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lunes, 23 de marzo de 2015

MEDIOCRES, EL LODO QUE TODO LO FRENA.



20 de junio de 1898, el crucero USS Charleston, al mando del capitán Henry Glass realiza una andanada con tres de sus piezas frente a las fortificaciones de la isla de Guam, que por aquel entonces se llamaba Guaján. Inmediatamente una barca sale del puerto y sube una delegación. El oficial al mando del puerto se disculpa por no haber podido responder a las salvas de saludo ya que los cañones del fuerte están tan erosionados y son tan antiguos que nadie se atreve a dispararlos ni para salvas; acto seguido les da cordialmente la bienvenida. El capitán Glass le informa que ha venido a tomar la plaza, que Estados Unidos y España están en guerra y que se den por prisioneros de guerra. El último mensaje recibido en Guam por parte de España se recibió el 14 de abril manifestando un posible acercamiento con Estados Unidos. El 23 de abril España declaró la guerra a Estados Unidos tras el bloqueo naval de Cuba. A alguien se le “pasó” avisar. Estupenda historia teniendo en cuenta que los disparos no debieron acertar ni de cerca a nada para haberlos considerado salvas y que el capitán americano logró la capitulación de Guam pero no pidió la de las Islas Marianas, de las que Guam era centro administrativo. Este otro desliz, hizo que vendiéramos el resto de islas a los alemanes posteriormente. Y con esta rocambolesca historia perdimos Guaján y pasó a llamarse Guam, La expedición Magallanes-El Cano descubrió La Marianas en 1512 y las perdimos en 1898, pasando a manos estadounidenses hasta nuestros días como territorio no incorporado.


En el mundo hay algunos mediocres y a veces se juntan. España en 1898 como todos sabemos estaba regida por mediocres en todos sus estamentos. No fueron capaces ni de coordinar el aviso a las colonias (que tampoco eran ya tantas; cuatro: Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Las Marianas).  Los artilleros americanos, tampoco eran “TOP”. Los “pepinazos” serían tan altos que los Españoles ni oyeron el silbido y mucho menos vieron donde cayeron (desde luego no les dieron, si no habrían protestado). El oficial del puerto no había hecho el mantenimiento de los cañones españoles, ni probablemente sus antecesores. El Capitán, parece que en aquel momento no estuvo muy listo y no reclamó todas Las Marianas, aunque llegó a ser almirante, el que años más tarde protegió la “Revolución” de Panamá para independizarse de Colombia con varios barcos. Revolución que posibilitó el poder construir el canal que tanto interesaba a Roosevelt.

Los imperios se hunden cuando los que triunfan son los mediocres. Se empieza a extender la plaga y termina no quedando nadie competente. Hemos visto muchos ejemplos a lo largo de la historia. De la misma manera ocurre en las sociedades y en las empresas. Las familias no son ajenas, de todos es conocida la ley de la tercera generación en negocios familiares, o que si tus hijos son mediocres y no se esfuerzan, no serán más que tú, posiblemente serán menos. Da igual el nivel en el que estés. Ir a por un aprobado, es el suspenso casi seguro. Aspirando a todo lo que puedas, por otras circunstancias, a veces te quedas corto; así que el ir a lo justo siempre te deja por debajo.

Por lo que llevo visto en las empresas y fuera de ellas hay tres tipos de mediocres: Obligados, Convencidos y Acomplejados.

  • Obligados: cuando ves un departamento de personas grises es porque su jefe es gris. Pueden ser personas con grandes ideas, con ganas de aplicarlas, hasta en los trabajos más simples, pero se han llevado tantos palos que piensan que para qué esforzarse. Al que sobresale se le golpea, mejor no sobresalir.
  • Convencidos: en realidad auténticos vagos y cobardes. No toman decisiones, son continuistas. ¿Para qué cambiar? Es un riesgo, siempre se ha hecho así y si nos vamos a la ruina será por el mercado o lo que sea, no porque yo tomé una decisión que pueden decir que fue lo que nos llevó a ello. Estoy cómodo donde estoy. También muchas veces amparados en “como no soy muy importante, si no hago nada no se nota mucho”
  • Acomplejados: Conocedores a nivel inconsciente o consciente de que son mediocres, no pueden soportar a los que les superan. Hacen descender a cualquiera por debajo de su nivel. Si se resiste, es una amenaza y suele terminar en la calle. Aviso a navegantes que hace que si hay algún otro, se convierta en Mediocre Obligado.

Ojo porque es un virus muy contagioso que si no se pone remedio se extiende, los infectados pueden ir saltando de estado. En una consultoría que hicimos en un ayuntamiento había un grupo de funcionarios que posiblemente empezaron siendo Convencidos pero que habían pasado a Acomplejados porque tenían un compañero que hacía lo que tenía que hacer y les dejaba en mal lugar. Lo tenían martirizado con sus comentarios y bromas de mal gusto.

La mediocridad no sólo es mala en sí por su falta de afán de superación, sino porque es la sombra que ahoga el ingenio y el empuje, el lodo que todo lo frena. Las empresas y la sociedad se vuelven inoperativas y las personas una carcasa vacía de la que al final de la vida no ha salido nada. Su principal arma es la calumnia soterrada. No la directa en la que se expone el mediocre, no olvidemos que es cobarde y utiliza al grupo o generalizar para ocultarse en sus ataques.

Todos los mediocres son recuperables, es una cuestión de tiempo y voluntad. Es increíble ver empresas a las que llegas, supuestamente llenas de mediocres. Al dar oportunidades de no serlo, poco a poco y a veces con miedo, surgen verdaderos brotes de ingenio y aportación. Así se recupera a los obligados. Si en un grupo de mediocres metes un par de esforzados ingeniosos, les valoras y les premias, la mayoría de los mediocres empiezan a esforzarse y van a más si se lo reconoces también y les premias. Con eso recuperas a los convencidos. Lo más complicado es recuperar a los acomplejados, es más largo y por convicción. Muchas veces, por falta de tiempo, es mejor extirpar. La forma es mostrar que siempre hay gente que te supera en cualidades y aprender a asumirlo. Wyatt Earp, famoso pistolero del Oeste, decía que siempre hay un pistolero que te supera, que es sólo cuestión de tiempo el que te encuentre y no suele tardar mucho. Es un proceso de reconocer la valía de los demás e intentar mejorar o potenciar otros aspectos propios.


Da igual a que os dediquéis, muchos no llegaremos a que nos recuerden dentro de cien años ¿o sí? Si no se intenta, seguro que no. La mediocridad no está en el trabajo que desempeñes o lo grande que llegues a ser socialmente, los mediocres están repartidos en lo más alto, en medio y en lo más bajo de la sociedad o empresas. Lo importante es que siempre que hagas algo, lo des todo por convicción, aunque no se consigan los objetivos o no se reconozcan. El sentido a tu vida lo das tú con lo que marcas como importante, con agrandar tu autoestima y luchar por lo que vale la pena. No seas mediocre, se grande hasta en las pequeñas cosas.

Diego Lias

miércoles, 10 de diciembre de 2014

PACIENCIA, LA FORTALEZA SILENCIOSA


A veces una acción cambia tu concepción del mundo. Os contaré un relato corto. Durante la celebración de un torneo de baloncesto en el colegio, uno de los niños se destapó como máximo encestador. Era muy malo pero también era muy alto (eso facilitaba las cosas). Le ofrecieron entrar en el equipo del colegio. Su ego voló, no le hacía mucha falta el que le dieran alas, por aquella época estaba sobrado. El equipo llevaba formado desde el primer año de colegio y estaban en el quinto. No era aficionado al baloncesto, ni sabía las reglas fundamentales.

Asistió al primer entrenamiento. “chaval, haz una entrada por la derecha” “¿Eso qué es?” Primera carcajada de sus nuevos compañeros. No fue nada comparada con la de cuando ejecutó el intento real. Lo cierto es que él también se hubiera muerto de risa si no hubiera sido el patoso y si su ego hubiera estado un poco más bajo. Primera expulsión del entrenamiento, se peleó. Le siguieron unas cuantas más. Había un compañero en especial que le sacaba de sus casillas a diario, su paciencia tenía un umbral muy bajo.

Decidió dejarlo y así se lo dijo a su padre. Ya había dejado otras muchas cosas, pintura, judo, guitarra, etc. Hoy diría que fue porque pensaba que las cosas salían por si solas a la primera. Se veía tocando El Concierto de Aranjuez al día siguiente, luego la realidad le machacaba y sólo conseguía ruidos incoherentes. Su padre le dijo: “ya has dejado muchas cosas, tienes que aprender. Esta actividad no la vas a poder dejar hasta que pase un año. Cuando pase un año volvemos a hablar”. ¡Un año en ese infierno contra su ego! Aprendió muchas cosas, entre ellas la paciencia.

Estaba condenado a un año de trabajos forzados y su orgullo no le permitía volver todos los días expulsado ni aguantar eternamente las burlas. Comenzó a aprender sobre sí mismo y a tener autocontrol, consiguiendo que no sólo las provocaciones de sus compañeros no le desequilibraran sino que le “picaran” para hacerlo mejor. Tuvo que ser minucioso y entrenar una y otra vez sin pensar que fallaba, centrándose en que tenía que conseguirlo con cada pequeño esfuerzo, con cada repetición, esperando que en algún momento saliera bien. La tolerancia llegó sin advertirlo, comprendió la actitud de sus compañeros e intentó cambiarla con sus actos, también aprendió a ser indulgente y ayudar a la gente que no lo hacía bien, pero que se esforzaba sin descanso, el era uno de ellos. Al año, la paciencia dio sus frutos, se ganó el respeto de sus compañeros, se convirtió en un buen jugador y disfrutó jugando con ellos los siguientes siete años.

Al séptimo año, llegaron a lo más alto de la liga, eran el único equipo sin pabellón, un equipo modesto. Fue gracias al esfuerzo de todos, no eran buenos individualmente pero sí como conjunto. Les hubiera gustado ganar, pero para ser realistas, sabían que era muy difícil. Lo que querían era divertirse y disfrutar del momento que se habían ganado. El objetivo del entrenador no fue el mismo, decidió coger gente de fuera del colegio para hacer un equipo más alto y potente, que terminó igual: al final de la tabla. La mayor parte del equipo antiguo dejó de jugar. Algunos llegaron a no ir más a los partidos. Nada era lo mismo, estaban allí para pasárselo bien. Hablaron con el entrenador y explicó que era lo que había, que al que no le gustara, tenía la puerta para irse. La paciencia no es caer en la apatía, no es quedarte quieto cuando no hay nada que esperar. Ya no había un motivo para esperar pero si para ser paciente una vez más, paciente en el sentido de asumir las cosas como venían y tomar una decisión meditada. El protagonista dejó el baloncesto antes de terminar la temporada. Ciclo completo de aprendizaje sobre la paciencia.

Hay muchos relatos sobre la paciencia. Escogí este porque es real y estoy seguro que cada uno de vosotros tiene alguna historia personal parecida en la que aprendió qué era la paciencia. Esta es sólo mi historia y una de las cosas por las que estoy más agradecido a mi padre porque cambió mi concepción del mundo. A veces me despisto y tengo que recordarla, como todo el mundo, pero no se me olvida.
  • Édison dijo de su invento, la bombilla, “no fueron mil intentos fallidos, fue un invento en mil pasos” La paciencia es constancia.
  • “El genio puede concebir, pero la labor paciente debe consumar” (Mann) La paciencia es esfuerzo, lo que separa la teoría de fabricar la realidad.
  • “Vísteme despacio que tengo prisa” Fernando VII en boca de Benito Pérez Galdós. La paciencia es ser minucioso en el trabajo, madre del buen hacer y tía de evitar el repetir las cosas innecesariamente.
  • La paciencia enseña a no aferrarse a un resultado, a adaptarse a lo que no puedes cambiar para conseguir el mejor resultado y obtener lo mejor de todo lo que te ocurre.
  • Es ser consciente de las necesidades y del trabajo de los demás. No eres el centro del universo, los demás no hacen sólo cosas para ti.
  • Es el coraje silencioso “No confundas la paciencia, coraje de la virtud, con la estúpida indolencia del que se da por vencido” (Mariano Aguiló)
  • Es ser consciente de los sentimientos negativos, dominarlos y canalizarlos hacia una forma de actuación positiva, actuando sin la interferencia de la ofuscación.
  • Es saber vivir el presente y disfrutar de él, no correr detrás de un futuro que nunca llega, porque lo que llega nunca es lo que habías imaginado.
  • Be water my friend…

Dicen que no son buenos tiempos para la paciencia, que todo tiene una respuesta inmediata, internet y las nuevas tecnologías hacen que el mundo gire más deprisa. Que no está de moda en las empresas, que buscan resultados inmediatos, y que por inmediatos se tornan cortoplacistas. Pobres de nosotros, estamos obligados. Pues no es cierto, la falta de paciencia proviene de la falta de madurez. El relato es de una época sin internet, sólo buscamos excusas por nuestro egoísmo. Crecer, como me enseñó mi padre, significa entender que no somos el centro del mundo. Significa aprender a tener paciencia, porque las cosas, normalmente no se consiguen en un momento y sin esfuerzo. Un impaciente es un egoísta intolerante sin conocimiento de lo que cuesta obtener las cosas, que termina frustrado. Cuando nos encontramos con un impaciente en la empresa, obtenemos decisiones sin meditar, sin pensar en el largo plazo ni en los demás, sin planificación, dejando todo por lo que es “urgente”, tiempos irrealizables que generan expectativas frustradas… La principal consecuencia de la impaciencia es la frustración.


No viváis en la frustración, entended a los demás, las circunstancias y que cada cosa tiene su tiempo, entended que no tenemos el control sobre todo y hay que afrontarlo con calma, la cabeza fría y con el enfoque más positivo que podamos darle, es una actitud mental. Actitud activa y reflexiva, no pasiva y despreocupada. Nos acercará a conocer a los demás y a nosotros mismos, a observar y pensar. Es la fortaleza silenciosa. “La vida es como una leyenda, no importa cuán larga sea, sino lo bien que esté narrada” (Séneca)


Diego Lias

domingo, 21 de septiembre de 2014

ÉXITO



Recientemente han muerto varias personas de renombre. Robin Williams famoso actor de Hollywood, se suicidó hace unas semanas. Emilio Botín artífice del crecimiento y expansión del Banco Santander falleció hace unos días y poco después Isidoro Álvarez, otra persona que ha hecho crecer su empresa hasta límites insospechados cuando la cogió. A todos ellos se les atribuye el haber alcanzado el éxito. Si preguntas a nivel histórico sobre personajes con éxito, la gente te dirá: Julio César, Alejandro Mágno, Napoleón…También hace poco, leí un artículo de una famosísima entrenadora personal americana. Lleva muchos años encumbrando directivos. Comentaba que a muchos de ellos les había acompañado a lo más alto, pero nunca era suficiente, incluso cuando eran los CEOs de importantes empresas, decidían cambiar de sector.

En una reunión de negocios con personas de otros países, que resultó transcurrir con una dinámica poco habitual, se habló mucho de valores y de las distintas religiones. Una de las personas con más peso preguntó: “¿Qué es para vosotros el éxito?” Si preguntáis lo mismo a alguien, veréis que casi nadie responde inmediatamente. Todos los ojos se van al techo, lo cual indica que nos lo pensamos antes de contestar. Es una pregunta con miga y que nadie acierta a decir una definición común y rotunda. Hablamos de ÉXITO con mayúsculas, éxito en la vida, no de éxito en el trabajo, con las chica/os, en el deporte, etc. ¿No os parece raro el que no nos paremos a pensar en ello siendo fundamental?

El diccionario de RAE en su primera acepción define Éxito como “Resultado feliz de un negocio, actuación, etc” y su segunda acepción “Buena aceptación que tiene alguien o algo”. A nivel popular, solemos hablar de “Tener” o “Ser” (en el sentido de posición).  Os daré mi definición:
“Éxito es ser feliz e inmortal. La clave: dar” (Diego Lias, filósofo de pacotilla)
Te habrás quedado tan a gusto, pensaréis algunos. Luego no me saquéis la frase de contexto y digáis que estoy a favor de ser vampiro. Os explico la teoría:

Feliz.


Lo dice incluso La RAE en su definición, Feliz. El Sr. Williams se suicidó, obviamente no era feliz. Parece que incluso buscó la felicidad en sitios donde no reside, como el alcohol y las drogas. Julio Cesar murió asesinado por los suyos… Conversando con un amigo sobre la muerte del Sr. Botín, yo comentaba que qué lástima que trabajara tanto y no hubiera disfrutado de lo que tenía. Había muerto sin dejar de trabajar en jornadas maratonianas a una edad a la que la gente suele estar jubilada. Me dijo algo que me hizo reflexionar “Seguramente a él ya no le importaba el dinero ni la posición, su gran pasión y lo que le hacía feliz era su gran proyecto del Banco Santander” no sé si estaba en lo cierto, pero si me hizo pensar. Mi forma de ver la felicidad puede no coincidir con la de los demás. A veces nos empecinamos en transmitir que para tener éxito, para ser feliz, tenemos que ser o hacer. Nos lo dice la sociedad, pero también se lo transmitimos nosotros mismos a nuestros hijos. Queremos que tengan “éxito” y les empujamos a cosas que no quieren hacer. Todo porque su padre y su abuelo fueron o porque yo soy y no quiero que sea. Es cierto que en determinados momentos, su juventud y falta de madurez nos puede hacer aconsejarles, ver sus potencialidades y ayudarles a desarrollarlos para que cuando decidan su destino, sea una decisión propia pero reflexionada. Al final, es importante que tomen sus decisiones, el que les guste su vida, será su felicidad.

Buscamos el éxito a costa de sacrificar lo que sea para llegar a él, dejando cadáveres y nuestra propia alma por el camino para luego llegar, como esos CEO de éxito, al espejismo y ver que allí no estaba la felicidad. Cada uno tiene su forma de ser feliz, pero en mi opinión la felicidad está en dar y lo que es casi lo mismo, compartir. ¿De qué te sirve Tener o Ser y no puedes compartir o dar? No hablamos de dinero. Hablamos de pensar en los demás y en qué puedes aportarles. Es más, cuanto más Seas o Tengas, tu obligación es mayor, porque tu potencial es mayor. Si eres inteligente, tienes posición social, una habilidad especial, poder, posibilidades… ¿Qué estas aportando a tus compañeros de trabajo? A lo mejor durante esta crisis, tus esfuerzos y malos ratos han ayudado a que la gente que te ha dado trabajo no pierda su empresa y a que tus compañeros puedan seguir teniendo un sitio donde ir a trabajar. ¿Te sientes orgulloso? Sentirse orgulloso te hace feliz. Eso es éxito. Compartir el trabajo de casa y hacer más fácil la vida en común, dando un poco de tu libertad, contribuye a ver a los demás felices y eso te hace feliz. Eso es éxito. Trabajar en miles de cosas pequeñas del día a día que contribuyen a hacer felices y a mejorar la vida de los demás, te hace feliz. También compartir conocimiento, alegrías, y las penas, apoyar a los que lo necesitan en los momentos duros, te hace feliz y un triunfador ¿Quién no quiere tener un amigo como tu al lado? ¡Sigue! Sigue pensando en todas las cosas que dando o compartiendo te hacen feliz de verdad, verás que también te hacen un triunfador.

Inmortal.


Mucha gente ha buscado el éxito como sinónimo de inmortalidad, pasar a la posteridad. Al final, la segunda definición de La RAE “tener buena aceptación”. Un reconocimiento, y si es posible, que dure por los siglos de los siglos. Algunos de los que he mencionado lo han conseguido. Para el resto de los mortales, sólo queda el olvido. En dos generaciones se habrán olvidado de nosotros y sólo seremos polvo en el viento. Pues esto que he dicho, no es cierto. Todos estamos llamados a alcanzar la inmortalidad. En Gladiator, Máximo dice: “lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad”. Estamos programados para transmitir nuestro ADN para que nuestra especie perdure, no es lo único importante. Lo importante es que con cada acción que realizamos, con cada frase que decimos, con cada ejemplo que damos, con cada conocimiento que trasmitimos y mejoramos, con cada valor que mostramos, dejamos nuestra impronta en los demás. No sólo se transmitirá, sino que puede que sea el germen de grandes cosas. Todo importa, cada acción. Hay frases que me han dicho que han marcado mi vida. Probablemente el que la dijo ni se acuerda. Quien dice frases, dice hechos y acciones. El conjunto de todo esto que se trasmite, incluyendo el arte, literatura, etc., conforma La Humanidad. Todas las grandes cosas provienen de pequeñas, hasta las grandes ideas comenzaron con un germen. No te creas poco importante. Una semilla aunque pequeña puede ser importante, lo que lleva dentro, dará su fruto. Es nuestra obligación, que las semillas que dejamos, sean capaces de dar frutos hermosos. Entonces seremos inmortales.

Hablad con la gente que se ha jubilado y preguntad que ha sido lo importante de su vida ahora que, en teoría y según el concepto generalizado, no pueden perseguir el Éxito. Veréis que su búsqueda no ha terminado y ven con más claridad lo que os he dicho. Siguen en busca de la felicidad y la inmortalidad, aunque ya no “trabajen”, ¿O no están ahí ayudando en todo lo que pueden y transmitiendo cada día? No busques el éxito en “Ser” y “Tener”, es un espejismo. Sed felices a través de hacer felices a los demás. Esforzaos cada día al máximo, hasta en las cosas más pequeñas. Romped los límites de vuestros propios límites. Con un trabajo bien hecho del que os sintáis orgullosos, construyendo y haciendo para vosotros, pero también para otros. Compartid, dad y transmitid, todo lo bueno que lleváis en vuestro interior. En “Salvad al soldado Ryan” el mensaje queda perfectamente dicho al final. Rayan, ya mayor y acompañado de toda su familia en el cementerio, hablando a la tumba del Capitan Miller: “He intentando vivir mi vida lo mejor posible…y haber sido digno y merecedor de cuanto se ha hecho por mí. (a su mujer) Dime que he vivido dignamente, que soy una buena persona. (Su mujer) Lo eres”. Cuando llegues al final y mires hacia atrás ¿Habrás sido feliz? ¿Te habrás hecho merecedor de todo cuanto se ha hecho por ti dando el 200%? ¿Qué habrás dejado para la posteridad que te haga ser inmortal? ¿Qué fue el Éxito? ¿Lo alcanzaste? ¡No te des cuenta de lo que es el éxito cuando ya sea tarde para alcanzarlo!

Diego Lias

martes, 2 de septiembre de 2014

PEREZA Y VAGOS


Fin de las vacaciones. Vuelta al trabajo, al colegio, a las obligaciones. ¡Qué pereza! Quien diga que no lo ha dicho jamás, miente o es de otro planeta. ¿Somos todos una panda de vagos? Creo que no. Una cosa es la tentación y otra caer en el vicio. Para mí, Pereza es la tentación de hacer el vago y Vago es ser holgazán, poco trabajador, negligente, tediosos, descuidado, flojo, lento…
Cuando mis hijas empezaron a multiplicar, me inventé una historia para que comprendieran que es una multiplicación: Había un hombre que se pasaba todo el día sumando y sumando, y siempre eran las mismas cantidades, porque el producto venía en cajas con las mismas unidades. Se le oía constantemente “Seis mas seis doce, mas seis dieciocho, mas seis veinticuatro, mas…”Había veces que llegaba hasta 3.630.000. Eso suponía una columna de suma de 605.000 números de 6. Harto de perder el tiempo, porque tenía cosas mejores que hacer, y cada día le daba más pereza hacer las sumas, se le ocurrió inventar la multiplicación. Lo que tardaba días enteros en sumar, lo pudo hacer en un minuto. Ahora hacía muchas más cosas en un día y más divertidas que sumar. Probablemente, no se inventó así, ¿quién sabe?, a lo mejor eran cajas de ocho. Cosas como esta, la invención de la rueda y otras por el estilo, estoy convencido de que provienen de una correcta gestión de la pereza, buscando ser más eficiente. En las empresas ocurre mucho cuando se optimizan procesos. ¡Lo que hacemos por no trabajar en cosas que no nos gustan y lo que avanza el mundo por esto! Eso, si lo enfocamos bien. Si lo enfocamos mal, no contaremos las unidades, o lo haremos mal, o se lo “encasquetaremos” a otro, o… Aquí hay casi más imaginación que cuando se enfoca bien ¡Cuánto talento desaprovechado en formas de escurrir el bulto!
Las funciones repetitivas, las que pueden generar conflicto, las que requieren un esfuerzo adicional… son ejemplos normales de tareas que nos pueden producir pereza y que intentamos posponer “para cuando tenga más ganas”, “esté menos cansado”, etc.  En la empresa hay mil cosas que encajan y en la vida cotidiana también. Ordenar todos los expedientes del mes, llamar la atención a alguien, planchar… Ahora se ha puesto de moda llamarlo “Procrastinar”(1) en vez de posponer. Pospones hasta que ya es demasiado tarde, pospones hasta el último minuto. Todo puede acabar en desastre, por no hacerlo o por hacerlo mal, y encima hay que deshacer lo hecho y volverlo a hacer (si se puede). Añade, además, el estrés que genera tener una tarea pendiente. Aunque quieras, no se te va de la cabeza. ¿A que todos nos acordamos, cuando íbamos al cole, de ese domingo en la cama dándole vueltas a algo que no habías hecho y que te pedirían el lunes? Pues nos pasa lo mismo ahora. A lo mejor no te das cuenta, pero ese mal humor que llevas últimamente a cuestas, son las pequeñas cosas varias que no te quitas de en medio.
Mal humor, y cosas peores. La pereza, si no se vence, se convierte en vicio, el de ser vago. El cuerpo te pide no hacer nada, descansar. Cuando estás cansado, es bueno, pero si no es así, si es por pereza, te lo pide el cuerpo para evitar el dolor. ¿Dolor? Sí, de hacer algo que no te apetece. Cuidado porque si te quedas quieto, es como los músculos con una lesión, si no los mueves por dolor, te anquilosas. Cada vez te apetecerá hacer menos y te costará más. Parado no vas a ningún lado ¿verdad? Dejarás de ver mundo y entrarás en una situación de apatía y posiblemente pueda derivar en una depresión por falta de objetivos en tu vida. Esto es llevado al extremo, pero es un peligro real. Hay mucha gente que no le gusta su trabajo. Cada día le cuesta ir a trabajar, están apáticos, cometen errores, no les consideran, su vida es miserable… En realidad han entrado en la rueda que se autoalimenta. Por sí mismos o con ayuda deben salir del círculo vicioso.
Hay veces que el entorno en la empresa, tus jefes directos, los compañeros, pueden incluso llevarte a esas situaciones y convertirte en un vago. Te hacen sentirte sin motivación, objetivos e incentivos, lo cual te lleva a la pereza y a la vagancia. Puede ser muy duro, pero no una excusa para no hacer el trabajo. Haz bien tu trabajo, el que los demás hagan cosas mal, no es excusa para que tu las hagas. Tu autoestima, tu honor y el ir con la cabeza alta, vale más que ellos. Aunque no va con el tema, no puedo dejar pasar este comentario, si soy un directivo que permite estas situaciones, debería pensar en mi futuro y en el de la empresa. Como siga así, no tendré ni futuro, ni habrá empresa. O reflexiono y cambio, o terminaré con gente sin orgullo que se han convertido en vagos, y además, enfrentado a una competencia que tiene a los que fueron los mejores de mi empresa.
Cuando me convierto en un vago, soy perjudicial para los demás, por eso es de justicia que deje de serlo. Robo a la empresa y a mis compañeros porque tienen que asumir mis tareas inacabadas o mal hechas. En casa, seguro que tenemos que hacer también algo que alguien no ha hecho. Igual que el buen ejemplo, el mal ejemplo se expande y puedo contagiar a mis compañeros “Si él no lo hace ¿Por qué tengo que hacerlo yo?”. Un buen jefe será capaz de darse cuenta, entender que es lo que sucede, las causas (analizándose incluso él y la empresa), reconducirlas y en casos extremos, despedirme porque soy una persona “toxica”, por justicia hacia los demás y por productividad. Las repercusiones de mi comportamiento, e incluso de mi despido, pueden ser devastadoras en mis relaciones con mi familia y amigos.
El ser vago, como he dicho, es un vicio. Los vicios parecen buenos al principio, pero son malos (hemos hecho un repaso de las consecuencias). No hay que cogeeeerlos, que luego es muy difícil dejaaaarlos. La receta que hemos oído siempre, no es fácil y está simplificada: Contra pereza, diligencia. La completa es: contra Pereza, Diligencia, y Constancia, y Control, y Coraje, y Decisión, y Esfuerzo, y Fortaleza, y Hábito, y Justicia, y Madurez, y Superación, y Orden, y Perseverancia, y Responsabilidad, y Sacrificio, y Voluntad, y…

Os doy otra receta, pero esta para vagos, lo de antes suena complicado: Piensa que la mayoría de las cosas que te dan pereza, son como la vergüenza, cuesta arrancar, pero en menos de 10 minutos las has superado (una llamada de teléfono, por ejemplo). El control de tu percepción, es la única barrera. No son montañas, son montículos. Empieza a andar sin pensar que andas, disfrutando del paisaje y lo superarás todo. Hazlo fácil, ve al siguiente montículo y al siguiente, pero siempre sabiendo en qué dirección vas. Disfruta y siéntete orgulloso de cada montículo conquistado. Cuanto más andes, menos te costará andar, serás más fuerte. Se eficiente para que no se te haga eterno el camino, no andes dando vueltas sin ir a ningún lado, te terminarás sentando. A veces, hay obstáculos que salvar, o posibilidades de acortar, se ingenioso para acortar y no perder más tiempo del necesario. Evalúa bien los obstáculos, a veces por mucho que lo intentemos fallamos al sortear el obstáculo. Obstinarse o el fracaso te puede dejar parado, busca otros caminos para llegar si fuera necesario. Mira atrás cuando descanses. Fíjate en todo lo que has recorrido porque venciste la pereza y te pusiste a andar. ¡Ya has descansado! ¡Eeeeeeh! Que si no vences la pereza, no empiezas a andar y te pierdes todo lo que te espera en el camino. ¡Arriba perezoso! ¡Hoy es un nuevo día y me voy a comer el mundo! ¿Quién dijo pereza?
Diego Lias

 (1)    Información para los aficionados a los “palabros”: Procrastinar proviene del latín “procrastinare”, la utilizan más los de habla inglesa porque queda muy culto. Las palabras de origen latino son muy cultas en inglés “procrastinate”. Como ahora importamos lo que viene del habla inglesa (queda también más culto)… vuelta completa, ya que esta palabra sí existe en español pero no se utilizaba. Así somos cultos al cuadrado. Recomiendo utilizar “posponer” si queremos que todos nos entendamos, salvo que quieras dejar al otro “ojiplático” diciendo que sí, como si lo entendiera.