¡Si es que nooo aprendeeemos! Tan
tranquilos que estábamos en el Paraíso y se nos tuvo que ocurrir ser como Dios.
Primer intento de mover a alguien de su silla utilizando medios ilícitos y no
por méritos propios. Como suele ocurrir, el problema es que no teníamos méritos
propios como para poder llegar a la altura y recurrimos a los ilícitos. La cosa
no fue bien y perdimos el Paraíso. Siguiente generación, que debería haber
aprendido después de lo que les pasó a sus padres: Caín y Abel. Que si Dios quiere
más a Abel…, que mira que ofrendas tan chulas hace…, que si… Vente, vente conmigo,
Abel que te voy a contar una cosita. Rival fuera, y éste en serio, porque se lo
carga. El Rey David también se cargó al marido de Betsabé para tenerla sin
problemas ¿es que no tenía bastante con lo que ya tenía siendo Rey? Envidia,
diosa romana, hace enamorarse a Narciso de sí mismo al verse reflejado en el
lago. Como es inalcanzable su amor, muere ahogado en las aguas. ¿Quién le dijo
a Envidia que le jugara la mala pasada a Narciso? Otro envidioso (esta es
historia de envidia al cuadrado). Para envidia a la enésima os recomiendo
Otelo. Con estos comienzos la verdad es que no nos ha ido mejor después. Menuda
la que se armó en Francia con la Revolución. Hay teorías, como la de Tocqueville,
que sostiene que antes se venía de una situación mucho peor, debería haber
estallado antes. La burguesía floreciente podía llegar a tener más dinero que
los nobles, pero no los títulos. Estos se conseguían sólo por cuna. Exaltaron
al pueblo para bajar a los nobles del asiento y quedarse ellos después. Y sí, se
quedaron después con el poder, cambio de unos por otros, no sin un auténtico
baño de sangre en el que no sólo rodaron cabezas de nobles. Poder durante algún
tiempo, para perderlo después, y así patada tras patada para ir sentándose unos,
otros y aquellos en el ansiado asiento. Pintura, música, literatura, nada se
escapa al tema. Esta lacra nos ha acompañado hasta nuestros días. Su nombre es
ENVIDIA.
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Ahora que nos interesamos por ver
si nuestros defectos son culpa de cómo tenemos el cerebro (algunos les adelanto
que lo tenemos echado a perder desde hace tiempo) parece ser que hay varias
teorías que nos dicen que es innato y asunto de supervivencia: Mathias
Pessiglione sostiene que comparamos para aprender a sobrevivir y evaluar si lo
del otro es mejor que lo mío. Alfred Adler nos viene a decir, entre otras
cosas, que es lo que nos hace progresar. Antoni Cabrales sostiene que los
recursos son escasos, el que tiene más que el otro prevalece y por tanto
codiciamos lo del otro si tiene más. ¡Menos mal! Defecto de fábrica. A mí que
no me miren que es que me han hecho así. Pues no. La mala noticia es que no
podemos echar sólo la culpa al cerebro, porque tenemos voluntad como sostienen
los mismos autores. La buena es que no sólo somos capaces de aprender a
controlar la envidia sino que además podemos enseñar a admirar y ser ejemplo.
La envidia es terrible… y además, horrible. Es un pecado capital porque es el origen de otros males. Se alimenta de odio y produce más odio, ira y frustración. Busca el mal del otro, su fracaso, en vez de la superación. Que no os engañen, ni si quiera Adler, no hay envidia buena ni sana. El antagónico de la envidia es la admiración. La admiración es una expresión de amor y ejemplo. Nos hace intentar ser como, parecernos a, porque es un modelo. Nos esforzaremos y potenciaremos nuestras cualidades para intentar acercarnos a ser así. La admiración por sus referentes, hace que un niño progrese, crezca, imite, aprenda, ame. Si al que admira, le muestra un patrón de envidia, aprenderá, pero dejará de admirarle y es posible que le clave un puñal en la espalda.
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Todos hemos oído expresiones
sobre ambientes en empresas como “es la jungla”, “los cuchillos vuelan”. Muchas
de estas situaciones son provocadas por la envidia. En concreto sobre el
reconocimiento. Como Caín, el éxito de otra persona se vuelve insoportable. Comienza
el ataque y el intento de destrucción. Fundamentalmente es un atentado contra
el honor de la persona en cualquier ámbito, incluyendo mentiras y chismorreos.
Todo se lleva a escondidas, el envidioso no quiere ser descubierto porque todos
sabemos, que en el fondo, es el reconocimiento de una falta de capacidades. El
principal culpable es el envidioso y es el que tiene que cambiar su actitud. El
jefe debe estar atento al primer signo y reconducir la situación, el paso del tiempo
las hace intratables.
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La envidia es imposible
erradicarla del todo, pero es nuestra obligación minimizarla hasta el punto que
no afecte a nuestro ambiente. Conseguir un buen clima laboral depende de los
incentivos pero también del trato y la educación. Hay muchas formas de
incentivar y no todas están en los planes de incentivos. Cada uno de nosotros
somos responsables. La envidia nos hace infelices, insaciables, incapaces de
apreciar lo que tenemos y disfrutar de ello, crea ansiedad, nos quita el sueño,
trastorna el apetito, genera alteraciones neuróticas y funcionales… ¿De verdad
queremos vernos hundidos en esta miseria día tras día? ¿No merece más la pena admirar y esforzarnos?
Tú eres el principal perjudicado.
Diego Lias