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martes, 5 de enero de 2016

La diligencia de un buen padre de familia



Hace unos cuantos años, cuando me tocó estudiar derecho (leyes), me hizo gracia una expresión, y no fui el único. La expresión se utilizaba en algunos apartados refiriéndose fundamentalmente a cuidar de algo “…con la diligencia de un buen padre de familia.” Años después, esta expresión, que en su momento me pareció trasnochada por provenir del Derecho Romano, ha cobrado un valor que jamás pensé que llegara a tener.

La expresión, como he comentado, es antigua, hoy en día habría que sustituir padre por padre/madre (en adelante Los Padres). Su concepto se encuentra recogido, con distintas expresiones, en todos los derechos actuales del mundo influidos por el Derecho Romano (Europa, el mundo anglosajón, el mundo hispano, etc). El derecho, en realidad lo utiliza para su parte negativa, para valorar si ha habido NEGLIGENCIA en el cuidado de algo, y por tanto, si el que estaba al cuidado, debe responder ante la ley de alguna manera. Como parece que es un concepto poco definido, se ha escrito mucho e incluso se han dictado sentencias que intentan aclarar los términos sobre: “qué es una actuación diligente”. También se discute sobre si los términos varían con el paso de los años, si ser un padre diligente antes incluía saber montar a caballo y ahora es saber de internet. Incluso sobre si esta expresión se debe o no utilizar en el ámbito empresarial porque en realidad pertenece al civil, valorando fundamentalmente que los conocimientos específicos que tiene que tener alguien del mundo de la empresa deben exceder a los del hombre común o medio (entendiendo por esto: legislación específica y sectorial) y en esa medida se le debe exigir más.

No sé si han sido las experiencias vividas, o el hecho de tener familia, o ambas las que me han hecho ver la expresión como algo que transciende el derecho civil. Para mí se ha vuelto atemporal y perfectamente aplicable a cualquier realidad de la empresa, independientemente de requerir unos u otros conocimientos. Cuando trabajas por cuenta ajena, me da igual si eres directivo o aprendiz, los accionistas te entregan una parte de la empresa para que la cuides como si fuerais unos buenos “Padres” de familia. Cuanta más responsabilidad en la empresa, más responsabilidad como Padres. Los verdaderos padres son los accionistas, pero os han pedido que cuidéis de la familia como si fuerais Los Padres y esperan que seáis de los buenos.

Llevo vistas unas cuantas empresas con problemas. El no esforzarse en una o varias de las obligaciones como Padres, han contribuido a la situación por la que estaban pasando o incluso la han provocado. Tener unos malos Padres causa tanto dolor y sufrimiento en la vida como en la empresa, afectando a muchas personas, en ocasiones para el resto de sus vidas.

Hay cualidades que definen a los buenos cabezas de familia o de clanes a lo largo del mundo y en diferentes culturas. En mi opinión, estas son algunas de esas cualidades:

Hacia el exterior del grupo o familia:

  • Buscan el bien de la familia antes que el suyo propio.
  • Tienen una imaginación tan grande como para hacer que los recursos que tienen parezcan multiplicados cubriendo el máximo de las necesidades.
  • Son tenaces en conseguir todo lo que puedan para la familia, harán alianzas, trabajarán duro y si es necesario la protegerán de cualquier amenaza.
  • Cuidan del honor y del buen nombre de la familia, haciendo que todos sus miembros den una imagen homogénea para que cualquiera que trate con cualquier miembro obtenga una respuesta acorde con los valores y guías del clan. Los éxitos de los miembros serán su mayor orgullo y ponderará las cualidades maravillosas de ellos ante todos. Los errores de sus miembros son su responsabilidad, los asumirá y pedirá perdón como si fueran suyos, intentando paliar los daños causados para salvar el buen nombre de la familia. 
  • No duermen por las noches pensando en la mejor solución a los problemas de la familia y exploran todos los caminos que se le ocurran apoyándose en todas las opiniones para poder tomar la mejor decisión posible. La familia les importa y son conscientes de que sus acciones tienen una repercusión directa sobre ellos...

Dentro del grupo o familia:
  • Dan ejemplo.
  • Quieren que sus hijos sean mejores que ellos mismos. Saben elogiarles, les enseñan cosas importantes (las cosas más importantes las suelen enseñar los padres), los alientan, intentan gestionar los recursos para que sean lo mejor que puedan ser. Pero también saben corregirles, sin gritos, enseñando sobre sus errores, siendo comprensivos. Si ha de castigar será proporcionado y justo pues busca el enseñar y no el cebarse en el error. Les da libertad para poder crecer cada día, generando autonomía y sentido de la responsabilidad.
  • Están presentes y sacan tiempo para la familia (compartir las alegrías, las tristezas, los esfuerzos, las esperanzas), acompañan en los momentos importantes. El compartir hace el grupo y saben que tienen que estar codo con codo para pertenecer al grupo. Ayudan en lo cotidiano y escuchan. Nunca te dejan sólo.
  • Los Padres saben amarse, respetarse y comunicarse entre ellos y con sus hijos. Son capaces de reconocer sus errores y repartir afecto.
  • Son consistentes en sus acciones y sus enseñanzas. También pacientes en los resultados, de otra manera dejarían de ser consistentes y darían bandazos constantemente. Ponen metas para mejorar pero no son irracionales para no desanimar a los hijos ni crear falsas expectativas.
  • Ganan el respeto gracias a todas sus cualidades y ejemplo, no lo imponen...

Todos somos hijos y algunos somos madres y padres. Todos podemos completar la lista con conceptos universales que hemos vivido. En realidad verdaderas lecciones de responsabilidad, compromiso, dirección y liderazgo, pero no somos a veces capaces de reproducirlas en la empresa. Quizás no actuamos como verdaderos Padres. 

No se trata de buscar culpables a situaciones ni negligencias. Se trata de saber a qué te comprometes cuando cuidas de algo como si fuera tu familia y las repercusiones que tiene el no hacerlo. Vidas rotas, amargura, vacío... No es fácil ser unos buenos Padres. Aunque no queramos, cometemos errores y estamos sujetos a lo que ocurre a nuestro alrededor. No somos los únicos que influimos en la familia y eso hace que sea aún más difícil. Incluso te esfuerzas con todo el corazón y hay momentos en los que parece que todo lo que has hecho, parece inútil. Pero hay otros,… esos otros momentos,… son los momentos que llenan tu vida y hacen que merezca la pena ser unos buenos Padres. Tenemos en nuestras manos una gran responsabilidad que además hemos asumido. Sigamos esforzándonos por ser buenos Padres.


Diego Lias

jueves, 5 de noviembre de 2015

Píldoras de felicidad



¿Has probado a tirarte de una montaña rusa sólo? Yo lo he hecho, no es tan divertido como cuando vas con alguien, y no me refiero a extraños. ¿Te has tirado una segunda vez justo después de la anterior? Yo lo he hecho, me dejó tan sorprendido la sensación de la primera vez que lo intenté una segunda vez (a mí me encantan las montañas rusas).  Dejó de ser divertido.

Cuando era pequeño he de decir que me pegué unos cuantos trompazos haciendo cosas que no debía. ¡Que os lo cuenten algunos de mis primos que eran compañeros de aventuras! Aprendí que todo tiene su riesgo y que el pasártelo bien a veces también duele… ¡Ah! y que el Ángel de la Guarda existe, estoy vivo de milagro.


Como veis no estoy en contra de las píldoras de la felicidad, con efectos inmediatos pero a la vez pasajeros. Una descarga de adrenalina no viene mal de vez en cuando. Hay otras más tranquilas: un concierto (aunque alguno puede ser como la montaña rusa), contemplar algo bello, la lectura de un libro, o un simple chiste.

En enero leí un artículo de Johann Hari periodista Británico. El artículo era un pequeño resumen de su libro recién publicado “Chasing the Scream: The First and Last Days of the War on Drugs” (2015) es un nuevo enfoque sobre el problema de las drogas. La verdad es que el artículo me impresionó y lo guardé. No menciono el artículo porque las drogas sean las píldoras de la felicidad, todo lo contrario. Me llamó la atención un experimento que se hizo hace muchos años en el que se ponía a una rata en una caja con dos pipetas para beber; una con droga y otra no. La rata bebía de la droga hasta morir. Conclusión: probó la droga y la adicción la llevó a consumir hasta su muerte. Años más tarde se hizo otro experimento con el agua y las drogas, pero en vez de una rata y una caja, se hizo una caja enorme con un parque de atracciones para las ratas lleno de ellas (volvemos a la montaña rusa). Aunque probaron agua y drogas, bebieron agua y disfrutaron de la juerga de estar juntos jugando. Sacaron a una y la metieron en la caja aislada. Bebió droga hasta casi morir, la sacaron y la reintegraron con las compañeras. Se recuperó. El artículo habla también de cómo personas que han sido tratadas con heroína en hospitales, cuando terminan el tratamiento siguen su vida y adictos a la heroína de la calle, en periodos similares al tratamiento, son incapaces de dejarla. Además conocemos adicciones que no son físicas, como la ludopatía (no se inyectan cartas en las venas), que generan efectos similares al “enganche” de las drogas. Hari concluye que el desapego, la falta de cariño y de contacto humano hace que se sustituya por el apego a otras cosas, hasta por la adicción al trabajo.


Se habla mucho en la red y fuera de ella de la alta rotación, de las nuevas tipologías de trabajadores dependiendo de cuando nacieron. Se atribuye la alta rotación a la llamada Generación Y o Milenians (los que alcanzaron los 18 en torno al cambio de milenio). Lo que les motiva y demandan para trabajar es: aprender y formación en el trabajo, que se les tenga en cuenta y que la empresa tenga un plan de desarrollo para ellos, que tengan entornos divertidos y que las organizaciones sean más horizontales (cuantos menos jefes tenga por encima mejor), que les digan si están haciendo bien su trabajo, que les hablen con transparencia, no les mientan y expliquen los porqués. ¡Yo me apunto también a esto y soy de la Generación X! (la que comenzó a trabajar en la crisis de los 90 con tasas de paro similares a la actual crisis). Creo que nos da igual la generación, todos nos apuntamos a que nos traten así. En el trabajo y fuera.


Ir de un sitio a otro se llama falta de compromiso y está muy relacionado con la búsqueda de la felicidad. Todas las generaciones buscan la felicidad, es nuestro mayor motor en la vida. El reverso de la moneda es evitar el dolor, evitar ser infeliz. Casi lo mismo, está en la moneda, pero no lo es.

A veces, se producen errores en los procesos de selección. Unas, no se cumplen las expectativas de la empresa (el candidato no es lo que esperaban) y termina en despido. Otras, el candidato entra en la empresa y ocurre lo mismo, no era lo que le habían dicho, termina en el abandono prematuro del puesto. Para evitar una alta rotación el primer paso es una buena selección. Una vez dentro, el tiempo pasa, las motivaciones de empresa y trabajador evolucionan. En general todos nos creemos que merecemos más que lo que se nos da, pero en el fondo somos realistas. No lo esperamos todo, pero algunas cosas si y depende de cada uno. No hablo sólo de dinero, hablo de reconocimiento, formación, lugar de trabajo, ambiente laboral, etc. Ya estamos hablando de si nuestra empresa es un buen sitio para trabajar, de la retención de talento y de otra serie de cosas a plantearse. La actuación depende de la propiedad, directivos, mandos intermedios y empleados en general. Pueden estar apoyados por profesionales internos y externos de RRHH. Todo esto es normal, lo habitual, la mejora continua tanto de empresas como de empleados y todos estamos involucrados.

Lo que no es habitual es el saltar de empresa en empresa cada seis meses o menos. Para la empresa es más un perjuicio que un beneficio por el tiempo y dinero invertido en la formación con un rendimiento futuro esperado que no se ha producido. Por parte del empleado la curva de aprendizaje ha sido mínima y por tanto la experiencia no es válida en su CV, una línea más pero sin un valor real.
No es un problema de jóvenes, es un problema global. Estamos siendo educados para buscar la felicidad en consumibles instantáneos, no por una gran mano negra, sólo es un negocio comercial. Todo se vende con “compre esto y será feliz” unas veces más directo y otras menos, apelando a sensaciones y sentimientos. Se muestran en televisión vidas estupendas sin problemas (salvo en los telediarios que algunos apagan para no ver “tristezas”), hasta los vecinos parecen tener vidas sin problemas (muchos se callan sus infortunios y muestran una cara distinta a lo que sienten). Nos dicen que tenemos el DERECHO a ser felices.  No sólo eso, hay que serlo todo el tiempo; si no, eres un fracasado. Todo esto, nos genera es una insatisfacción permanente y una búsqueda de la misma descontrolada. Nadie es feliz todo el rato, las felicidades que se consiguen rápido de la misma forma se van. La buscamos en cosas perecederas que nos apartan de los demás, pensando YO tengo DERECHO a ser feliz, sin pensar en las consecuencias de esa felicidad que pasa por encima de la de los demás, incluso de la gente que nos importa. Cada uno intentando huir de las responsabilidades que parecen ahogar nuestra felicidad, los más jóvenes escapando en los estudios o en sus primeros trabajos, los casados escapando de los hijos o de las parejas, etc. Nos volvemos adictos a múltiples píldoras de felicidad y nos aislamos en una caja.


Los golpes que te das al aprender a montar en bici son necesarios para luego poder disfrutar. En mi primer trabajo tuve momentos de sufrimiento, en los demás también he tenido otros sufrimientos, siempre distintos. Hoy no cambiaría ninguno, cada uno me ha convertido en lo que soy y de todos he aprendido. También en todos los trabajos he disfrutado, en todos he tenido mis píldoras de chascarrillos y chistes, el “subidón” de los logros y muchos buenos momentos. Cuando me acuerdo de los momentos felices, siempre me veo acompañado. Lo divertido ha sido poder compartirlos, con los compañeros, con los amigos, con la familia. No iba sólo en la montaña rusa. He renunciado al sueño de saltar en paracaídas hasta que sea más mayor, es un riesgo que no quiero correr teniendo gente que dependa de mí, porque he adquirido un COMPROMISO. Para tener derechos hay que cumplir con las obligaciones. No puedes esperar confianza sin haberla ganado antes.

No nos damos cuenta que hacer honor a ese compromiso que adquirimos con los demás y que los demás adquieren con nosotros, es lo que construye las relaciones humanas en la empresa y fuera. Estas relaciones que no se construyen ni mantienen sin esfuerzo y que en definitiva son la base de la felicidad. Si estás al frente de un proyecto, no hagas que la montaña rusa sea un trenecito aburrido; si eres de los que te montas, no viajes sólo.


Diego Lias

lunes, 11 de agosto de 2014

EJEMPLO


Marta es una niña de 5 años a la que le gusta jugar con su osito de peluche, le pone inyecciones, le toma la temperatura y le da su jarabe mientras dice “tranquilo, te vas a poner bueno”. Isabel su amiga también tiene su osito, pero la tiene muy disgustada, se porta mal constantemente, siempre le tiene que regañar en sus juegos. Muchas veces le castiga y le dice cosas como “Eres un oso malo, nunca haces nada bien. Como sigas así te castigo o te pego”. Marta e Isabel son niñas que imitan lo que ven. Juegan y aprenden con lo que hacen sus referentes y ejemplos (padres, hermanos, abuelos, profesores). Morris West decía que “el ejemplo es la lección que todos los hombres pueden leer”, llega a cualquiera. No hace falta ser listo o tonto, culto o iletrado, pobre o rico, joven o mayor…todos lo captamos enseguida. Tampoco hace falta que seamos niños para que los demás nos influyan con su ejemplo o ser padres para influir sobre los demás.

Te asomas a los medios de comunicación y todos los días hay algún mal ejemplo. Algunos llevan años, lo que pasa es que no se sabía a nivel general. Casos de corrupción siempre los habrá, pero si vivimos entre malos ejemplos, es más fácil que pase a ser lo normal y no lo anecdótico. Empecé a trabajar hace 20 años, he visto muchas empresas e instituciones públicas. He visto empresas en las que departamentos enteros robaban, incluso ya no distinguían que fuera incorrecto, había pasado a ser algo normal. El que el jefe robara, había hecho aceptable que robaran casi todos, “si él lo hace, yo no voy a ser tan tonto como para no aprovecharme”. Como el jefe lo hacía, cuando veía que las personas a su mando lo hacían, ¿con qué autoridad moral les decía que no lo hicieran? La corrupción y el mal ejemplo se extendía y los que eran honrados, por miedo, permanecían callados o haciendo lo que debían pero arrinconados por hacerlo. He visto reírse a funcionarios de compañeros que hacían su trabajo, los “pringaos” como ellos les llamaban, mientras ellos se largaban a “escaquearse”. El no hacer lo que se debe hacer, es también un mal ejemplo y otra forma de robar. También lo he visto en la empresa privada. Me hace gracia ver a gente criticar a unos o a otros cuando ellos mismos de una forma o de otra también lo hacen ¿con qué autoridad moral criticamos a veces?

Parece que sólo se ven malos ejemplos, pero no es cierto. El mundo está lleno de buenos ejemplos. ¿No será que lo malo parece ser más visible, o nos lo enseñan más porque vende más? Me gustaría deciros que la sociedad premia los buenos ejemplos, de verdad que me gustaría. En cierto modo lo hace, pero es tantas veces discutible… Hay empresarios del año, políticos a los que ponen su nombre a una calle o que han sido “Hijos predilectos” de algún sitio, que terminan con juicios o escándalos. En el deporte, ganadores de medallas de oro o de Tours despojados de sus títulos por hacer “trampa”. No es que no fueran ejemplo en su momento, la realidad es que nos han defraudado porque su fachada era mentira y detrás, lo que había no era real. Los buenos ejemplos son miles de cosas que nos rodean y que hay que fijarse un poco para verlos, pero ocurren todos los días. Os dejo un video sobre gente haciendo cosas buenas por los demás, en cadena. Hay muchos videos de este estilo en internet, pero suelen ser de los que uno hace a otro algo bueno y este al siguiente, siguiendo la cadena. Éste, aunque parezca similar, no lo es. Tiene una diferencia importante. En este alguien hace algo bien, otro lo ve y le motiva para hacer el bien a otra persona, y todos son pequeñas cosas. Pinchar: Cosas pequeñas ejemplares que motivan a otros

Hay gente incluso que su vida entera ha sido un ejemplo. Cuando se les reconoce, aunque les pueda gustar, coinciden en que el reconocimiento no es lo que motivó su vida, ni jamás esperaron dicho reconocimiento. El buen ejemplo se transmite, no por dar buen ejemplo en sí, sino por hacer lo que se considera que es correcto, honorable. El que sea visible y se convierta en ejemplo a seguir, es una consecuencia.

Cuando algo es importante, la gente habla sobre ello. Confucio “Pobre de aquel cuyas palabras sean mejores que sus actos". Aristóteles al hablar del “Ethos” en su discurso, venía a decir que no es lo importante lo que se diga, lo que da credibilidad al discurso es de quien provenga (si su vida ha sido ejemplar o no). Albert Einstein “dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, sino la única manera”. En las diferentes teorías del liderazgo actual, es una constante como fuente de motivación… Quizás hablar de ejemplo sea importante.

El ejemplo es una forma muy poderosa de transmitir valores y educar, positivos o negativos. Los que presencian el ejemplo se inclinarán a imitarlo. Si el ambiente premia un tipo de ejemplo y castiga otro, se reforzará al que premia y retraerá el que se castiga. Si premia socialmente al que va a “escaquearse” y castiga al que trabaja al discriminarle, pocos trabajarán. Por el contrario, si se premia el esfuerzo (pongamos el ejemplo de Nadal en el deporte,  ganador de tantos torneos a pesar de todas las lesiones) hará que la gente vea el  esfuerzo como algo a imitar para conseguir el éxito.

El ejemplo positivo es tan poderoso que cuando alguien lo presencia y está haciendo algo negativo, genera un sentimiento insoportable que le hace retirarse o cambiar, avergüenza al que lo ha hecho mal.

El ejemplo es un arma poderosa cuando lideras un equipo, es lo que faculta moralmente al líder a pedir que se hagan las cosas, aumenta el respeto, el compromiso, el aprendizaje, el rendimiento…

El ejemplo no sólo transmite una idea sobre ti, la transmite sobre el grupo al que perteneces o en el que te encasillan los demás. Si estás dando ejemplo, la gente tiende a generalizar y decir “Es que los políticos; jóvenes; hombres; mujeres; los de esta empresa o aquella; los de esta nación o aquella; ésta o aquella religión, los que llevan los calcetines de lunares… son…(pon cualidades buenas o malas)”. Aquellos que vean lo que haces, asumirán que lo hace el grupo al que perteneces. Tan poderoso como que la imagen que das como empleado, es la que transmites sobre tu empresa, o la que das en el extranjero, es la que transmites sobre los Españoles.

Todos somos ejemplo para alguien. ¿De qué tipo de valores quieres ser ejemplo? Está en tus manos con cada acción que realizas cada día. Las pequeñas y las grandes. Todo el mundo nos mira, nos observa y toma nota, aunque pienses que no. Eres el responsable de lo que transmites, no solo de ti, sino del grupo al que perteneces. Eres responsable de si influyes de forma positiva o negativa sobre los demás. Eres responsable de premiar o rechazar los buenos y los malos ejemplos…

Seamos todos BUEN ejemplo.

Diego Lias





jueves, 31 de julio de 2014

COMPROMISO / ENGAGEMENT

Siempre me han llamado la atención los conflictos bélicos. No porque me guste la guerra, si no porque crea situaciones límite de comportamientos. Las conclusiones pueden ser más evidentes. Hace poco vi dos documentales. Uno sobre un miembro de las fuerzas especiales rusas. En un combate, al caer una granada entre sus camaradas, se tiró sobre ella salvando a sus compañeros, él murió. En el otro, un soldado americano al que se le había concedido la Medalla de Honor del Congreso (máxima condecoración) por traer a lugar seguro a sus compañeros. Fueron él y otro compañero en un todoterreno. Atravesaron varias veces las líneas enemigas, bajo fuego enemigo directo y constante para traerlos de vuelta. Le preguntaron si no pensó que podían matarle y contestó que estaba seguro de que moriría cuando lo hizo, de hecho le extrañó salir vivo. Cuando el reportero le preguntó que entonces por qué lo había hecho, el contesto: “Nadie hacia nada al respecto, alguien tenía que hacerlo”. Los oficiales al mando de la misión fueron expedientados. Este tipo de acciones se premian con medallas. Al imponerlas se dicen frases del estilo “…por su acción, más allá del deber..”

Cuando a un combatiente se le pregunta que porqué arriesga su vida, más allá de lo que se espera de él, siempre es por sus compañeros. No están pensando ni en Patria, ni en Justicia, ni medallas, ni… piensan en sus compañeros. Esto es la “Camaradería”, un ambiente creado por la proximidad compartida de la muerte y que une con vínculos de hermandad. ¿Qué mayor compromiso?

“Engagement”: término de moda traducible directamente a compromiso o implicación, utilizado en el ámbito de las relaciones laborales. Otro “palabro” para decir si un trabajador realiza “…acciones , más allá del deber…” ¿Os suena?

El lunes salió en un conocido diario económico un artículo con el título “El 60% de los españoles tienen el talento dormido” se basa en un par de estudios, uno local en España y otro mundial, que coinciden en las cifras sobre el bajo compromiso y lo poco que utilizan su potencial los profesionales. Soluciones propuestas: encuestas para medir el compromiso, estrategias de liderazgo con los responsables, objetivos de compromiso… Como ha causado un gran revuelo, han surgido otros artículos, de especialistas en RRHH y liderazgo, en los que llaman la atención sobre cómo se está pidiendo compromiso sin nada a cambio por parte de las empresas. Sus soluciones: buscan más la motivación del trabajador con dinero, proyecto, desarrollo profesional… A mí me ha dado miedo, nada más leer el primer artículo, que algún “iluminado” recién salido de “West Point”, sin haber pisado las “trincheras” saque conclusiones del estilo “…es que son una panda de vagos que no se implican. ¡Con las listas del paro que hay!”. Y otra reflexión: si los profesores suspenden al 60% ¿Quiénes son malos, los alumnos o los profesores?

El que se conciencie para hacer cosas de liderazgo, con objetivos, etc, es estupendo, ayuda. Pero en el ejemplo hemos visto que el soldado, al ver la incapacidad de sus jefes actuó “Más allá del deber”, luego no depende sólo de una buena dirección directa. El que se pague bien y tengan proyección en su carrera, está también muy bien. Pero el primer soldado dio su vida ¿Con cuanto se paga eso? ¿Estaba tan bien pagado como para motivarle a morir? Creo que son soluciones parciales que deben estar incluidas dentro de un tratamiento mucho más global.

La clave en mi opinión es el ambiente. La Camaraderia es irreproducible en la empresa pero nos marca la pauta. Es el ambiente lo que te condiciona a actuar de una manera o de otra, aunque tengas tu condicionante individual. Puedes tener un millón de semillas estupendas que como las plantes en un ambiente hostil, por más que las grites no van a salir.

Nos empeñamos en reducir a cosas simples las soluciones, porque nuestro cerebro intenta simplificar para la toma de decisiones. En realidad son miles de detalles los que hacen el ambiente propicio para que florezcan los talentos, el ecosistema, el equivalente en la empresa al de Camaradería: Cuando des a alguien responsabilidad y falle puntualmente, no lo crucifiques, así volverá a tener iniciativas. No te apropies de las ideas de tus colaboradores, es lícito el desarrollarlas en el equipo pero debe mencionarse y premiarse al que tuvo la idea. Fomenta un clima de diálogo y comunicación en el que no se admitan críticas destructivas (todas las ideas son bienvenidas aunque no se terminen usando). Valora el trabajo diario bien hecho, aunque no sea un hecho excepcional, propiciarás que la gente tenga una buena predisposición a ir más allá del diario. Si alguien tiene la iniciativa de poner una buena idea en marcha no la hundas por envida, porque te eclipsen o porque es incómoda a ti, ni permitas que otro lo haga. La amabilidad. Una sonrisa… así hasta mil. Hemos pensado en personas dentro de un departamento con un “buen ambiente de trabajo”, ahora convierte las personas en departamentos, aplica lo mismo y tendrás una empresa con un “buen ambiente de trabajo”. 

Una advertencia, si tu ambiente ha sido tórrido y estás intentado cambiarlo, algunas semillas pueden estar “quemadas”, os remito al artículo de “Quemados”.

¿Eres jardinero? Yo lo soy. Tenemos que plantearnos en qué ambiente tenemos nuestro cultivo si solo produce el 40% del talento. Me temo que si los datos del estudio a nivel mundial son ciertos, somos muchos los que tenemos que ponernos a trabajar.


Diego Lias

jueves, 19 de junio de 2014

MAMA, YA SOY MAYOR


Ayer me llamó mi madre para decirme que había llorado viendo la abdicación del Rey. Sentía que el tiempo de su generación había pasado. Pensé “que pensamiento tan duro” y nos perdimos en otros temas. Hoy he visto el discurso del nuevo Rey Felipe VI. Jamás he tenido la sensación que he tenido hoy. He tomado conciencia de que somos la generación que tenemos el destino del Mundo en nuestras manos. Igual que mi madre sentía que pasaba el testigo, yo me he dado cuenta que lo recibía. Es nuestro momento.

¡Qué gran responsabilidad pesa sobre nuestros hombros! Dentro de 15 años nos juzgarán por lo que hemos hecho con el Mundo. Son tiempos difíciles, pero ni mucho menos más difíciles que los vividos por generaciones anteriores. Hay un vídeo por las redes que está teniendo mucho éxito sobre un niño que no quiere ser mayor, quiere ser Peter Pan. El ser mayor es asumir responsabilidades igual que lo hicieron nuestros padres, ser dueños de nuestro propio destino e intentar hacer un Mundo mejor. Ser Peter Pan es esconderse en Nunca Jamás. Nuestros padres nos han dejado un mundo imperfecto pero mejor. ¿Qué dejaremos a nuestros hijos si somos Peter Pan?

A Felipe VI se le ha dado un gran poder y como dice el tío de Spiderman “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Pero Felipe VI es un Rey constitucional, no tiene poder. Os equivocáis si pensáis eso. Tiene el mayor poder que puede transmitir un líder, el del ejemplo y el esfuerzo y está a la vista de todos, su poder de transmisión es enorme. Solo con él, puede cambiar el Mundo.

Pero ¿y nosotros? No tenemos el poder de difusión que tiene el Rey. Yo no puedo cambiar el Mundo. Eso es porque piensas que lo pequeño no está relacionado con lo grande. Te pongo un ejemplo: Si te preguntan si te gusta que existan las guerras, dirás que no y que no entiendes como existen, sin embargo, a veces llevas la guerra contigo cuando creas un ambiente insostenible en tu empresa, en tu familia, entre tus amigos, porque vives en conflicto con tus semejantes ¿Qué pasaría si te dieran poder? Los que hacen las guerras solo son personas que tienen más poder que tu, el cómo lo usen depende de cada uno. Como enfoques tu vida depende de ti pero influye en tu entorno, nosotros influimos en un entorno más reducido que un Rey pero es “nuestro Mundo”. La suma de nuestros Mundos hacen el Mundo al igual que los pequeños gestos de amor hacen el Amor.

Desde hoy y hasta dentro de 15 años sé un líder, da ejemplo y esfuérzate, en el trabajo porque es importante para levantar a España y que podamos crear más puestos de trabajo, con tu familia porque es lo más importante, con tus amigos porque eres su apoyo y ellos el tuyo, con la gente que te rodea porque te necesitan y son como tú, con los jóvenes porque son el futuro y te gustará que te digan como hemos dicho nosotros a nuestros padres “gracias por un mundo imperfecto pero mejor”.

Durante el discurso hemos visto las miradas entre madre e hijo, generación con generación, orgullo y confianza correspondido con agradecimiento y responsabilidad.  “Sé que harás un buen trabajo hijo, estoy orgullosa de ti”, “Mama, lo voy a hacer bien, tengo ganas y estoy preparado. Tranquila ahora me toca a mí” Mama ya soy mayor.


Diego Lias