¿Has probado a tirarte de una
montaña rusa sólo? Yo lo he hecho, no es tan divertido como cuando vas con
alguien, y no me refiero a extraños. ¿Te has tirado una segunda vez justo
después de la anterior? Yo lo he hecho, me dejó tan sorprendido la sensación de
la primera vez que lo intenté una segunda vez (a mí me encantan las montañas
rusas). Dejó de ser divertido.

Cuando era pequeño he de decir
que me pegué unos cuantos trompazos haciendo cosas que no debía. ¡Que os lo
cuenten algunos de mis primos que eran compañeros de aventuras! Aprendí que
todo tiene su riesgo y que el pasártelo bien a veces también duele… ¡Ah! y que
el Ángel de la Guarda existe, estoy vivo de milagro.
Como veis no estoy en contra de
las píldoras de la felicidad, con efectos inmediatos pero a la vez pasajeros.
Una descarga de adrenalina no viene mal de vez en cuando. Hay otras más
tranquilas: un concierto (aunque alguno puede ser como la montaña rusa),
contemplar algo bello, la lectura de un libro, o un simple chiste.

En enero leí un artículo de Johann
Hari periodista Británico. El artículo era un pequeño resumen de su libro
recién publicado “Chasing the Scream: The First and Last Days of the War on
Drugs” (2015) es un nuevo enfoque sobre el problema de las drogas. La verdad es
que el artículo me impresionó y lo guardé. No menciono el artículo porque las
drogas sean las píldoras de la felicidad, todo lo contrario. Me llamó la
atención un experimento que se hizo hace muchos años en el que se ponía a una
rata en una caja con dos pipetas para beber; una con droga y otra no. La rata
bebía de la droga hasta morir. Conclusión: probó la droga y la adicción la
llevó a consumir hasta su muerte. Años más tarde se hizo otro experimento con
el agua y las drogas, pero en vez de una rata y una caja, se hizo una caja
enorme con un parque de atracciones para las ratas lleno de ellas (volvemos a
la montaña rusa). Aunque probaron agua y drogas, bebieron agua y disfrutaron de
la juerga de estar juntos jugando. Sacaron a una y la metieron en la caja
aislada. Bebió droga hasta casi morir, la sacaron y la reintegraron con las
compañeras. Se recuperó. El artículo habla también de cómo personas que han
sido tratadas con heroína en hospitales, cuando terminan el tratamiento siguen
su vida y adictos a la heroína de la calle, en periodos similares al
tratamiento, son incapaces de dejarla. Además conocemos adicciones que no son
físicas, como la ludopatía (no se inyectan cartas en las venas), que generan
efectos similares al “enganche” de las drogas. Hari concluye que el desapego,
la falta de cariño y de contacto humano hace que se sustituya por el apego a
otras cosas, hasta por la adicción al trabajo.

Se habla mucho en la red y fuera
de ella de la alta rotación, de las nuevas tipologías de trabajadores
dependiendo de cuando nacieron. Se atribuye la alta rotación a la llamada
Generación Y o Milenians (los que alcanzaron los 18 en torno al cambio de
milenio). Lo que les motiva y demandan para trabajar es: aprender y formación
en el trabajo, que se les tenga en cuenta y que la empresa tenga un plan de
desarrollo para ellos, que tengan entornos divertidos y que las organizaciones
sean más horizontales (cuantos menos jefes tenga por encima mejor), que les
digan si están haciendo bien su trabajo, que les hablen con transparencia, no
les mientan y expliquen los porqués. ¡Yo me apunto también a esto y soy de la
Generación X! (la que comenzó a trabajar en la crisis de los 90 con tasas de
paro similares a la actual crisis). Creo que nos da igual la generación, todos
nos apuntamos a que nos traten así. En el trabajo y fuera.

Ir de un sitio a otro se llama
falta de compromiso y está muy relacionado con la búsqueda de la felicidad.
Todas las generaciones buscan la felicidad, es nuestro mayor motor en la vida.
El reverso de la moneda es evitar el dolor, evitar ser infeliz. Casi lo mismo,
está en la moneda, pero no lo es.
A veces, se producen errores en
los procesos de selección. Unas, no se cumplen las expectativas de la empresa
(el candidato no es lo que esperaban) y termina en despido. Otras, el candidato
entra en la empresa y ocurre lo mismo, no era lo que le habían dicho, termina
en el abandono prematuro del puesto. Para evitar una alta rotación el primer
paso es una buena selección. Una vez dentro, el tiempo pasa, las motivaciones
de empresa y trabajador evolucionan. En general todos nos creemos que merecemos
más que lo que se nos da, pero en el fondo somos realistas. No lo esperamos
todo, pero algunas cosas si y depende de cada uno. No hablo sólo de dinero,
hablo de reconocimiento, formación, lugar de trabajo, ambiente laboral, etc. Ya
estamos hablando de si nuestra empresa es un buen sitio para trabajar, de la
retención de talento y de otra serie de cosas a plantearse. La actuación
depende de la propiedad, directivos, mandos intermedios y empleados en general.
Pueden estar apoyados por profesionales internos y externos de RRHH. Todo esto
es normal, lo habitual, la mejora continua tanto de empresas como de empleados
y todos estamos involucrados.
Lo que no es habitual es el
saltar de empresa en empresa cada seis meses o menos. Para la empresa es más un
perjuicio que un beneficio por el tiempo y dinero invertido en la formación con
un rendimiento futuro esperado que no se ha producido. Por parte del empleado
la curva de aprendizaje ha sido mínima y por tanto la experiencia no es válida
en su CV, una línea más pero sin un valor real.
No es un problema de jóvenes, es
un problema global. Estamos siendo educados para buscar la felicidad en
consumibles instantáneos, no por una gran mano negra, sólo es un negocio
comercial. Todo se vende con “compre esto y será feliz” unas veces más directo
y otras menos, apelando a sensaciones y sentimientos. Se muestran en televisión
vidas estupendas sin problemas (salvo en los telediarios que algunos apagan
para no ver “tristezas”), hasta los vecinos parecen tener vidas sin problemas
(muchos se callan sus infortunios y muestran una cara distinta a lo que
sienten). Nos dicen que tenemos el DERECHO a ser felices. No sólo eso, hay que serlo todo el tiempo; si
no, eres un fracasado. Todo esto, nos genera es una insatisfacción permanente y
una búsqueda de la misma descontrolada. Nadie es feliz todo el rato, las
felicidades que se consiguen rápido de la misma forma se van. La buscamos en
cosas perecederas que nos apartan de los demás, pensando YO tengo DERECHO a ser
feliz, sin pensar en las consecuencias de esa felicidad que pasa por encima de
la de los demás, incluso de la gente que nos importa. Cada uno intentando huir
de las responsabilidades que parecen ahogar nuestra felicidad, los más jóvenes
escapando en los estudios o en sus primeros trabajos, los casados escapando de
los hijos o de las parejas, etc. Nos volvemos adictos a múltiples píldoras de
felicidad y nos aislamos en una caja.

Los golpes que te das al aprender
a montar en bici son necesarios para luego poder disfrutar. En mi primer
trabajo tuve momentos de sufrimiento, en los demás también he tenido otros
sufrimientos, siempre distintos. Hoy no cambiaría ninguno, cada uno me ha
convertido en lo que soy y de todos he aprendido. También en todos los trabajos
he disfrutado, en todos he tenido mis píldoras de chascarrillos y chistes, el
“subidón” de los logros y muchos buenos momentos. Cuando me acuerdo de los
momentos felices, siempre me veo acompañado. Lo divertido ha sido poder
compartirlos, con los compañeros, con los amigos, con la familia. No iba sólo en
la montaña rusa. He renunciado al sueño de saltar en paracaídas hasta que sea
más mayor, es un riesgo que no quiero correr teniendo gente que dependa de mí,
porque he adquirido un COMPROMISO. Para tener derechos hay que cumplir con las
obligaciones. No puedes esperar confianza sin haberla ganado antes.
No nos damos cuenta que hacer
honor a ese compromiso que adquirimos con los demás y que los demás adquieren con
nosotros, es lo que construye las relaciones humanas en la empresa y fuera. Estas
relaciones que no se construyen ni mantienen sin esfuerzo y que en definitiva
son la base de la felicidad. Si estás al frente de un proyecto, no hagas que la
montaña rusa sea un trenecito aburrido; si eres de los que te montas, no viajes
sólo.
Diego Lias