajen”, ¿O no están ahí ayudando en todo lo que pueden y transmitiendo cada día? No busques el éxito en “Ser” y “Tener”, es un espejismo. Sed felices a través de hacer felices a los demás. Esforzaos cada día al máximo, hasta en las cosas más pequeñas. Romped los límites de vuestros propios límites. Con un trabajo bien hecho del que os sintáis orgullosos, construyendo y haciendo para vosotros, pero también para otros. Compartid, dad y transmitid, todo lo bueno que lleváis en vuestro interior. En “Salvad al soldado Ryan” el mensaje queda perfectamente dicho al final. Rayan, ya mayor y acompañado de toda su familia en el cementerio, hablando a la tumba del Capitan Miller: “He intentando vivir mi vida lo mejor posible…y haber sido digno y merecedor de cuanto se ha hecho por mí. (a su mujer) Dime que he vivido dignamente, que soy una buena persona. (Su mujer) Lo eres”. Cuando llegues al final y mires hacia atrás ¿Habrás sido feliz? ¿Te habrás hecho merecedor de todo cuanto se ha hecho por ti dando el 200%? ¿Qué habrás dejado para la posteridad que te haga ser inmortal? ¿Qué fue el Éxito? ¿Lo alcanzaste? ¡No te des cuenta de lo que es el éxito cuando ya sea tarde para alcanzarlo!

Diego Lias

domingo, 29 de junio de 2014

CUANDO LA EMPATIA DUELE


Existen numerosos estudios en el contexto de la medicina que correlacionan el nivel de empatía del médico con la mejora del paciente. El estudio de la Universidad Thomas Jefferson, en Estados Unidos, realizado sobre 891 diabéticos, demostró una mejoría relevante en los pacientes tratados por médicos más "empáticos". El estudio se realizó durante tres años . Existen otros muchos estudios sobre esta correlación, incluso uno que creo que está desarrollando la Clínica Universidad de Navarra en la actualidad. Con esto, os quiero decir que la ciencia se está tomando muy en serio el demostrar empíricamente algo que, a nivel popular, ya intuíamos.

El que muchos de estos estudios partan de la medicina, se debe posiblemente a que las situaciones de dolor extremo se se dan con más frecuencia en hospitales. El miedo a la muerte y la misma muerte son las causas de estrés y dolor más importantes. Pero no quiere decir que el dolor y el estrés se den sólo en medicina, en el mundo cotidiano y en el de la empresa también hay situaciones de miedo, dolor y frustración que tratados con empatía hacen que el “paciente” mejore, o por lo menos que no sufra tanto.

¿Por qué, si es beneficioso empatizar, no se hace habitualmente? Yo creo que por dos motivos. Por egoísmo y por miedo al dolor. Por egoísmo, porque directamente no se piensa en los demás. Pero muchísimas veces por miedo al dolor, porque cuando te pones en el lugar de la otra persona, que está sufriendo… duele.

Volviendo a la medicina que nos es tan cercana. Estoy convencido de que los médicos que no son empáticos, no lo son por que ven a diario muchísimo dolor. El empatizar tan a menudo con el dolor de los demás, les afecta tanto y les es tan insoportable que se crean una coraza. Esto mismo lo he visto en muchas personas del departamento de personal, que incluso no son abiertos con otros compañeros porque es mejor no conocer al que, a lo mejor, algún día, vas a despedir. Evitas así empatizar. Se convierten en un número.

Desde mi experiencia, la coraza, en primer lugar, no sirve. Crees que no te llega, pero no es así. Meterlo debajo de la alfombra solo lo oculta, pero está ahí. La alternativa es pasar al punto primero, el egoísmo, o al final, terminar empatizando. Conozco gente con coraza, pero creo que sería imposible para ellos pasar al punto primero, sinceramente porque tienen un gran corazón, sufren y por eso llevan la coraza.

A todos nos ha pasado en alguna ocasión lo que os voy a contar, sobre todo en casos de extremo sufrimiento. Tienes delante a alguien que le ves sufrir. No puedes ni siquiera evitarlo y te metes en la piel de la persona que tienes delante. No entiendes su sufrimiento, lo sientes tu mismo. Y, a veces en un segundo, con sólo una mirada, un gesto, un roce… se establece la conexión. Sin saber porque, es… es como si tú te hubieras llevado un poco de su dolor. Pero también nos ha pasado estando al otro lado. También en ese mismo instante, hemos sentido como un "Gran suspiro", como si el peso que llevas en el pecho, de repente, se cayera con el mismo suspiro a los pies. Se relajan los hombros y sientes que ya no llevas tanto peso. Se produce en un segundo, pero ni uno ni otro lo olvidan jamás. ¿Verdad?

A todos nos espanta el dolor, esperamos que nos alivien y sólo queremos ser felices. A veces empatizar duele y mucho, pero si no estamos en el grupo de los egoístas… de verdad ¿no merece la pena? ¿Dónde reside nuestra felicidad? ¿Solo en nosotros?

Diego Lias