martes, 28 de octubre de 2014

ENVIDIA


¡Si es que nooo aprendeeemos! Tan tranquilos que estábamos en el Paraíso y se nos tuvo que ocurrir ser como Dios. Primer intento de mover a alguien de su silla utilizando medios ilícitos y no por méritos propios. Como suele ocurrir, el problema es que no teníamos méritos propios como para poder llegar a la altura y recurrimos a los ilícitos. La cosa no fue bien y perdimos el Paraíso. Siguiente generación, que debería haber aprendido después de lo que les pasó a sus padres: Caín y Abel. Que si Dios quiere más a Abel…, que mira que ofrendas tan chulas hace…, que si… Vente, vente conmigo, Abel que te voy a contar una cosita. Rival fuera, y éste en serio, porque se lo carga. El Rey David también se cargó al marido de Betsabé para tenerla sin problemas ¿es que no tenía bastante con lo que ya tenía siendo Rey? Envidia, diosa romana, hace enamorarse a Narciso de sí mismo al verse reflejado en el lago. Como es inalcanzable su amor, muere ahogado en las aguas. ¿Quién le dijo a Envidia que le jugara la mala pasada a Narciso? Otro envidioso (esta es historia de envidia al cuadrado). Para envidia a la enésima os recomiendo Otelo. Con estos comienzos la verdad es que no nos ha ido mejor después. Menuda la que se armó en Francia con la Revolución. Hay teorías, como la de Tocqueville, que sostiene que antes se venía de una situación mucho peor, debería haber estallado antes. La burguesía floreciente podía llegar a tener más dinero que los nobles, pero no los títulos. Estos se conseguían sólo por cuna. Exaltaron al pueblo para bajar a los nobles del asiento y quedarse ellos después. Y sí, se quedaron después con el poder, cambio de unos por otros, no sin un auténtico baño de sangre en el que no sólo rodaron cabezas de nobles. Poder durante algún tiempo, para perderlo después, y así patada tras patada para ir sentándose unos, otros y aquellos en el ansiado asiento. Pintura, música, literatura, nada se escapa al tema. Esta lacra nos ha acompañado hasta nuestros días. Su nombre es ENVIDIA.

Ahora que nos interesamos por ver si nuestros defectos son culpa de cómo tenemos el cerebro (algunos les adelanto que lo tenemos echado a perder desde hace tiempo) parece ser que hay varias teorías que nos dicen que es innato y asunto de supervivencia: Mathias Pessiglione sostiene que comparamos para aprender a sobrevivir y evaluar si lo del otro es mejor que lo mío. Alfred Adler nos viene a decir, entre otras cosas, que es lo que nos hace progresar. Antoni Cabrales sostiene que los recursos son escasos, el que tiene más que el otro prevalece y por tanto codiciamos lo del otro si tiene más. ¡Menos mal! Defecto de fábrica. A mí que no me miren que es que me han hecho así. Pues no. La mala noticia es que no podemos echar sólo la culpa al cerebro, porque tenemos voluntad como sostienen los mismos autores. La buena es que no sólo somos capaces de aprender a controlar la envidia sino que además podemos enseñar a admirar y ser ejemplo.


La envidia es terrible… y además, horrible. Es un pecado capital porque es el origen de otros males. Se alimenta de odio y produce más odio, ira y frustración. Busca el mal del otro, su fracaso, en vez de la superación. Que no os engañen, ni si quiera Adler, no hay envidia buena ni sana. El antagónico de la envidia es la admiración. La admiración es una expresión de amor y ejemplo. Nos hace intentar ser como, parecernos a, porque es un modelo. Nos esforzaremos y potenciaremos nuestras cualidades para intentar acercarnos a ser así. La admiración por sus referentes, hace que un niño progrese, crezca, imite, aprenda, ame. Si al que admira, le muestra un patrón de envidia, aprenderá, pero dejará de admirarle y es posible que le clave un puñal en la espalda.

La empresa es un ser social. Se comporta bajo las premisas de un grupo social que no deja de ser las voluntades de un conjunto de personas dirigidas y con un fin. Prácticamente como una persona. Bueno, a veces las personas no tienen ni dirección, ni fin, pero las empresas tampoco. Esta es otra cuestión. Los “zombies” lo dejamos para otra ocasión. La empresa como ser social también pude admirar o envidiar. El objeto de estos deseos es “La Competencia”. Las estrategias de querer ser como el primero, cueste lo que cueste, a cualquier precio, intentando robar ideas o con otras malas prácticas, pueden llevarte al desastre. Si por una remota posibilidad las malas artes te llevaran a ser el primero ¿A quién robarás después? ¿Cómo te mantendrás? Vendrá otro con ideas y te quitará por méritos propios. Analizando a la competencia puede darse el caso de que nos demos cuenta de no tener las cualidades suficientes para superarlos (más puntos de venta, más presupuesto, más contactos). El empecinarnos en ser como ellos, seguir sus estrategias, puede llevarnos a la ruina. Sobre todo si nos embarcamos en proyectos sin medir nuestras fuerzas, cegados por la envidia. Copiar las buenas prácticas de los demás no es malo, es admirar lo que hacen e intentar hacerlo tan bien o mejor que ellos. Debes ser creativo y dar tu toque personal para que funcionen en tu casa. Si admiras y respetas a tu competencia, la analizas y buscas las cualidades propias que te diferencian de ella, es posible que potenciándolas, atraigas en un futuro a más clientes o que encuentres tu nicho. Al igual que las personas, un enfoque positivo supone la superación y uno negativo la pérdida del alma y la destrucción.

Todos hemos oído expresiones sobre ambientes en empresas como “es la jungla”, “los cuchillos vuelan”. Muchas de estas situaciones son provocadas por la envidia. En concreto sobre el reconocimiento. Como Caín, el éxito de otra persona se vuelve insoportable. Comienza el ataque y el intento de destrucción. Fundamentalmente es un atentado contra el honor de la persona en cualquier ámbito, incluyendo mentiras y chismorreos. Todo se lleva a escondidas, el envidioso no quiere ser descubierto porque todos sabemos, que en el fondo, es el reconocimiento de una falta de capacidades. El principal culpable es el envidioso y es el que tiene que cambiar su actitud. El jefe debe estar atento al primer signo y reconducir la situación, el paso del tiempo las hace intratables.

Incentivar al personal también debe hacerse con justicia, basándose en hechos objetivos, en la medida de lo posible, para no provocar estos ambientes. El favoritismo injustificado desincentiva al resto del personal, facilita que surja la envidia. Todos conocemos casos de inútiles que medran utilizando politiqueo y cosas similares. El hacer que todos seamos iguales para eliminar la envidia, considero que es un gran error. El igualitarismo es un freno para las empresas, desincentiva también al personal. El esfuerzo personal debe reconocerse. Tenemos dos mecánicos, misma categoría y mismo trabajo, ambos fichan 8 horas. “A” consigue ser más “productivo” que “B”. Factura más horas y además no ha tenido que repetir ningún trabajo, ha sido “eficiente”. ¿Qué pasa si les pago lo mismo? “A” dirá: “¿Para qué me esfuerzo? y terminará haciendo lo mismo que “B”. “B”, a pesar de la evidencia, puede que sea un envidioso e intente jorobar a “A”. También es posible que no todo el mundo pueda ser “A”, porque es un “Crack”. No puedes exigir a “B” que sea como “A”, pero tienes que hacerle entender que “A” desarrolla más y mejor trabajo. Si no lo ve y sigue perjudicando el ambiente, tienes una manzana podrida, sácala del cesto. Los sistemas de incentivos pueden llegar a ser muy complicados.

La envidia es imposible erradicarla del todo, pero es nuestra obligación minimizarla hasta el punto que no afecte a nuestro ambiente. Conseguir un buen clima laboral depende de los incentivos pero también del trato y la educación. Hay muchas formas de incentivar y no todas están en los planes de incentivos. Cada uno de nosotros somos responsables. La envidia nos hace infelices, insaciables, incapaces de apreciar lo que tenemos y disfrutar de ello, crea ansiedad, nos quita el sueño, trastorna el apetito, genera alteraciones neuróticas y funcionales… ¿De verdad queremos vernos hundidos en esta miseria día tras día?  ¿No merece más la pena admirar y esforzarnos? Tú eres el principal perjudicado.


Diego Lias

miércoles, 22 de octubre de 2014

CÓDIGO DE SILENCIO


Enron, Bankia, Gowex, Afinsa, España, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Islandia… De grandes empresas a pequeñas. De países de “primera línea” a países “en desarrollo”. ¿Qué pasa con la gestión y las auditorías? ¿Cómo es posible que no se descubran antes los casos de corrupción, malas prácticas o mala gestión? ¿Cómo se llega a hacer la enorme bola en la que se convierten? Con la nueva normativa penal ¿Cómo pueden los administradores protegerse de que se desarrollen estas prácticas sin su conocimiento?

Empecé a trabajar con la anterior crisis de los 80. De verdad me sorprende escuchar lo escandalizada que está la gente de todo lo que está saliendo en prensa. No hablo de política, hablo del mundo de la empresa. He visto desde pequeños robos a grandes robos, de gente en la base a gente en la cúspide. Malas prácticas, interesadas y en contra de los accionistas. Cosas mal hechas pero que arriba no se querían saber. Cosas mal hechas pero que arriba no se tenían que enterar. Huidas hacia delante que hacía que todo terminara peor que si se hubiera asumido los errores al principio. No continúo. El que no ha visto nada, a todos los niveles, no ha estado en el mundo. No hace tanto, las personas honradas y que decían las cosas eran tildadas de tontas y molestas. No pensemos que las cosas han cambiado. Ahora hay que parecer bueno, ha llegado el puritanismo. Una capa de hipocresía para ocultar la verdad. Vamos a hacer normas para evitar que todo esto vuelva a pasar. Enron 2001, salen las SOX en 2002. Si pasa algo luego… “¡Eh! Yo puse la norma, luego no la han querido aplicar”. Creo que desde el 2001 hemos seguido teniendo escándalos.

Las malas prácticas no pueden llegar lejos si no se tiene colaboradores. El mayor colaborador, EL CÓDIGO DE SILENCIO. “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio” Cicerón.  Muy pocos han sido los que se han atrevido a decir lo que estaba bien y lo que está mal. Claro, ¡como que podías decir algo!, te jugabas el tipo. Verdaderos códigos de silencio, como en las películas policiacas, en los que el que se salía, era castigado. Como mucho, podías ser el “poli” marginado que no aceptaba sobornos. ¿Cobardes? Es fácil decirlo, fulano o mengano deberían haber dicho “no”. Es cierto, deberían haber dicho “no” como Gary Cooper en “Sólo ante el peligro”. ¿Nos hemos asegurado de evitar este clima, poner medidas para controlar que no pasara, hacer que funcionaran de verdad? No todo el mundo es fuerte como Gary Cooper y hay que protegerles.  Somos culpables, aunque hayamos dicho “no”, si no hemos hecho nada para evitar lo que pasaba a nuestro alrededor. Entonces… ¿Quién y cómo debemos fomentar un clima sin malas prácticas?
  • Todos somos los responsables. Cuanto más arriba, más responsable, porque tu poder de actuación es mayor.
  • La selección del personal y su evaluación es una de las claves. Muchos accionistas no son conscientes de la importancia que tienen los valores y la actitud de las personas seleccionadas en la protección de sus intereses. En general nos preocupamos más de la aptitud. Las evaluaciones posteriores son importantes. Hay gente con dos caras, una para mirar para arriba y otra para mirar para abajo. Funcionan por intereses personales. Una buena persona no genera ni consiente malas prácticas.
  • Fomentar la comunicación real en la empresa. El personal en general debe saber porqué se hacen las cosas, ser capaz de pensar, permitírsele hacer preguntas y aportar ideas. Si no se tienen en cuenta, deben explicarse los motivos, para que aprenda y mejore su pensamiento… Generará un clima en el que las malas prácticas tienen un terreno difícil para arraigar al basarse en códigos de silencio. Necesitan el oscurantismo.
  • Procedimientos, controles, métodos de supervisión. Deben ser diseñados para el objetivo que se persigue. Será apoyado su control y funcionamiento por todos los niveles. Los propios accionistas son los que deben exigir el diseño específico de los sistemas. Las normativas generales como las SOX están bien si se implementa y se adaptan para ejercer un control real. Personal externo especializado deberá evaluar el diseño de los procesos, si los accionistas y administradores no se sienten capacitados, y evaluarán su cumplimiento. No deben realizarse para “cubrir el expediente” son para asegurarse de que las cosas se hacen bien y según lo consensuado como correcto. Es bueno que, al menos una vez al año, no sólo veamos cómo se trabaja, sino que se planteen mejoras sobre lo ya implantado. Tomar consciencia de su importancia en todos los niveles, es crucial.
  • El premio y el castigo. Valorad a la gente buena delante de todos. Conseguiréis que estén a gusto con vosotros y será ejemplo de recompensa  para los demás. El castigo, en casos graves o menores reiterados, también es ejemplo. Tiene efecto disuasorio sobre los que pensaran hacer algo mal. La ley tiene a la policía y los jueces para proteger a los justos.

Si queremos cambiar las cosas, dejemos de criticar y decir “se debería hacer…” Pongámonos manos a la obra cada uno en nuestro entorno. Romped los códigos de silencio. Exponed con cabeza vuestras ideas. Siempre en positivo, ofreciéndoos para trabajar y saliendo en ayuda de quien intenta mejorar. Dad ejemplo… No os paréis en la empresa. El acoso, los malos tratos, el aislamiento social… son caras de la misma moneda. “No me preocupan los gritos de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los de sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos” Martin Luther King

Diego Lias

miércoles, 15 de octubre de 2014

MIEDO



Verano del 2008, el reventón de la burbuja inmobiliaria es un hecho, Martinsa-Fadesa quiebra, el precio de los pisos y el suelo cae. Los bancos que han financiado la burbuja tiemblan. Vuelta del verano 2008, Lehman Brothers quiebra, el Mundo está en crisis. Las ventas de automóviles en España caen a plomo por encima del 40%. Cunde el pánico. Muchos bancos ponen la cruz al sector inmobiliario y al de automoción, intentan sacar su dinero de estos sectores a toda velocidad… Miedo

La naturaleza nos ha dotado de un dispositivo de protección contra el ambiente hostil que nos rodea. Nuestro cerebro reptiliano, el primitivo, contiene nuestras emociones básicas en la Amígdala y la Corteza Prefrontal. Es el guardián del miedo. Nos previene de las posibles amenazas, altera nuestras constantes y nos pone alerta para reaccionar. No es bueno ni malo, depende de cómo se canalice y cómo entrenemos a nuestro cerebro para reaccionar. Nos hace ser reflexivos a la hora de tomar decisiones, la ausencia de miedo impide evaluar correctamente los riesgos y conduce a decisiones alocadas. Por el contrario, el miedo descontrolado bloquea la toma de cualquier decisión o provoca acciones irreflexivas fruto del pánico. Esta última afirmación, nos suena a parte de lo sucedido durante la crisis.

Lo nuevo, lo desconocido nos produce miedo. Un desconocido, al acercarse, es una amenaza hasta que con sus gestos y palabras nos muestran que no lo es. ¿Cómo no van a producir reacciones superiores la incertidumbre de una crisis? El miedo altera nuestra percepción de la realidad, incluso a nivel espacial. Cuando llegamos a un sitio que no conocemos, todo parece más grande. Al poco tiempo, cuando lo dominas, parece más pequeño. May-Britt, Edvard Moser y John O’Keefe, premiados con el Nobel de Medicina 2014, han conseguido explicar cómo el cerebro procesa nuestra situación en el espacio, nuestro GPS. El Hipocampo, construye el mapa del entorno. La Corteza Entorrinal, reconoce los límites y la situación de la cabeza. La combinación de ambos dice dónde estamos. Es curioso que esas partes del cerebro se encuentren junto a la Amígdala y que nuestra percepción del espacio se vea alterada por el miedo. Formularé una hipótesis: A veces, cuando tenemos miedo, magnificamos la amenaza y nos centramos en ella en exceso, sin ver salidas, angustiados por sentirnos “encerrados” en el problema que nos supera, genera claustrofobia, y ansiedad. ¿No podría ser una conexión no deseada de nuestro sistema GPS y la amígdala, que actúa en sentido contrario, poniéndonos límites a la solución de los problemas o magnificándolos, inducida por el miedo? ¡Ya tenemos culpable para el pánico de la crisis! (Perdón, presunto, abría que demostrar los cargos)

Echemos un vistazo a la trastienda de nuestras motivaciones. Actuamos por recompensa  o por castigo, en realidad por el miedo al castigo. Nuestro sistema social se basa en estos principios. La legislación, la educación, la dirección de nuestras empresas… Puede parecer cursi, pero la proporción de amor o miedo que ponemos en un sistema, lo define. Científicamente, se ha demostrado que la Oxitocina, llamada hormona del amor, actúa contra el miedo, incrementa la confianza y las relaciones sociales. Se generan en grandes cantidades durante el embarazo y la lactancia. Aldous Huxley  autor de “Un mundo feliz” dijo: “El amor ahuyenta el miedo, y recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor, el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma.” Las direcciones basadas en el miedo obtienen obediencia y rapidez en la ejecución pero eliminan la humanidad, fomentan la brutalidad, limitan la creatividad y la delegación en toma de decisiones.

Durante esta crisis, hemos visto decisiones basadas en el pánico. Todos conocemos casos de empresas que se han hundido por este motivo. Personas en bancos que han retirado fondos a empresas viables. Decisiones tomadas para salvar mi “culo” en contra de los demás o de la misma empresa. Y así, un largo etcétera. En definitiva, pérdida de control del miedo en la toma de decisiones, falta de cabeza fría y pérdida de humanidad. Afortunadamente también hemos tenido casos de lo contrario. Personas en bancos con suficiente visión para estar contigo en los momentos duros porque han evaluado otras cosas que los anteriores, por su bloqueo, no vieron. Personal comprometido con su empresa que se han dejado los “cuernos” para salir adelante, aportando grandes y pequeñas ideas. Y así, un largo etcétera. La combinación de la gestión del miedo con los sistemas de gestión positivos, han sido “factor determinante” para sobrevivir.

Cuando te conoces, tomas conciencia de tus miedos. Los analizas, rompes esas barreras que nos ponemos o nos pone la Corteza Entorrinal. Eres capaz de verlos desde un plano superior, descubres que son superables y ves las salidas. Piensas con la cabeza fría. Somos capaces de forzarnos y aprender a romper esas barreras. La Amígdala puede aprender. Formaos y entrenaos para reaccionar de una forma correcta y ágil. Utilizad más el amor que el miedo en vuestras relaciones y sistemas de dirección. Valiente no es el ausente de miedo, es el que lo supera.

Diego Lias

domingo, 5 de octubre de 2014

SUCESIÓN


Felipe VI, Ana Botín, Dimas Gimeno. Nombres aparecidos en prensa en los últimos meses que nos traen una palabra a la mente, SUCESIÓN. Si creéis que esta palabra no tiene nada que ver con vosotros, resto de mortales, es posible que estéis confundidos.

La sucesión de Felipe VI, no necesita comentarios. Dimas Gimeno, es el tercer sobrino por parte de hermana de Isidoro Alvarez, que a su vez era el hijo del primo de Ramón Areces. Ana Botín, hija mayor de seis hermanos, toma el testigo de su padre Emilio Botín, que a su vez lo tomó de su padre del mismo nombre y de una larga saga.  Son ejemplos de sucesiones ordenadas y entendemos que planificadas. Pero la sucesión de mi barbero (Rafael), que pasó el testigo a uno de sus empleados (Miguel) y otros muchos casos que tenemos cada uno en nuestros barrios o en nuestras familias, son también ejemplos de sucesiones ordenadas y planificadas. Según el “Retrato de las PYME de 2014” elaborado por el Ministerio de Industria, casi 1.7 millones de empresas son de un solo trabajador. Con más de uno hasta nueve, son 1.3. Entre ellas podemos encontrar desde las dedicadas a instalaciones eléctricas a bufetes de abogados. No son sólo grandes empresas o reyes los que se plantean las sucesiones. No sólo les afecta a ellos, afecta a los empleados y a las familias. Es más, la sucesión hay que planteársela también en el puesto de trabajo por cuenta ajena, y en más sitios.

Durante el reinado de Isabel la Católica se instauró el “mayorazgo” mediante las Leyes de Toro en 1505, el primogénito lo heredaba todo. Su objetivo fue evitar el fraccionamiento por litigios sucesorios, y mantener el poder económico y militar, consiguiendo que los nuevos proyectos fueran viables, estables y permanentes. Recordemos que la fuerza, o el mostrar fortaleza, era importante en un reino fronterizo en guerras constantes. Las empresas también viven en el mundo fronterizo. Aquí no está en cuestión la herencia, es independiente. La cuestión es quién queda al mando. Una cabeza visible, con formación y fuerza para acometer los nuevos retos, y mostrar una continuidad y estabilidad. Capaz de evitar que la incertidumbre y otros factores devoren al negocio. El tiempo pasa, pero el mundo, no cambia.

Las consecuencias de una sucesión no planificada o que se tuerce, terminan en desastre. Los ejemplos en la Historia son casi los acontecimientos más mencionados, habitualmente referenciados a guerras y épocas de gran inestabilidad. Pero también el arte, en todas sus facetas, ha tratado la sucesión. Hamlet, os recuerdo que está en el género de “Tragedia”, tiene como argumento e hilo conductor la sucesión, con todas las bajezas humanas que giran a su alrededor. Son tan universales y vigentes que ha llegado a nuestros días manteniendo toda su fuerza en los planteamientos. El análisis es infinito, pero quedémonos con algo tan profundo como que: “aquí muere hasta el apuntador” ¡Pobre Dinamarca!

Bajezas humanas, como la sucesión sobrevenida por “Golpe de estado”. Estando tranquilamente sentados en su sillón, algunos reyes se han visto traicionados hasta por sus propios hijos. En algunos casos han llegado al parricidio. En otros casos, y he de decir que en nuestros días es una forma muy común de quitarse de en medio al de arriba, por declararlos incapaces (sin serlo, que puede haber casos legítimos). Podríamos pensar que Juana, la hija de Isabel y Fernando, obtuvo su sobrenombre de “Loca” porque quisieron hacer creer que lo estaba para “quitársela de en medio” ¿quién sabe? Hubo mucho más que locura y sí muchas intrigas e intereses (Castellanos, Aragoneses (su propio padre), Ingleses y Austriacos) Hemos visto en prensa casos de juntas celebradas en un coche por motivos como los mencionados y otros similares. En todos ellos, siempre hay una “justificación” que suele ser de “salva patrias” para obtener el poder. 

Hay muchas cosas que plantearse para planificar la sucesión. Existen empresas que se dedican a hacer planes de sucesión, tenéis libros a vuestra disposición, el Estado ha editado para PYMES, que yo sepa, al menos uno. La preocupación estatal es importante porque es un hecho que es una causa de destrucción de empleo de relevancia. Con los números mencionados antes, si añadimos que en Madrid el 90% de las empresas familiares se hunden con los nietos, parece claro. De todos los factores de la planificación, destacaría la formación y ganas del sucesor. No tiene por qué ser el hijo/a. El caso del Sr. Gimeno es un ejemplo, aunque sí debe ser alguien de total confianza. Desde mi punto de vista, es la piedra angular. Personas poco preparadas, que están al mando o en un puesto relevante, sólo por ser familia, es uno de los muchos errores. La motivación, el que hagas que tu hijo termine al mando del negocio de ventas de tractores, cuando él lo que siempre ha querido es criar caballos, puede ser otro error.

¡Resto de mortales!, asalariados como yo. Las posibilidades de verte metido en una o varias sucesiones, son altísimas (por los números mencionados). ¡Cuidado con los ríos revueltos! Lo fundamental es mantener la calma y no fomentar los “chismorreos”. La estabilidad es básica y será nuestra guía durante el proceso. No sólo no la perjudiqueis, fomentadla, haced fácil la transición, la supervivencia de la empresa depende de ello. Si hay lucha de poder, intentad trabajar para el accionista genérico, buscad lo mejor para él. Procurad que la “guerra” sea entre accionistas y que esté al margen del funcionamiento de la empresa. Conseguir esto, es muy complicado. Es muy fácil que, aunque no lo queráis, os veáis involucrados y en momentos de fuertes tensiones y presiones. Sed éticos y obrad según los intereses generales, no los vuestros, o los de un tercero parcial. Requerirá que os preguntéis constantemente cuando toméis decisiones, porque todos somos humanos y tiramos para nuestro beneficio. Si la empresa se salva y todo sale bien, os sentiréis orgullosos; y si termináis en la calle, también. Sabréis que habéis hecho cuanto estaba en vuestra mano de una forma profesional y ética. Alguno puede que te llame tonto por no haber pensado en ti. En mi opinión, y es sólo mi opinión, el pensar que he pisado y matado sólo para sobrevivir, trabajado para que llegara el final de la empresa o hacer algo ilegal (que en estas situaciones hay tentaciones de este tipo), me haría un desgraciado. No hay nada que valga lo suficiente para ir a la cárcel o perder tu alma. Un amigo me dijo una vez, “mejor en el paro que en la cárcel”. El mundo no se acaba, aunque lo parezca.

Nadie está libre de cambiarse de trabajo, que le cambien, caer enfermo o incluso de morir. Todos podemos ser sucedidos. Vuestras cosas tienen que estar ordenadas en todos los sentidos. Me he encontrado con muchas personas que eran “cuellos de botella” en su empresa. Normalmente se creen imprescindibles de esta manera, con el puesto asegurado. En realidad son una lacra, no lo seáis. Tu valor no está en que nadie más lo sepa hacer, está en que nadie más lo sepa hacer tan bien como tú, que nadie aporte todo lo que tú aportas. Si alguien de mi personal cae enfermo, hay otra persona que lo sabe hacer. Tendrá que tirar de apuntes y será más lenta, pero no nos paramos todos. Sed también ordenados en vuestra vida personal, todos tenemos personas que dependen de nosotros y nuestra responsabilidad con ellos, va más allá de la muerte. Es muy triste ver ciertos casos. Si te importan los tuyos, no querrás que pasen por ello. Ya será bastante el no contar contigo.

Bueno, el que no se hable de las cosas, no quiere decir que no van a pasar. Mucha gente no toma decisiones por miedo y esperan que se soluciones solas. Sé que en este tema, es mucho más común el no pensar en ello y no tomar decisiones porque trata de cuando no estemos, o por jubilación o por cosas peores. Tenemos una gran responsabilidad, como he dicho “más allá de la muerte”. Con la sociedad, por la pérdida de puestos de trabajo; con la empresa, por su supervivencia; con los empleados, porque eres el sustento de su familia; con los accionistas por su inversión; y con nuestra familia, porque les queremos. Tomad decisiones.

Diego Lias












lunes, 29 de septiembre de 2014

ERRORES

 
Arthur Andersen 1913-2002. Los presuntos errores de actuación de un único equipo de auditoría en todo el mundo, causaron el hundimiento de una de las 5 grandes auditoras a nivel mundial. Miles de trabajadores se vieron afectados. Gracias a la rápida actuación y a la calidad de sus socios y trabajadores en los distintos países, los puestos de trabajo no desaparecieron. El 31 de mayo de 2005, la Corte Suprema de los Estados Unidos absolvió a Arthur Andersen por la vaguedad de las pruebas e incluso dijo que el jurado había sido aleccionado por la fiscalía. Ya fue tarde, el daño estaba hecho, Arthur Andersen, como era, había dejado de existir. La competencia a nivel mundial se había reducido un 20% de golpe. Existe el rumor de que los gobiernos, nunca más dejarán que se hunda una de las cuatro grandes que quedan (demasiado grandes para caer).

Desde mi punto de vista, es un caso espectacular para estudiar muchas cosas. Sólo los implicados saben la auténtica realidad; pero un supuesto error causó el colapso mundial de una empresa con magníficos profesionales. Primera lección: No subestimar los errores. El gran error lo cometió Enron. En ese error estaban implicados muchos niveles de supervisión y poderosos, ¿no podría haber sido que hiciera falta un chivo expiatorio? Segunda lección: Un error puede ser magnificado hasta el extremo por terceros debido a intereses partidistas. Goebbels (Jefe de la propaganda Nazi) decía “Cargad sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo al ataque con el ataque. Si no puedes negar las propias noticias, inventa otras que las distraigan” Nos suena mucho a la política de cualquier signo, los programas de televisión… Hay más, pero no quiero seguir con esto. Sólo quería haceros pensar lo importante que puede llegar a ser un error pequeño dentro de una magnitud grande y en lo irreversible que puede llegar a ser. Es que, incluso un error insignificante te puede llevar a la muerte. La primera lección global, no es la particular de este caso que he dicho antes, en realidad es:

“Planificad, poned todo los medios y controles, necesarios para evitar los errores, no deis nada por supuesto. Aún así se cometerán, pero que sean los menos posibles, el riesgo será menor”.

Lo cual no significa que no tomemos decisiones. Como decía Confucio: “Los cautos rara vez se equivocan” y es que desde mi punto de vista, no hay decisión peor que la no tomada. En esta crisis he visto, en muchos sectores, personal directivo que no ha tomado decisiones por miedo a equivocarse y que se le pusiera en la calle. La responsabilidad de un directivo es la toma de decisiones, no se puede escurrir la responsabilidad, menos aún de tomar una decisión. Muchas veces actuamos bajo presión y tomamos una decisión demasiado rápida. Otras en cambio esperamos tanto a tener suficiente información, que cuando la vamos a tomar, es tarde. Aquel que tiene el olfato para tomar una decisión en el momento apropiado, tiene muchas menos probabilidades de errar. Cada situación tiene su momento, no hay recetas, todos lo hemos vivido y todos lo sabemos. El tiempo y el lugar son claves.

Anda pululando una frase por internet, que no sé de quién es, pero es de alguien con mucha cabeza: “Todos cometemos errores: Los sabios los admiten y aprenden, los inseguros los niegan, y los tontos los repiten” ¡Qué gran verdad! Para nuestras vidas y para la empresa. Cuanta más experiencia tienes, más errores has cometido. Por tanto, eres consciente de que cualquier actuación o toma de decisiones conlleva el riesgo. Unas veces por sobrecarga de trabajo, otras por falta de atención, otras por no seguir los procedimientos… los errores pueden tener una o varias causas. La principal es que somos humanos y no siempre estamos al 100%. En cuanto te das cuenta de esto, aprendes de los errores para ver la causa e intentar remediarla y no volver a cometerlos. Los errores puntuales son puntuales, entran dentro de la estadística humana. Los que se producen con mayor frecuencia, son los que hay que analizar más, porque son susceptibles de mejorar hasta convertirlos en puntuales. ¡Pero qué común es encontrar personas que niegan sus errores! Es difícil corregir si no ves el error. Los inseguros, antes mencionados, pasan a tontos en un “pispas” ya que continúan cometiendo errores, no analizan y no ponen los procedimientos para evitarlos.

David Fichman, especialista en liderazgo dice: “Nos cuesta tanto aceptar nuestros errores, porque nos han condicionado de niños a recibir cariño sólo por nuestros aciertos” El error, continuado y descuidado, debería estigmatizarse, pero tengamos en cuenta que una de nuestras fuentes de aprendizaje, es el error. Se ve claramente en el mudo informático actual. Un niño aprende por ensayo, prueba y error a manejar cualquier máquina. Aprende a superar “pantallas” de un juego a través de sus errores. Los juegos electrónicos son una fuente de aprendizaje fantástica, siempre que se usen de una forma moderada. Pero esto mismo nos ha ocurrido toda la vida, hemos aprendido de nuestros errores, si hemos sido listos, y si hemos sido más listos, de los errores de los demás. El error suele llevar aparejado un castigo y el acierto un premio, por eso nos esforzamos en no cometer el error. A veces, cuando lo cometemos, intentamos ocultarlo para no sufrir el castigo o lo que es peor se lo achacamos a otro, para que cargue con nuestro castigo. Benjamin Franklin decía:”Sólo el hombre íntegro es capaz de confesar sus faltas y de reconocer sus errores” La recompensa del hombre íntegro es aprender a ser mejor y que, en el fondo, sus errores se vean de otra forma por los demás. Es lo que llamamos “pedir perdón”. Condición indispensable para que el resto pueda ejercer el perdón.

La educación es clave para reducir los errores. Thomas Jefferson decía: “No se debe ser demasiado severos con los errores del pueblo, sino tratar de eliminarlos por la educación” Esto llevado al día a día, significa que cuando alguien comete un error debemos enseñarle todo sobre el error. Las causas, las consecuencias, cómo se produce, cómo  evitarlo… En la oficina, con nuestros hijos, con nuestros amigos, etc. Tened mucho tacto, ya hemos visto que a nadie le gusta que le corrijan un error. La segunda parte es: si alguien no sabe, no puedes exigir que haga las cosas correctamente, para exigir antes hay que enseñar.

Por último una frase de Shaw (escritor irlandés) “Los hombres se equivocan con más frecuencia por demasiado listos que por demasiado buenos” La soberbia lleva al error y la buena voluntad, con más frecuencia al acierto. Esforzaos al máximo en hacer las cosas bien, si falláis, analizad y aprended para intentarlo otra vez hasta acertar. No os desaniméis, estáis aprendiendo si hacéis vuestros mejores esfuerzos. Pedid perdón por vuestros errores. Sed indulgentes con los errores de los demás, si se han cometido después de un esfuerzo y han aprendido. Enseñad a los que no saben. Poned todos los medios posibles para evitar los errores, algunos pueden ser irreversibles. Pero sobre todo, piensa que tus errores y cómo los superaste, han moldeado más tu carácter que tus aciertos.


Diego Lias

domingo, 21 de septiembre de 2014

ÉXITO



Recientemente han muerto varias personas de renombre. Robin Williams famoso actor de Hollywood, se suicidó hace unas semanas. Emilio Botín artífice del crecimiento y expansión del Banco Santander falleció hace unos días y poco después Isidoro Álvarez, otra persona que ha hecho crecer su empresa hasta límites insospechados cuando la cogió. A todos ellos se les atribuye el haber alcanzado el éxito. Si preguntas a nivel histórico sobre personajes con éxito, la gente te dirá: Julio César, Alejandro Mágno, Napoleón…También hace poco, leí un artículo de una famosísima entrenadora personal americana. Lleva muchos años encumbrando directivos. Comentaba que a muchos de ellos les había acompañado a lo más alto, pero nunca era suficiente, incluso cuando eran los CEOs de importantes empresas, decidían cambiar de sector.

En una reunión de negocios con personas de otros países, que resultó transcurrir con una dinámica poco habitual, se habló mucho de valores y de las distintas religiones. Una de las personas con más peso preguntó: “¿Qué es para vosotros el éxito?” Si preguntáis lo mismo a alguien, veréis que casi nadie responde inmediatamente. Todos los ojos se van al techo, lo cual indica que nos lo pensamos antes de contestar. Es una pregunta con miga y que nadie acierta a decir una definición común y rotunda. Hablamos de ÉXITO con mayúsculas, éxito en la vida, no de éxito en el trabajo, con las chica/os, en el deporte, etc. ¿No os parece raro el que no nos paremos a pensar en ello siendo fundamental?

El diccionario de RAE en su primera acepción define Éxito como “Resultado feliz de un negocio, actuación, etc” y su segunda acepción “Buena aceptación que tiene alguien o algo”. A nivel popular, solemos hablar de “Tener” o “Ser” (en el sentido de posición).  Os daré mi definición:
“Éxito es ser feliz e inmortal. La clave: dar” (Diego Lias, filósofo de pacotilla)
Te habrás quedado tan a gusto, pensaréis algunos. Luego no me saquéis la frase de contexto y digáis que estoy a favor de ser vampiro. Os explico la teoría:

Feliz.


Lo dice incluso La RAE en su definición, Feliz. El Sr. Williams se suicidó, obviamente no era feliz. Parece que incluso buscó la felicidad en sitios donde no reside, como el alcohol y las drogas. Julio Cesar murió asesinado por los suyos… Conversando con un amigo sobre la muerte del Sr. Botín, yo comentaba que qué lástima que trabajara tanto y no hubiera disfrutado de lo que tenía. Había muerto sin dejar de trabajar en jornadas maratonianas a una edad a la que la gente suele estar jubilada. Me dijo algo que me hizo reflexionar “Seguramente a él ya no le importaba el dinero ni la posición, su gran pasión y lo que le hacía feliz era su gran proyecto del Banco Santander” no sé si estaba en lo cierto, pero si me hizo pensar. Mi forma de ver la felicidad puede no coincidir con la de los demás. A veces nos empecinamos en transmitir que para tener éxito, para ser feliz, tenemos que ser o hacer. Nos lo dice la sociedad, pero también se lo transmitimos nosotros mismos a nuestros hijos. Queremos que tengan “éxito” y les empujamos a cosas que no quieren hacer. Todo porque su padre y su abuelo fueron o porque yo soy y no quiero que sea. Es cierto que en determinados momentos, su juventud y falta de madurez nos puede hacer aconsejarles, ver sus potencialidades y ayudarles a desarrollarlos para que cuando decidan su destino, sea una decisión propia pero reflexionada. Al final, es importante que tomen sus decisiones, el que les guste su vida, será su felicidad.

Buscamos el éxito a costa de sacrificar lo que sea para llegar a él, dejando cadáveres y nuestra propia alma por el camino para luego llegar, como esos CEO de éxito, al espejismo y ver que allí no estaba la felicidad. Cada uno tiene su forma de ser feliz, pero en mi opinión la felicidad está en dar y lo que es casi lo mismo, compartir. ¿De qué te sirve Tener o Ser y no puedes compartir o dar? No hablamos de dinero. Hablamos de pensar en los demás y en qué puedes aportarles. Es más, cuanto más Seas o Tengas, tu obligación es mayor, porque tu potencial es mayor. Si eres inteligente, tienes posición social, una habilidad especial, poder, posibilidades… ¿Qué estas aportando a tus compañeros de trabajo? A lo mejor durante esta crisis, tus esfuerzos y malos ratos han ayudado a que la gente que te ha dado trabajo no pierda su empresa y a que tus compañeros puedan seguir teniendo un sitio donde ir a trabajar. ¿Te sientes orgulloso? Sentirse orgulloso te hace feliz. Eso es éxito. Compartir el trabajo de casa y hacer más fácil la vida en común, dando un poco de tu libertad, contribuye a ver a los demás felices y eso te hace feliz. Eso es éxito. Trabajar en miles de cosas pequeñas del día a día que contribuyen a hacer felices y a mejorar la vida de los demás, te hace feliz. También compartir conocimiento, alegrías, y las penas, apoyar a los que lo necesitan en los momentos duros, te hace feliz y un triunfador ¿Quién no quiere tener un amigo como tu al lado? ¡Sigue! Sigue pensando en todas las cosas que dando o compartiendo te hacen feliz de verdad, verás que también te hacen un triunfador.

Inmortal.


Mucha gente ha buscado el éxito como sinónimo de inmortalidad, pasar a la posteridad. Al final, la segunda definición de La RAE “tener buena aceptación”. Un reconocimiento, y si es posible, que dure por los siglos de los siglos. Algunos de los que he mencionado lo han conseguido. Para el resto de los mortales, sólo queda el olvido. En dos generaciones se habrán olvidado de nosotros y sólo seremos polvo en el viento. Pues esto que he dicho, no es cierto. Todos estamos llamados a alcanzar la inmortalidad. En Gladiator, Máximo dice: “lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad”. Estamos programados para transmitir nuestro ADN para que nuestra especie perdure, no es lo único importante. Lo importante es que con cada acción que realizamos, con cada frase que decimos, con cada ejemplo que damos, con cada conocimiento que trasmitimos y mejoramos, con cada valor que mostramos, dejamos nuestra impronta en los demás. No sólo se transmitirá, sino que puede que sea el germen de grandes cosas. Todo importa, cada acción. Hay frases que me han dicho que han marcado mi vida. Probablemente el que la dijo ni se acuerda. Quien dice frases, dice hechos y acciones. El conjunto de todo esto que se trasmite, incluyendo el arte, literatura, etc., conforma La Humanidad. Todas las grandes cosas provienen de pequeñas, hasta las grandes ideas comenzaron con un germen. No te creas poco importante. Una semilla aunque pequeña puede ser importante, lo que lleva dentro, dará su fruto. Es nuestra obligación, que las semillas que dejamos, sean capaces de dar frutos hermosos. Entonces seremos inmortales.

Hablad con la gente que se ha jubilado y preguntad que ha sido lo importante de su vida ahora que, en teoría y según el concepto generalizado, no pueden perseguir el Éxito. Veréis que su búsqueda no ha terminado y ven con más claridad lo que os he dicho. Siguen en busca de la felicidad y la inmortalidad, aunque ya no “trabajen”, ¿O no están ahí ayudando en todo lo que pueden y transmitiendo cada día? No busques el éxito en “Ser” y “Tener”, es un espejismo. Sed felices a través de hacer felices a los demás. Esforzaos cada día al máximo, hasta en las cosas más pequeñas. Romped los límites de vuestros propios límites. Con un trabajo bien hecho del que os sintáis orgullosos, construyendo y haciendo para vosotros, pero también para otros. Compartid, dad y transmitid, todo lo bueno que lleváis en vuestro interior. En “Salvad al soldado Ryan” el mensaje queda perfectamente dicho al final. Rayan, ya mayor y acompañado de toda su familia en el cementerio, hablando a la tumba del Capitan Miller: “He intentando vivir mi vida lo mejor posible…y haber sido digno y merecedor de cuanto se ha hecho por mí. (a su mujer) Dime que he vivido dignamente, que soy una buena persona. (Su mujer) Lo eres”. Cuando llegues al final y mires hacia atrás ¿Habrás sido feliz? ¿Te habrás hecho merecedor de todo cuanto se ha hecho por ti dando el 200%? ¿Qué habrás dejado para la posteridad que te haga ser inmortal? ¿Qué fue el Éxito? ¿Lo alcanzaste? ¡No te des cuenta de lo que es el éxito cuando ya sea tarde para alcanzarlo!

Diego Lias

miércoles, 17 de septiembre de 2014

PREGUNTA

¿Habéis pensado alguna vez en las preguntas como tales? Pues ya he hecho una. Toooodo está lleno de preguntas.

Estando mi mujer, mis hijas y mi suegra comiendo un día. Mi hija mayor dijo: “Mamá, lo de la reproducción que nos están explicando lo entiendo. Un espermatozoide de un hombre nada y nada hasta llegar al óvulo de una mujer que está dentro de ella y lo fecunda. Pero lo que no entiendo es ¿Cómo llega el espermatozoide hasta la mujer?”…Segundo de silencio…, mi mujer se atraganta, mi suegra pregunta que a qué clase de colegio llevamos a estas niñas, la pequeña mira a todas sin entender. Mi mujer, recupera la compostura y dice esa frase lapidaria “No te preocupes, que ahora mismo se lo preguntamos a papa” (paradón y balón fuera). Despacho de papa última hora de la mañana “Hola, ¿Qué pasa?”, “Nada, nada que tu hija te quiere hacer una pregunta…” Salvé la situación con un “No te preocupes cariño, que luego cuando llegue, te lo explico” ¡Como para explicar algo así por teléfono y en el despacho! Imaginaros la situación si entra alguien y estoy en medio de la explicación. Inocente de mí…, nada más abrir la puerta, al llegar a casa, estaba con su sonrisita esperando la respuesta. El resto es clasificado.

Desde bebés y sin ni siquiera hablar, ya preguntamos. Hummm ¿Qué será esto? ¿A qué sabrá? Voy a probarlo… ¡Nene! Caca, caca. Eso no se chupa. Paaaco, ya te has dejado en medio (lo que sea) y el niño lo está chupando. ¡Espectacular comienzo en la larga marcha para alcanzar el conocimiento! Necesitamos saber y conocer nuestro entorno. Lo desconocido nos da miedo. Luego, cuando le coges el “gustillo”, empiezas a hacerlo por curiosidad. Pero nunca dejamos atrás las preguntas de seguridad (son nuestras preguntas de agobios que no nos dejan vivir y no llevan a ninguna parte) Hay que pensar más en las de prosperar y hacernos preguntas a nosotros mismos para conocernos mejor.

Rabindranath Tagore dijo: “Hacer preguntas es prueba de que se piensa” Y puestos a pensar la gente se preguntó incluso qué preguntas se tenían qué preguntar, no sólo para alcanzar el conocimiento, sino además, para que fuera el correcto. Y una larga lista de mentes pensantes como Sócrates, Platón, Descartes, Pascal, Kant… han hablado y hablado sobre ello. El Pensamiento Crítico, La Filosofía Natural, El Método Científico, e incluso en nuestros días el Periodismo de Investigación surgen de estos pensamientos. En el mundo de la empresa el máximo exponente de métodos reglados y estructurados para alcanzar la verdad sobre una serie de preguntas, sería La Auditoría. J ¡No te rías! Hoy en día está muy cuestionada porque, en realidad, responde a preguntas distintas de lo que la gente piensa que responde, y porque en todas las profesiones siempre hay alguien que se pone al mundo por montera.

Las preguntas limitan nuestras respuestas, lo vemos con la auditoría ¿Qué te estás perdiendo de lo que no preguntas? Incluso nos permiten mentir en su faceta de “ocultar la verdad”. “Que no lo pregunte, que no lo pregunte. ¡Bien! No lo pregunto”  Y luego viene el “No lo preguntaste”. Antes de hacer una pregunta tienes que preguntarte todas las preguntas (¡Qué trabalenguas!): ¿Qué quieres saber? ¿Por qué debes preguntar? ¿Cómo debes hacerlo? ¿Cuándo debes preguntarlo? ¿Dónde debes preguntar? ¿A quién?

El “Qué” y “Por qué”, que parecen tan obvios, no lo son. Tienen todo que ver con centrar tus objetivos o metas, y nos perdemos mucho en este apartado. Damos muchas vueltas por no tener bien definido lo que buscamos. Párate a pensar, dirige los esfuerzos y serás más efectivo en llegar al conocimiento. John Ray (fundador de la botánica moderna) decía: “Un necio puede hacer en una hora más preguntas que las que un sabio puede contestar en siete años” y Einstein decía: “Si yo tuviera una hora para resolver un problema y mi vida dependiera de la solución, yo gastaría los primeros 55 minutos para determinar la pregunta apropiada, porque una vez supiera la pregunta correcta, podría resolver el problema en menos de cinco minutos” 

“Cómo”, tiene mil maneras. Su base es el poder de las palabras e influye en el tipo de respuesta. Buda dijo: “Existen cuatro maneras de responder preguntas. Hay preguntas que deben ser contestadas en forma categórica (Si/No). Hay preguntas que deben ser respondidas con una respuesta analítica. Hay respuestas que deben ser respondidas con una contrapregunta. Y hay preguntas que no deben ser respondidas” Cómo formulemos la pregunta, nos llevará a un tipo de respuesta. Definitivamente no queremos llegar al último tipo. No es lo mismo decir: ¿Tienes un rato para que veamos porqué han salido las cosas mal? A decir ¿Cuándo tengas un rato me puedes explicar porqué cada vez que haces algo “la cagas”? La respuesta y la predisposición del que responde, me temo que puede cambiar. No sólo preguntamos con preguntas. Las conversaciones, bien llevadas, nos proporcionan mucha información y a veces son más efectivas que una pregunta directa.

“Cuándo”, “Dónde” y “A quién”. Fallar en esto es lo que llamamos una “pregunta inoportuna” y nos reímos mucho cuando viene de un niño, como en el ejemplo, o cuando se hacen chistes, que hay un montón. Pero parece que no lo hemos aprendido todo desde que éramos pequeños y seguimos “liándola”. Una persona hace una entrevista de trabajo, va fenomenal y cuando está despidiéndose suelta “Y… ¿Qué es lo que hace la empresa?” Estas y otras muchas, hacen que todos los días se arruinen proyectos, se pierdan ventas o termines durmiendo en el sofá.

Cuando somos pequeños estamos llenos de preguntas. Pero nos hacemos mayores y parece que lo perdemos poco a poco. El problema es que la rutina nos da sensación de seguridad y mata la curiosidad. En la empresa, la automatización y la estandarización de procesos llevan a la eficiencia, es la rutina de la empresa. Aunque alguien haga una actividad rutinaria, debe conocer y preguntar para desarrollarla bien y entender. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué?... Es más, el dar la libertad para hacer estas preguntas, lleva a otro tipo de preguntas como ¿Y si? Este tipo de preguntas son las que pueden optimizar los procedimientos o incluso plantear un cambio total que lleve a una eficiencia superior. Esto en rutinas, no digamos ya en creatividades mayores.

No limitéis la potencia ni la creatividad de vuestra empresa, hijos, amigos… restringiendo las preguntas. No tengáis vergüenza “El que pregunta se muestra como ignorante una vez, el que no pregunta es ignorante toda su vida” (Proverbio Chino). No tengáis miedo: A veces no queremos saber (por ejemplo ir al médico) y cuando no tenemos más remedio, la respuesta puede ser peor. No formuléis vuestras preguntas sin pensar, pues también muestran vuestra inteligencia y prudencia. Las preguntas llevan al conocimiento y el conocimiento es poder. Es poder de ayudar, como un médico, es poder de convencer, es poder de enseñar, es el poder de la verdad, es el poder de… De ser capaces de hacer las cosas bien en beneficio de todos. Preguntar es una actitud y un deber. ¡Pregunta!

Diego Lias








martes, 9 de septiembre de 2014

CONVERSANDO CON LA MIRADA


Cuando eres pequeñito y te enseñan las partes del cuerpo, es muy habitual que te digan al llegar a los ojos“¿Y para que sirveeen? ¿Paraaa? Para veeer, ¡muy bieeen! (con el soniquete típico que le ponemos a los niños como si fueran tontos) Estupendo, dando información parcial. Los ojos no sólo sirven para ver, sirven para hablar, pero de una manera mucho más compleja, porque una mirada puede contenerlo todo. Va más allá de hablar, es emoción y sentimiento contenido en el mensaje. Con los ojos emites y recibes amor, alegría, tristeza, complicidad, ira, frustración, indiferencia, burla, amabilidad… en general todos los sentimientos humanos y además las frases no dichas.

Cuando era un adolescente, me apunté a baloncesto. ¡Cuánto aprendí y lo que me ha servido más tarde! Y nada relacionado con una pelota. Entre otras cosas, me enseñó mucho autocontrol. Era un adolescente con bastante carácter y un gran orgullo (mala combinación). En menos de un año, me mostraron como canalizarlo y utilizarlo para conseguir cosas positivas, fundamentalmente con el amor propio y esfuerzo.  El tigre, aunque controlado, sigue ahí. No es malo, pero lo digo porque en una ocasión, me ocurrió una cosa curiosa. Sucedió durante un partido y no lo he visto nunca más. Me expulsaron sin hacer ni decir nada. Cuando le pregunté al árbitro, me dijo que era por mirarle mal. ¡Cómo le miraría para expulsarme! Me parece que me pasé con la conversación visual. Sin querer vio al tigre. Aunque contenido, se asomó a mi mirada y algún rugido le debió de sugerir (ni os cuento lo que pasaba por mi mente en ese momento)

Se ha estudiado mucho el comportamiento humano relacionándolo con cómo movemos los ojos, dónde miramos, el tamaño de la pupila, etc. Psicólogos como Ralph Exline, antropólogos como Edward Hall o Adam Kendon biólogo y psicólogo experimental, son algunos investigadores. Se han descubierto infinidad de cosas aplicables fuera y dentro de la empresa. Estos descubrimientos se han adaptado a técnicas utilizadas en las reuniones, en negociaciones, en el día a día e incluso y en la selección de personal. Por ejemplo, se descubrió que donde se dirige la mirada, marca los turnos del habla. Cuando escuchas, miras fijamente. Cuando vas a hablar, desvías la mirada justo antes y luego no fijas la mirada en el que escucha, solo ocasionalmente. Cuando vuelves a fijar la mirada, indicas que es su turno. En entrevistas, o incluso negociaciones, si quieres que la otra persona se ponga nerviosa y hable más de la cuenta, alteras el orden. El entrevistado termina, pero se encuentra con que sigue la mirada fija en el. Como el entrevistador no solo no habla, sino que además está mirando fijamente, el entrevistado siente presión sobre continuar hablando. El fijar la vista y callar es la pose del que escucha, por eso, genera una situación incómoda y en muchas ocasiones hace que continúe hablando más de la cuenta.

Si no nos miran, no hablamos. Necesitamos que nos miren para empezar a hablar. Pensad en alguien ante una audiencia, cómo reclama la atención y hasta que el auditorio no mira, no comienza. Donde has nacido, importa. Un americano evita la mirada directa a personas desconocidas en sitios multitudinarios, mientras que un israelita te mira de arriba abajo. Esta situación puede incomodar a ambos porque se interpreta de diferente manera. Las mujeres y las personas más afectivas, miran más que los hombres y las menos afectivas. Las miradas directas nos hacen sentir expuestos y vulnerables. Además tienen muchas veces connotación sexual. Si tus pupilas se dilatan ante un acontecimiento o una visión, demuestra que te llama la atención. Dependiendo del contexto puede indicar mentira, que te gusta lo que ves, etc. Si mantienes poco la mirada, denotas inseguridad. Si lo haces demasiado, eres maleducado e incomodas a los demás…

Son mil cosas a tener en cuenta, muchas en contexto y que requieren un entrenamiento estupendo y una vista de águila cuando, por ejemplo, quieres ver las pupilas a alguien. No podemos controlarlo todo conscientemente. Hay un experimento que me llamó la atención. Se midieron las ondas cerebrales de un grupo de monos. Cuando un hombre les miraba, las ondas se alteraban y además parecían deprimidos. Lo sorprendente es que si el hombre permanecía oculto, el efecto era el mismo cuando les miraba fijamente. ¿Cómo podían saber o sentir que les miraban? Hay muchas cosas que quedan por explicar y estoy convencido la ciencia irá encontrando explicaciones. Hay incluso teorías de que los ojos son una extensión del cerebro al estar tan próximamente ligados y que muestran cómo funciona o reacciona nuestro cerebro, por ejemplo con la dilatación de las pupilas al indicar que algo te gusta.

Intento siempre utilizar la lógica, pero en las miradas, reconozco que muchas explicaciones se me escapan. Cuando no tienes explicaciones puedes caer en otro tipo de teorías folclóricas, como el mal de ojo y cosas por el estilo. Las miradas son tan a menudo tan rápidas que cómo es posible que podamos captar tanto. Os diré mi teoría no científica, me da vergüenza porque soy de ciencias y no me encuentro cómodo con definiciones no palpables:

“La pasión es la iluminación que proyecta nuestra alma a través de la mirada para que sea visible a los demás” Diego Lias (Filósofo de pacotilla)

¿Os habéis fijado en un líder innato, cómo transmite a los demás? Sus ojos “enganchan” con su mirada ¿Habéis visto cuando una mujer se ha enterado de que se ha quedado felizmente embarazada? Su mirada “brilla” con más intensidad por la alegría. ¿Habéis visto la “calidez” de la mirada de compasión de un cooperante en un desastre? ¿Habéis visto las últimas palabras de alguien en su mirada al morir? ¿Habéis sentido el miedo cuando alguien os ha mirado con odio? ¿El vacío con una mirada de indiferencia? ¿El frío con una mirada fulminante?  ¿A que de todas estas situaciones, principalmente recordáis la mirada? No sé cómo, pero una persona sin pasión se vuelve gris y sus ojos no transmiten nada, incluso las drogas vacían la mirada. Mi recomendación es que si queréis establecer una comunicación especial con los demás, viváis la vida con pasión porque proyectareis vuestra alma y seréis capaces de tocar el alma de los demás. Pero hacedlo para el bien, porque también se pueden proyectar los malos sentimientos, como el odio, que es fruto también de una pasión, pero negativa. No proyectéis el lado oscuro, no tocareis el alma de los demás, la estrujaréis.

Poned pasión a la vida de una forma positiva, proyectad todo lo bueno de vuestra alma, tocad y motivad a los demás. Empezad a volver a conversar con la mirada con vuestro marido, esposa, hijos, amigos. No os paréis, seguid, seguid en el trabajo, en la calle... Conversad con la mirada.


Diego Lias






martes, 2 de septiembre de 2014

PEREZA Y VAGOS


Fin de las vacaciones. Vuelta al trabajo, al colegio, a las obligaciones. ¡Qué pereza! Quien diga que no lo ha dicho jamás, miente o es de otro planeta. ¿Somos todos una panda de vagos? Creo que no. Una cosa es la tentación y otra caer en el vicio. Para mí, Pereza es la tentación de hacer el vago y Vago es ser holgazán, poco trabajador, negligente, tediosos, descuidado, flojo, lento…
Cuando mis hijas empezaron a multiplicar, me inventé una historia para que comprendieran que es una multiplicación: Había un hombre que se pasaba todo el día sumando y sumando, y siempre eran las mismas cantidades, porque el producto venía en cajas con las mismas unidades. Se le oía constantemente “Seis mas seis doce, mas seis dieciocho, mas seis veinticuatro, mas…”Había veces que llegaba hasta 3.630.000. Eso suponía una columna de suma de 605.000 números de 6. Harto de perder el tiempo, porque tenía cosas mejores que hacer, y cada día le daba más pereza hacer las sumas, se le ocurrió inventar la multiplicación. Lo que tardaba días enteros en sumar, lo pudo hacer en un minuto. Ahora hacía muchas más cosas en un día y más divertidas que sumar. Probablemente, no se inventó así, ¿quién sabe?, a lo mejor eran cajas de ocho. Cosas como esta, la invención de la rueda y otras por el estilo, estoy convencido de que provienen de una correcta gestión de la pereza, buscando ser más eficiente. En las empresas ocurre mucho cuando se optimizan procesos. ¡Lo que hacemos por no trabajar en cosas que no nos gustan y lo que avanza el mundo por esto! Eso, si lo enfocamos bien. Si lo enfocamos mal, no contaremos las unidades, o lo haremos mal, o se lo “encasquetaremos” a otro, o… Aquí hay casi más imaginación que cuando se enfoca bien ¡Cuánto talento desaprovechado en formas de escurrir el bulto!
Las funciones repetitivas, las que pueden generar conflicto, las que requieren un esfuerzo adicional… son ejemplos normales de tareas que nos pueden producir pereza y que intentamos posponer “para cuando tenga más ganas”, “esté menos cansado”, etc.  En la empresa hay mil cosas que encajan y en la vida cotidiana también. Ordenar todos los expedientes del mes, llamar la atención a alguien, planchar… Ahora se ha puesto de moda llamarlo “Procrastinar”(1) en vez de posponer. Pospones hasta que ya es demasiado tarde, pospones hasta el último minuto. Todo puede acabar en desastre, por no hacerlo o por hacerlo mal, y encima hay que deshacer lo hecho y volverlo a hacer (si se puede). Añade, además, el estrés que genera tener una tarea pendiente. Aunque quieras, no se te va de la cabeza. ¿A que todos nos acordamos, cuando íbamos al cole, de ese domingo en la cama dándole vueltas a algo que no habías hecho y que te pedirían el lunes? Pues nos pasa lo mismo ahora. A lo mejor no te das cuenta, pero ese mal humor que llevas últimamente a cuestas, son las pequeñas cosas varias que no te quitas de en medio.
Mal humor, y cosas peores. La pereza, si no se vence, se convierte en vicio, el de ser vago. El cuerpo te pide no hacer nada, descansar. Cuando estás cansado, es bueno, pero si no es así, si es por pereza, te lo pide el cuerpo para evitar el dolor. ¿Dolor? Sí, de hacer algo que no te apetece. Cuidado porque si te quedas quieto, es como los músculos con una lesión, si no los mueves por dolor, te anquilosas. Cada vez te apetecerá hacer menos y te costará más. Parado no vas a ningún lado ¿verdad? Dejarás de ver mundo y entrarás en una situación de apatía y posiblemente pueda derivar en una depresión por falta de objetivos en tu vida. Esto es llevado al extremo, pero es un peligro real. Hay mucha gente que no le gusta su trabajo. Cada día le cuesta ir a trabajar, están apáticos, cometen errores, no les consideran, su vida es miserable… En realidad han entrado en la rueda que se autoalimenta. Por sí mismos o con ayuda deben salir del círculo vicioso.
Hay veces que el entorno en la empresa, tus jefes directos, los compañeros, pueden incluso llevarte a esas situaciones y convertirte en un vago. Te hacen sentirte sin motivación, objetivos e incentivos, lo cual te lleva a la pereza y a la vagancia. Puede ser muy duro, pero no una excusa para no hacer el trabajo. Haz bien tu trabajo, el que los demás hagan cosas mal, no es excusa para que tu las hagas. Tu autoestima, tu honor y el ir con la cabeza alta, vale más que ellos. Aunque no va con el tema, no puedo dejar pasar este comentario, si soy un directivo que permite estas situaciones, debería pensar en mi futuro y en el de la empresa. Como siga así, no tendré ni futuro, ni habrá empresa. O reflexiono y cambio, o terminaré con gente sin orgullo que se han convertido en vagos, y además, enfrentado a una competencia que tiene a los que fueron los mejores de mi empresa.
Cuando me convierto en un vago, soy perjudicial para los demás, por eso es de justicia que deje de serlo. Robo a la empresa y a mis compañeros porque tienen que asumir mis tareas inacabadas o mal hechas. En casa, seguro que tenemos que hacer también algo que alguien no ha hecho. Igual que el buen ejemplo, el mal ejemplo se expande y puedo contagiar a mis compañeros “Si él no lo hace ¿Por qué tengo que hacerlo yo?”. Un buen jefe será capaz de darse cuenta, entender que es lo que sucede, las causas (analizándose incluso él y la empresa), reconducirlas y en casos extremos, despedirme porque soy una persona “toxica”, por justicia hacia los demás y por productividad. Las repercusiones de mi comportamiento, e incluso de mi despido, pueden ser devastadoras en mis relaciones con mi familia y amigos.
El ser vago, como he dicho, es un vicio. Los vicios parecen buenos al principio, pero son malos (hemos hecho un repaso de las consecuencias). No hay que cogeeeerlos, que luego es muy difícil dejaaaarlos. La receta que hemos oído siempre, no es fácil y está simplificada: Contra pereza, diligencia. La completa es: contra Pereza, Diligencia, y Constancia, y Control, y Coraje, y Decisión, y Esfuerzo, y Fortaleza, y Hábito, y Justicia, y Madurez, y Superación, y Orden, y Perseverancia, y Responsabilidad, y Sacrificio, y Voluntad, y…

Os doy otra receta, pero esta para vagos, lo de antes suena complicado: Piensa que la mayoría de las cosas que te dan pereza, son como la vergüenza, cuesta arrancar, pero en menos de 10 minutos las has superado (una llamada de teléfono, por ejemplo). El control de tu percepción, es la única barrera. No son montañas, son montículos. Empieza a andar sin pensar que andas, disfrutando del paisaje y lo superarás todo. Hazlo fácil, ve al siguiente montículo y al siguiente, pero siempre sabiendo en qué dirección vas. Disfruta y siéntete orgulloso de cada montículo conquistado. Cuanto más andes, menos te costará andar, serás más fuerte. Se eficiente para que no se te haga eterno el camino, no andes dando vueltas sin ir a ningún lado, te terminarás sentando. A veces, hay obstáculos que salvar, o posibilidades de acortar, se ingenioso para acortar y no perder más tiempo del necesario. Evalúa bien los obstáculos, a veces por mucho que lo intentemos fallamos al sortear el obstáculo. Obstinarse o el fracaso te puede dejar parado, busca otros caminos para llegar si fuera necesario. Mira atrás cuando descanses. Fíjate en todo lo que has recorrido porque venciste la pereza y te pusiste a andar. ¡Ya has descansado! ¡Eeeeeeh! Que si no vences la pereza, no empiezas a andar y te pierdes todo lo que te espera en el camino. ¡Arriba perezoso! ¡Hoy es un nuevo día y me voy a comer el mundo! ¿Quién dijo pereza?
Diego Lias

 (1)    Información para los aficionados a los “palabros”: Procrastinar proviene del latín “procrastinare”, la utilizan más los de habla inglesa porque queda muy culto. Las palabras de origen latino son muy cultas en inglés “procrastinate”. Como ahora importamos lo que viene del habla inglesa (queda también más culto)… vuelta completa, ya que esta palabra sí existe en español pero no se utilizaba. Así somos cultos al cuadrado. Recomiendo utilizar “posponer” si queremos que todos nos entendamos, salvo que quieras dejar al otro “ojiplático” diciendo que sí, como si lo entendiera.