jueves, 26 de febrero de 2015

SIN RECURSOS


El 20 de mayo de 1.741 partieron los últimos barcos ingleses que asediaron Cartagena de Indias. Algo más de 3.000 hombres y 6 navíos habían defendido la plaza frente al ataque de la mayor flota jamás formada, más de 30.000 hombres y 195 navíos. La cifra tardaría más de dos siglos en ser superada y no sería hasta el desembarco de Normandía.  Blas de Lezo, responsable de la defensa de la ciudad, había conseguido lo que parecía imposible con una falta de recursos  incuestionable.

La historia está plagada de hechos, en los que a pesar de no disponer de medios, hay gente que consigue los objetivos de una forma extraordinaria y contra todo pronóstico. Encontramos grandes figuras militares y políticas como Alejandro Magno o desde el punto de vista económico imperios levantados desde un garaje o desde un pequeño taller de confección. Cada uno de ellos tiene su historia de cómo lo consiguieron, pero yo he elegido la de Blas para ilustrar que cualidades y circunstancias suplen la falta de medios. Algo con lo que todos nos hemos encontrado, tanto en la vida personal como en la profesional.

La victoria en lo que se llamó la Guerra de la oreja de Jenkins, con la derrota de la flota Inglesa en Cartagena de Indias, no fue un hecho puntual. Desde que ingresó en La Armada a los 13 años como guardiamarina, hasta el momento de ésta, su última batalla, su hoja de servicios está plagada de acciones similares en cuanto a la superación de escasez de medios. Cada acción desde guardiamarina le hizo ascender por méritos, le dio la experiencia y el aplomo que forjaron el personaje necesario para llevar a cabo la hazaña. El esfuerzo diario y cada obstáculo que superas te hacen más grande. No subestimes las pequeñas victorias ni las tareas menores. Como en el deporte, son las que te preparan para conseguir los grandes logros. Muy pocas cosas son fruto de la casualidad, la mayoría son hijas del trabajo y del esfuerzo.

Uno de los hechos decisivos de la batalla fue una simple zanja de unos dos metros que Blas mandó excavar bajo las murallas. La red de espías fue fundamental para anticipar la defensa. Durante el asalto decisivo al castillo de San Felipe defendido por 1.000 hombres, 10.200 ingleses quedaron atrapados frente a unos muros que sus escalas no podían alcanzar porque eran dos metros más cortas debido a la zanja. Las fuertes bajas sufridas, algunas fuentes las estiman en casi 8.000, y el hecho de que los defensores, en el momento de mayor pánico, atacaran a la bayoneta, desmoralizó decisivamente a las fuerzas asaltantes. La información y el uso de ella, unido al ingenio hacen que lo más simple, bien utilizado, suponga la diferencia frente a lo más caro o mejor a primera vista.

El sobrenombre de “Mediohombre” o “Almirante Patapalo” no es casual. Con tan sólo 15 años pierde la pierna en la batalla de Velez-Malaga, se le amputa sin anestesia y cuentan las crónicas que no dejó escapar ni una queja. Por su valentía en la acción es ascendido a alférez de alto bordo y continúa con su carrera con una pata de palo. Tres años después pierde el ojo izquierdo en Tolón frente al duque de Saboya. Seis años después pierde el brazo durante el asalto a Barcelona. Contaba 25 años y ya estaba con medio cuerpo bajo tierra. Se le llegó a ofrecer un puesto en la Corte en premio a sus servicios y dado su estado, oferta que declinó. Su estado no le impidió casarse y tener una vida privada normal. Tampoco le impidió ser durante años el azote de los corsarios y bucaneros en los mares del sur, el de los piratas berberiscos en el mediterráneo y realizar otras acciones audaces como el ataque a Génova, la toma de Orán o la acción en la ensenada de Mostagán. Si tu determinación es clara, no existen los impedimentos. De ninguna clase. Ni físicos, ni tan siquiera la posibilidad de acomodarse. Es muy difícil que alguien te pare, siempre encontrarás la manera se seguir.

Las fuertes desavenencias con el Virrey Eslava, encargado de aprovisionar de lo necesario la ciudad antes de empezar el sitio, quedaron a un lado durante el conflicto. La moral de la tropa era alta. La moral no puede estar baja sabiendo que te dirige alguien con cualidades como la inteligencia, la valentía y la tenacidad, además demostradas durante años (eso sí, pagado con partes de su propio cuerpo como si se tratara de un Otelo cualquiera) Durante la batalla, Blas supo utilizar sus fuerzas, pero no sacrificarlas inútilmente al evacuar castillos y fortificaciones cuando toda resistencia era inútil. Todo, en su conjunto, hizo que sus hombres le siguieran y confiaran en la victoria. El ejemplo, el transmitirlo durante una vida coherente, el limar asperezas cuando se necesita estar unido…, convierten a un jefe en alguien a quien seguir por convicción. Le convierten en líder.


Podríamos seguir con más aspectos a destacar, pero he dejado uno en concreto para el final. Si algo creo que define la vida de Blas de Lezo, es que nunca se centró en lo que le faltaba. Supo ver lo que tenía y aprovecharlo con valentía e inteligencia.

Es muy difícil tener todos los ases en la mano. Aprovechad lo que tenéis en cada mano, no siempre gana el que tiene las mejores cartas. Hasta con el más humilde de los peones se puede ganar una partida. Todos los esfuerzos cuentan y te forjan. Preparaos, utilizad la información para poder emplear los medios de que disponéis de la mejor manera posible, contrastad la información. Fijad los objetivos, sed firmes y flexibles a la vez, haciendo de vuestra determinación vuestra guía. Aunad voluntades y conseguid gente que os ayude por convencimiento. Cambiad vuestra actitud, hablamos de falta de recursos, en realidad todo lo que hemos visto son recursos que suplen otros que os faltan, aprended a ver lo que tenéis y sus posibilidades antes de llorar por lo que os falta si no lo podéis conseguir.

Romper los pronósticos no es fácil, pero se puede hacer.


Diego Lias

miércoles, 18 de febrero de 2015

LISTOS, TONTOS Y OTROS DEL MONTÓN



¡Qué sería de los listos si no fuera por los tontos! Visita de trabajo a una planta de producción. El encargado sale a fumar y le acompaño. Al cabo de un rato de conversación observo que hay un cable eléctrico sobre nuestras cabezas que une la fábrica con una casa vecina. Pregunto. No sabe. Indago y resulta que la casa pertenece al anterior propietario de la fábrica comprada hacía años. El cable suministraba toda la electricidad de su casa a costa de una empresa que no era suya.

Últimamente se han publicado varios informes de organismos con solvencia afirmando que alrededor de 36 millones de personas viven esclavizadas en el mundo. Trata de blancas, niños vendidos, obligados a trabajar, secuestrados, obligados a luchar en guerras, utilizados para el tráfico de órganos… Otra visita a una fábrica, me enseñan la cristalera, desde donde hace años, un individuo seleccionaba a la chica de turno que debía satisfacerle. La que no accedía no trabajaba.

Manipulación: control ejercido sobre un individuo o grupo mediante diferentes técnicas con el objetivo de forzar una manera de actuación.

Todos tenemos un manipulador en nuestro interior. ¿Quién no ha soñado con que los demás hagan lo que quieres? No está mal que cumplan tus deseos y expectativas. Todo el mundo a nuestros pies, dispuestos a hacer lo que les digamos. Si nos leen el pensamiento mejor, que no haya ni que pensar. Muchos estáis pensando en unas vacaciones. ¿Qué tal en la familia? Imagina tus hijos portándose como quieres, o tu marido diciendo las cosas bonitas que quieres oír o tu mujer teniendo ese detalle justo en el momento que pensabas. Al madurar, aprendemos que nuestros deseos no pueden ser complacidos en todo momento, que hay cosas imposibles o que afectan a la libertad de otras personas. Aprendemos el “no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Aprendemos “tolerancia a la frustración” y a distinguir nuestras ensoñaciones de la realidad. El límite lo pone nuestra ética y empatía. ¿Por qué soñamos con tener robots que cumplan nuestros deseos y que se parezcan a nosotros? ¿Quizás porque eliminamos el componente moral? Pero queremos que se parezcan a nosotros para confundirlos con nosotros. La película Blade Runner entre otras cosas habla de esto, de cómo los robots (replicantes) llegan a ser tan parecidos que al final tienen sentimientos. No puedes distinguir, ni siquiera, si tú eres uno de ellos, por lo que se vuelve a plantear el problema moral de la esclavitud.

Cuando se consigue que alguien deshumanice a un semejante, como si se tratara de un robot, el apego moral y sentimental desaparece. Pepe deja de ser una persona y se convierte en un objeto. A un objeto se le puede vender, romper, maltratar, es tuyo, te pertenece y está a tu servicio, puedes incluso cuidarlo, pero para que te dure más o te de mejor servicio, no porque tenga sentimientos, al fin y al cabo, es un objeto. No pasa nada si al manipularlo sale herido, está para eso. Los tontos están para manipularlos y servirse de ellos.

Si no se nos educa la “Tolerancia a la frustración” nos convertimos en niños malcriados. Todo lo que imaginamos queremos que se cumpla, y que se cumpla al instante. Queremos nuestros objetivos conseguidos, nuestras expectativas cumplidas. Si no se cumplen y no hemos sido educados, la frustración y la ira son el siguiente paso. Una “pataleta” en toda regla. Yo sonreí una vez en una pataleta infantil de un directivo. Nadie se habría atrevido a sonreír con Hitler o Stalin. Tampoco es inteligente dejar salir la sonrisa a alguien con baja tolerancia a la frustración, este tipo de personas son vengativas y debido a su inseguridad, la sonrisa le indica su falta de control. Prudencia.

Si ponemos en un eje el grado de deshumanización y en otro el de tolerancia al error, viajaremos por una nube de puntos que representa muchos de los casos que nos encontramos en las empresas. Desde los que nos olvidamos dejar nuestro egoísmo en el baúl de los recuerdos infantiles de vez en cuando, a los casos extremos encuadrados en rasgos psicópatas. Como el compañero “caradura” que nos endosa sus marrones, el estafador, el tirano, el empleado abusón… En la vida personal iríamos de nuestros egoísmos diarios a los casos extremos de acoso, abuso, matrimonios de conveniencia, la esclavitud…
Un manipulador puede parecer fácil de detectar. No lo es. Son personas muy inteligentes. Conectan con las víctimas, parece empatía pero es sólo un disfraz. Son lobos disfrazados. Utilizan muchas técnicas, el halago, la mentira, etc. Pueden incluso hacer pequeños favores. Una vez ganada la confianza controlan y utilizan a la víctima. Hitler llegó al poder por votación, muchas mujeres maltratadas se casaron con un marido maravilloso que resultó ser un maltratador que las esclavizó, muchos han ascendido mostrando una cara a sus jefes y actuando como verdaderos tiranos con la gente a su mando. La única defensa contra un manipulador sistemático es primero evitarlo y si no lo has visto venir o no has podido evitarlo,  utilizar el NO y escapar.

Los dos casos que os he puesto, uno de un “caradura” y otro un “acosador” rayando en la esclavitud, son la misma persona y presunto delincuente. No es tan infrecuente encontrar casos de estafas en las que han dejado arruinados a inocentes, casos de acoso sexual y de otra índole, verdaderas extorsiones a nivel empresarial entre clientes y proveedores, etc. Muchos, que no son casos clínicos, han ido dejando de ver a los demás de forma humana. Las conductas se aprenden en los dos sentidos en el positivo y en el negativo. Cada vez que utilizamos la palabra genérica, nos alejamos afectivamente de ese grupo para poder hacer daño.”Fíjate, los de dirección, los del sindicato, los trabajadores, los políticos, los de esa raza, esta religión, este sexo…” y a continuación volcamos nuestro odio y frustración, convirtiéndolos en seres sin cara. Al hacerlo, lo transmitimos, manipulamos a los demás igual que posiblemente lo hiciera otro antes con nosotros.

Apreciad lo que tenéis, la empresa moderna, el sufragio de la mujer y la igualdad ante la ley, la abolición de la esclavitud… son avances de hace dos días en la historia de la humanidad. En muchas partes del mundo no se han asimilado aún. Vamos camino de ser todos seres humanos y no digo iguales porque no lo somos. Humanos con nuestras diferencias que enriquecen la humanidad pero queda camino y está también en nuestras manos. Cuidaos de los que no os ven como personas. Aunque nadie es perfecto, y es bueno a veces tener momentos de egoísmo no dañino, esforzaos por evitar la pérdida de perspectiva humana en cualquier tipo de relación, siendo lo más honestos posible y dejando un poco a un lado el egoísmo que supone un perjuicio para los demás.  Aspirad al punto en el que se une la humanidad con la tolerancia a la frustración.


Diego Lias

martes, 10 de febrero de 2015

RISAS Y CAÑAS



Discusiones, discusiones acaloradas, y sin embargo las echo de menos. Se convertiría en mi amigo y era el Director General Comercial. Fue el que me enseñó de verdad lo que era una discusión profesional y sus límites. Discutíamos por asuntos en los que las posturas no eran ni blanco ni negro, nos movíamos en una horquilla gris con negro a ambos lados y lo difícil era encontrar qué gris era el más claro. Tenía un “gran coco” para los números. Admito que alguna vez me enfadé personalmente en el acaloramiento, no porque me dijera algo que no fuera profesional o lo dijera yo, simplemente porque era joven y a veces la discusión parecía que tocaba mi orgullo. Siempre sonreía, me daba un golpe en el hombro, soltaba uno de sus apelativos extraños cariñosos y me invitaba a una cerveza a la salida, acompañada de unos chascarrillos y unas risas.

Platón decía que debía evitarse el argumentar apoyándose en la opinión, más tarde su propio discípulo Aristóteles se desvía de su doctrina y crea su propia teoría de la retórica sobre el logoséthos y páthos (La argumentación, la honradez y la emoción) La argumentación tiene dos vertientes: los valores (la libertad, respeto por la vida, etc.) y las relaciones causa efecto verificadas. Los valores, la honradez, la calidez humana transmitida en forma de emoción son los grandes conectores del entendimiento humano. Somos seres sociales y estamos condenados a entendernos si queremos estar unidos a los demás. No somos, en general, fríos y calculadores, involucramos en nuestras relaciones nuestras propias opiniones para bien y para mal. La vida es convivencia y la convivencia es negociación. La negociación y la discusión son enriquecedoras, aporta nuevos puntos de vista y crean nuevas ideas. El conflicto no es dañino, es la incorrecta gestión del conflicto la que lo es. Son estos errores los que generan, hablando de forma coloquial, los mosqueos, los malos rollos y las rupturas. Antes de darnos cuenta, son estos errores, muchas veces tontos, bien de forma individual, bien en forma concatenada o incluso en forma de “bola de nieve”, los que crean abismos insondables y hacen que pasemos a tener una exoficina,  una exfamilia, examigos, exclientes…

La Teoría de Juegos, teoría matemática sobre las decisiones aplicada en multitud de campos, desde la Biología a la Economía, analiza multitud de escenarios simples que se hacen cada vez más complejos al incorporar variables. Es curioso, como al sistematizar todas las situaciones, te das cuenta de que la gente no siempre elige lo que es más beneficioso para las dos partes o incluso es capaz de perjudicarse a sí mismo por perjudicar a otra persona. En el juego del “dilema del prisionero” se reflejan este tipo de situaciones. Se habla de dos personas “egoístas” con sus destinos ligados pero actuando por separado. En otros juegos, incluso la decisión más lógica no es tomada por la aparición del “altruismo” al aparecer un dividuo tomando una decisión que le perjudica por la consecución del bien común. Hay muchos tipos de negociaciones y muchas variables abren muchas alternativas. En mi opinión la mayor parte de nuestras relaciones y decisiones sobre ellas, se basan en el largo plazo o por lo menos solemos pretender que así sea. Estas relaciones generan estabilidad emocional y una cierta predictibilidad de las acciones eliminando incertidumbres (las incertidumbres nos generan mucho estrés y eso no gusta)

Existen numerosos métodos de negociación como el “Método Harvard” centrado en que las dos partes ganen o técnicas útiles para la negociación como la Programación Neurolingüística (NPL) Estos son sólo unos ejemplos pero hay otros muchos. En general, en mi opinión el uso de todo lo que se puede aprender depende de la ética del que lo aplica, volvemos a Aristóteles. Relaciones en las que una de las dos partes pierde constantemente no son sostenibles en el largo plazo. La negociación es llegar a entendimiento, no es una guerra de imposición. Cuando no es así, pasamos a “reglas de enfrentamiento” como lo llaman ahora en las guerras, y ya sabemos que en las guerras hay muertos. Es el otro escenario al cual no queremos llegar porque aunque a veces perdamos el norte, estamos hablando de personas y objetivos a largo plazo que nos importan. El método Harvard expone que debes evaluar el “no acuerdo” en una de sus primeras premisas ¿Qué es lo que perdemos? ¿Qué historia en común dejamos detrás? ¿Cómo nos perjudicamos nosotros y perjudicamos a los demás jugando al juego del “dilema del prisionero”?


En una negociación ¿No tenemos claros nuestros objetivos principales, los accesorios y lo que no es relevante? ¿No tenemos en cuenta qué puntos accesorios son sensibles a la otra parte y debemos evitar para no bloquear la negociación? Entonces ¿Por qué nos empeñamos en poner cuestiones sobre el tapete que no llevan a ninguna parte? ¿Lo haces para enfadar a la otra parte y bloquear la negociación? Si quieres un acuerdo, ¿No has perdido el norte y el enfoque? Lo vas a perder todo

“Es cordura provechosa ahorrarse disgustos. La prudencia evita muchos” (Baltasar Gracián). No seas “bocazas”, piensa las cosas antes de decirlas, a quién se las dices y cuándo las dices. Se prudente en lo que dices, cómo lo dices, en tu actitud y tu forma de estar. Bajar la guardia en estas cuestiones, en cualquier momento del día, no es relajarse, no es ser sólo imprudente, sino que suele ser desconsiderado con los demás.

Deja el pasado en el olvido y tu orgullo en casa, las armas no tienen sentido en un dialogo. Trae y pide generosidad.

Ten claro qué negocias, para quién y los límites de lo que puedes negociar. No mezcles tus intereses personales con los de la empresa o el grupo y menos aún los antepongas. No te comprometas en cosas que no están en tu mano o tienes que consultar.

Protestar o negociar cosas inalcanzables cansa a los demás y te inhabilita para otras negociaciones. Las oportunidades no pasan todos los días. Por el contrario, el negociar pequeñas cosas razonables es muy posible que te lleve a una negociación en el futuro más provechosa.

Para llegar a un pleno entendimiento de la postura de los demás y evaluar correctamente los límites, dicen que debes conocer a tu adversario. Cambia tu concepto, no estamos en guerra, debes empatizar. Ser capaz, no ya de saber qué piensa, sino qué siente, qué le hace ser o actuar de una forma determinada,  cual es su historia, vivirla, saber qué no debes tocar, qué quiere y por qué.

Cuando se vive una situación en la que una de las partes no necesita negociar por tener una situación confortable, la argumentación por la parte demandante debe ser especialmente cuidada en dos sentidos: la justicia de la demanda y hacer ver los beneficios del cambio, bien porque no se había percatado o bien porque si no se cambia en el futuro puede producir una situación perjudicial. Si la demanda es justa, el de posición dominante deberá reconsiderar ciertos cambios. Ya hemos comentado qué situaciones en las que siempre pierde uno no son sostenibles. Un hijo pierde la paciencia si todas sus demandas justas son rechazadas sistemáticamente. Le sigue la desmotivación y la pérdida de autoridad. Esto no significa que se acepten las injustas o que aun siendo justas no estés en posición de poder realizarlas por otros factores. En ambos casos se debe explicar el porqué.

Es una lástima ver que por tonterías la convivencia y las relaciones se van al traste. Por discutir cosas sin importancia, ser inoportunos y en lugares inoportunos, por abusar de los demás y no empatizar con sus problemas, por olvidarnos con quien nos hemos enfadado, la historia y vivencias que hay detrás. Lo mejor es no caer en estos errores, pero si lo habéis hecho, si de verdad consideras que todo el conjunto pesa y vale la pena, no te preocupes, se puede arreglar. A veces no se trata de pedir perdón, porque sólo son puntos de vista distintos y distantes, si no son los importantes que te unen ¿por qué empecinarte en el orgullo de quién es el ganador?  Haced como si no hubiera pasado nada, si las partes quieren y sin volver a sacar el pasado. Funciona. Es un buen comienzo. Una cerveza a la salida, acompañada de unos chascarrillos y unas risas para volver a sentir el calor humano.


Diego Lias

jueves, 29 de enero de 2015

¿HA SIDO INÚTIL?



El último soldado Japonés en rendirse después de la Segunda Guerra Mundial fue Hirō Onoda en marzo de 1974, oficial de inteligencia, su último compañero Kinshichi Kozuka murió por disparos de la policía en 1972. No rindió las armas hasta recibir la orden de su superior (librero por aquel entonces) Tuvo que volar desde Japón a Lubang (Filipinas) para informarle de la derrota y ordenar su rendición. Menos mal que su superior estaba vivo, si no habría seguido hasta el año de su muerte en 2014. Desperdició su vida hasta 1974 pero desde ese momento y hasta su muerte la rehízo con éxito e incluso donó 10.000$ a la escuela de Lubang.

¡Veintinueve años de trabajo inútil! Y no se puede decir que fuera un vago, estuviera poco motivado o que fuera de los que tiran la toalla. No hablamos de cuando has trabajado duro y las cosas no han salido como pensabas, hablamos de cuando ya no tiene sentido el trabajo porque es inútil, la guerra terminó. Puede parecernos ridículo pero esto mismo me lo he encontrado en muchas empresas, personas que cuando analizas su trabajo hay cosas que hacen que no saben por qué las hacen y que no tienen sentido porque nadie les dijo que ya no hacía falta hacerlo. Se olvidaron de decirles que la guerra había terminado. La falta de comunicación en un mundo tan comunicado como el que parece que vivimos sigue siendo un gran problema. Sistemas y procesos que se cambian sin tener en cuenta a todas las partes implicadas. Unas veces producen el choque de trenes y en otras producen actividades que quedan en vías muertas. No comunicar a los implicados el porqué de su trabajo, es un error común que podría evitar estas situaciones. En procesos en los que no se ha planificado correctamente el cambio, es el propio implicado el que en ocasiones ha avisado del problema que se generaba por no tener en cuenta algo.

En una comida reciente con un amigo, me comentaba sobre un asunto geopolítico que conocía de primera mano. Hablaba sobre la inutilidad de las reivindicaciones de un grupo por la falta de apoyos. Me comentaba que es muy duro pensar que estas sufriendo por algo irrealizable y que ese empecinamiento les hiciera no progresar y vivir en la miseria. Sísifo, fundador y rey de Corinto, cuenta la mitología griega que fue condenado por los dioses a empujar una piedra por una ladera empinada  del inframundo. Antes de llegar a la cima, siempre rodaba de nuevo hacia abajo. Albert Camus comentaba sobre el caso de Sísifo “no hay castigo más terrible que el trabajo inútil sin esperanza”

Los seres humanos necesitamos sentirnos útiles, forma parte del corazón de la autoestima. Eso que alimenta el conseguir grandes hazañas. Es el pelo de Sansón. Si lo pierdes, pierdes la fuerza. Sansón fue traicionado por Dalila, le cortó el pelo. El encargar trabajos inútiles se emplea mucho en el acoso laboral, su objetivo: la desesperanza, dejar de hacernos sentir útiles y la pérdida de la autoestima. El fin: la sumisión absoluta o el abandono. Justo lo que busca un maltratador, las Dalilas modernas que te convierten en Sísifo y te hacen vivir las penalidades del inframundo.

Leyendo un periódico económico, me he topado con una noticia que da para escribir un libro. Han creado un androide, Smiby, cuya función es que los ancianos que viven solos tengan un objetivo vital: cuidarlo. ¡Hacerles sentir útiles con un trabajo inútil!, a un niño o a un animal hay que cuidarlo, pero crear un robot que demanda constantemente cuidados… Es el ejemplo llevado al extremo de cómo nos engañamos a nosotros mismos cuando necesitamos aferrarnos a algo para no hundirnos, sentirte útil y dar un sentido a lo que haces. En cierta manera es un poco la base del caso de Onoda o el comentado durante la comida con mi amigo. No hay Dalilas, somos nosotros mismos los que nos autoengañamos y hacemos daño. En el mundo empresarial podríamos dar el ejemplo de compañías que están muertas en vida y continúan haciendo daño a más gente, dejando deudas, tirando precios y hundiendo a otros…, o en la vida privada, las mil oportunidades que ha dado una parte de la pareja a otra sin asumir que jamás cambiará.

Onoda fue el último japonés, pero en realidad el último soldado del Ejército Imperial en rendirse fue Teruo Nakamura en diciembre de 1974. De origen Taiwanes, en 1956 había renunciado a la resistencia y vivía aislado en una cabaña en la jungla. Fue repatriado a Taiwan en enero de 1975 para encontrarse con un hijo que no conocía y una mujer que se había vuelto a casar hacía 20 años. La prensa comenta que murió amargado y confuso.

Mi amigo dice que es muy duro asumir que estás sufriendo por algo inútil y tiene razón. Lo que también es cierto es que en algún momento tu mismo abres los ojos o te los abren (un consultor, un amigo…). Es entonces cuando no hay donde esconderse.

La comunicación es fundamental, quedar aislado te saca del mundo y puede hacer que cosas que parece que tienen sentido, no lo tengan fuera de donde estás. ¿Quieres que el golpe te deje en el suelo como a Nakamura o quieres vivir la mentira de cuidar un Smiby? ¿No es mejor seguir adelante? No hay nada inútil, lo que has vivido es útil, todo te enseña algo. Aprende en positivo ¿Qué futuro podía tener un hombre que pasó media vida en una guerra que ya estaba perdida? Onoda se casó, fue empresario en Brasil y una persona de peso entre la comunidad Japonesa, creó campamentos en Japón para niños con lo aprendido en supervivencia y vivió hasta los 91 años. Hizo mucho daño a los demás y a sí mismo hasta 1972, pero es un ejemplo de que es posible, si te lo propones, volver a ser útil y cambiar tu vida.


Diego Lias

martes, 20 de enero de 2015

SACAR FUERZAS DE DONDE NO LAS HAY


¡Cuántas situaciones hay en la vida en las que hay que sacar fuerzas de donde no las hay! La crisis nos ha traído unas cuantas a nivel empresarial y personal. Al borde del desaliento, levantándote una y otra vez a pesar de los golpes. Caída de ventas, reducción de márgenes, morosidad, encima ahora te retiran la financiación, miedo, personal con más miedo. Se abren los frentes uno tras otro. Tapas una via de agua y aparece otra. Tomas aire y sigues. Asuntos entre el mundo profesional y el personal, como el despido o el acoso. No digamos ya en el ámbito personal, problemas grandes y pequeños que se van amontonando. El peso se hace insoportable y parece que tira de ti, que te hunde. Haces “de tripas corazón”, para que en el trabajo, en casa, no noten tu estado de ánimo e incluso les animas tú a ellos…  sigues tirando. Una vez más, has sacado fuerzas de donde no las hay.

Cuando alguien no consigue sacar fuerzas de donde no las hay, puede caer en una depresión, tirar la toalla, no asumir el error o el golpe, aislarse o que lo aíslen, no querer ni oír hablar de todo lo bueno que le rodea. En un estudio liderado por el Dr. Thompson en la Universidad de Maryland en el que sometió a un grupo de ratones a situaciones deprimentes que generaban indefensión, los ratoncitos entraban en depresión renunciando a esforzarse porque todo era inútil. Les aplicaron fármacos antidepresivos, con serotonina, fundamentalmente y descubrieron que en los ratones que no mejoraban su estado depresivo, sus circuitos neuronales no habían asimilado la serotonina. Thompson asemejaba el incremento de serotonina a hablar alto en una discoteca, si no te llega, da igual que grites. Gente como el Profesor Martí Ramírez de la Universidad Complutense de Madrid huye de la simplificación, hablan de “modelos de neuromodulación”, vamos, que tenemos tantas cosas en la cabeza que influyen y varían de un individuo a otro que pensar que por la química alcanzamos la felicidad es un poco simplista. Cuando te disgustas puede desaparecer el apetito, de igual manera, a tus neuronas puede no apetecerles la hormona de la felicidad.

La química se nos queda corta, necesitamos algo más. La motivación, lo que toda la vida se ha llamado “voluntad”: “Un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta” (Anita Woolfolk) Hay tantas motivaciones como personas y circunstancias. Tantos libros, teorías, aplicaciones. Aplicaciones dentro y fuera de la oficina. Desde el punto de vista filosófico, psicológico, pedagógico… La recompensa o el castigo. Maslow, Herzberg, Locke, McGregor, Vroom, Porter y Lawler, Galbraith, Alderfer (Entre los pensadores modernos) Platón, Aristóteles… (Entre los clásicos) En mi opinión el problema es el “mantiene”. Recientes estudios están llegando a la conclusión de que la voluntad tiene un límite, que la energía tiende a gastarse. ¿Qué hacemos? ¿La guardamos? Almacenar energía también gasta energía y termina disipándose. Las pilas, de no usarse, se gastan. ¡Pilas recargables! ¿Pero con qué?

La Felicidad, estado emocional que proporciona paz interior, estimula el enfoque positivo, y la motivación, da satisfacción y alegría, nos predispone a compartirla con los demás, se trasmite, es contagiosa... La felicidad no es tener eso, ni ser eso, ni estar allí.  Es un estado emocional que proviene del interior, eres tú quien decide ser feliz o no ante un estímulo. Depende de tu actitud.

La actitud es ser optimista. Tali Sharot en una entrevista concedida recientemente a E. Punset viene a decir que somos optimistas más por intuición que por la razón, que tenemos un “sesgo optimista” sobreestimando las experiencias futuras positivas, creemos ser mejores que los demás y además tendemos a pensar que los motivos son fundados. Parece que en general nos “venimos arriba” cuando somos optimistas, eso sí, distorsionando un poquito la realidad. Irreal a veces, ¿pero no nos  hace eso superarnos a nosotros mismos? Un optimista no es el que se cree mejor que los demás y dice “El ascenso es mío, soy mucho mejor que …”  Luego, cuando se lo dan a otro, se hunde en la miseria y en la envidia. El optimista acepta el golpe (no hay vuelta a atrás) y lo ve como una nueva posibilidad, dejando atrás ese golpe. “He hecho todo lo posible, quizás no era mi puesto y el que es para mí está fuera esperándome”, redefine su estrategia para el próximo objetivo. Es más posible que mejore en su carrera el optimista que el que no lo fue.

La vida es un sinfín de cosas buenas y malas, nos solemos fijar en las malas. Si vemos un grupo de jóvenes en una estación de tren rompiendo cosas y armando un buen jaleo, nos fijamos en ellos. Incluso escucharemos algún comentario de “cómo está la juventud”, y no es cierto, probablemente hay muchos más jóvenes en la estación y su comportamiento es responsable.

“Sacar fuerzas de donde no las hay” es una “mier…” de frase. Solo dice que has superado un obstáculo agotando las reservas de la pila. ¿Qué pasará con el siguiente? ¿Será el siguiente golpe el que te mate, el que te convierta en ratón? No estoy hablando de una carrera corta en la que un poco de dolor se puede soportar un rato, cuando llegas a la meta termina. Me refiero a La Vida, que es una carrera de fondo, donde si la ves de forma negativa no terminará nunca el dolor porque siempre habrá algún problema.

Hagamos el proceso al revés de cómo lo hemos visto. Estás preparado genéticamente para ser optimista, sólo tienes que empezar a serlo, empieza esforzándote todos los días por ver algo positivo de lo que te ha pasado o de tu entorno, pronto empezarás a ver más cosas de las que pensabas. Estás enfocando tu vista, si siempre has estado en la oscuridad y sales a la luz, te costará acostumbrarte, si insistes, al rato verás mejor y mejor. Poco a poco serás más feliz y entrarás en la espiral ascendente, es contagiosa en ti mismo y en otras personas, te acercará a los demás y los demás compartirán también tu felicidad. Combínalo con motivación o voluntad y dejará de ser una risa tonta pasajera como la del metro porque tendrá un objetivo. Hemos visto que motivaciones hay tantas como personas y circunstancias. Busca las tuyas para cada circunstancia. Definid las que queráis, pero definid bien vuestras prioridades finales, son a las que os vais a aferrar cuando las necesitéis. No las olvidéis aunque tengáis otras secundarias.

Lo demás viene sólo. Generas serotonina, los sistemas neuronales están predispuestos a aceptarlas y entras en una espiral ascendente. Ves con más facilidad lo bueno que te rodea, las decisiones las tomas sin miedo o angustia, lo cual te permite ser más creativo y tener más opciones,…


Dicen que lo positivo atrae a lo positivo y lo negativo a lo negativo, ¡cuentos de viejas! La realidad es que cuanto más positivo seas tienes más posibilidades de solucionar los problemas simplemente porque tu predisposición y felicidad abren las opciones y aumentan la voluntad. O te ayuda a pasar página, porque el problema no tiene solución y tienes que seguir buscando la felicidad. No se trata de que no duelan los golpes. ¡Claro que duelen! Se trata de cómo se encajan. Todo por empezar a ver las pequeñas cosas buenas que te rodean, sin coste alguno, salvo hacerlo a diario.


Diego Lias

jueves, 8 de enero de 2015

NO PRODUCTIVO, LA SOMBRA SILENCIOSA


Una vez fui soldado. Durante una de las misiones que me asignaron, casi al final de ella, el “Cabo Primero” irrumpió en la habitación y lo echó todo a perder. “¡Mi Primero! ¡Mi Primero! ¡Que acabo de terminar de limpiar, me ha pisado todo el suelo, ha puesto los pies en la mesa y ya está llenando de ceniza el cenicero! Mi nerviosismo estaba justificado, sabía que en breve me inspeccionaría el Sargento y que como no estuviera todo impoluto, se me caería el pelo. El Primero, giró la cabeza y torció el gesto. ¡Jod…, Lias! Con que me meto al Ejército para no tener que escuchar las put… charlas de mi madre y me vienes tú a tocar los coj… (el lenguaje, como en las películas, es verídico). Tuve otras misiones como ésta. De unas salí airoso y de otras no. En algunas tuve que recoger colillas de los urinarios con la mano y en otras no.

Los economistas teóricos, para determinar de qué dependía el crecimiento económico, allá por el s.XVIII, introdujeron la palabra “productividad” (Escuela fisiocrática francesa) Se referían a la agricultura. Más tarde llegaron los economistas clásicos, padres de la economía moderna, Adam Smith “La riqueza de las naciones” (1776) introduce el liberalismo económico y le siguen Thomas Malthus, Stuart Mill… los factores productivos se amplían al comercio y a las manufacturas y asigna al estado las tareas improductivas. Dentro del concepto, está la incorporación de valor a algo vendible, todo lo que no incorpora valor es improductivo. Para Karl Marx, “El Capital” (1867), el obrero es el factor productivo. Le siguieron los neoclásicos, con Alfred Marshall a la cabeza “Principios de economía” (1890) agrega a los factores productivos “La Organización Industrial” y cómo el valor de un bien se fija en función de los costes de producción y la utilidad marginal del bien (si es útil y deseado por muchos o por pocos y si hay mucho o poco). Keynes fue el siguiente, “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero” (1936) vive la Gran Depresión (y el inmenso problema del paro) y da un giro al pensamiento, la riqueza se encuentra en la demanda, la estimulación del consumo y la inversión, generan la riqueza. Surgen los impuestos progresivos para favorecer la demanda, la política fiscal y el déficit estatal para impulsar la economía. R. Solow incorpora el incremento tecnológico y la crisis de los ‘70 dejó obsoleta la teoría de Keynes dando paso a la Milton Friedman de la Escuela de Chicago y su influencia sobre T. Sargent y R. Lucas. Así pasamos de la demanda (consumo) a corto plazo a las expectativas a largo. Todo lo que tenemos ahora son mixes y remixes de lo anterior. Así, hemos pasado de que la riqueza sea tener un campo que produzca a tener preferentes o derivados. Vendemos y compramos futuro. Pero siempre la producción y la demanda como línea conductora. (He sido un poco simple condensando, ustedes perdonen)

En un mundo en el que la economía y la vida giran en torno a la productividad y el consumo, todo lo que queda fuera, no tiene valor. En esta línea, un no productivo, parece que no suma. Es un concepto aceptado y generalizado por todos nosotros. ¡No!, yo no. ¡Sí!, tu sí, y yo también. Damos muchas cosas por hechas, que funcionan solas y no es así. En las empresas hay personas y departamentos denominados no productivos (Informática, Logística, Finanzas, Personal, Servicio Postventa, Mantenimiento y Limpieza, Seguridad…) son áreas de la empresa que no destacan, pero que si hacen mal su trabajo, todos nos vemos afectados. Como nos quedemos sin ordenadores, no somos nadie, por ejemplo.


La sociedad también tiene no productivos. El mismo Adam Smith dejaba las tareas “improductivas” al estado y parece que continuamos con ese concepto, daría la impresión que el funcionario es un “chupóptero” que vive a costa de los demás. Sanidad, seguridad, educación, infraestructuras… son cosas que damos por hechas, normales, a las que tenemos derecho y no nos damos cuenta de que en la mayoría del mundo no es así. Son actividades que definitivamente soportan la productividad de un país. Son trabajos deslucidos pero imprescindibles.

El que sean trabajos “no productivos”, no quiere decir que no deban ser eficientes y proporcionales a la producción. El equilibrio, como todo en la vida, es fundamental y lo difícil es siempre alcanzar ese equilibrio; sobre todo en actividades que por no ser directamente productivas y por tener efectos a largo plazo, su rentabilidad (económica o social) es difícilmente medible. Aunque hay gente que lo busca, como Samuelson (1915-2009), que aplicó los principios de termodinámica para intentar cuantificar y explicar el equilibrio. Me parece que en “cómo alcanzar el equilibrio” estamos más por la labor de pegarnos aplicando más la política que las fórmulas de termodinámica.

Nos quejamos de que nuestros hijos creen que la leche aparece espontáneamente en la nevera, nos quejamos de cosas similares de nuestros maridos y mujeres. Pensamos que las personas mayores ya no son productivas, pero nos olvidamos de lo que han hecho y siguen haciendo por nosotros. Vemos a los niños como no productivos y pueden hasta parecernos a veces una carga, pero son el futuro y hay que esforzarse con ellos para que el día de mañana valoren y mejoren lo que les hemos dejado. Creemos que la amistad es un regalo que no hace falta cultivarse y nos extrañamos cuando nadie nos llama, pensando que los demás se portan mal con nosotros. Creemos que tenemos derecho al amor; a recibirlo, pero no a darlo. Creemos que tenemos derecho a todo y obligación de nada.

He comentado que en un mundo en el que la economía y la vida giran en torno a la productividad y el consumo, todo lo que queda fuera, no tiene valor. Hemos dejado de valorar muchas cosas. El problema es que se nos olvida valorar el trabajo de mucha gente, como el Cabo Primero con el trabajo gris de un soldado o con el trabajo de su propia madre. Se nos olvida valorar lo que se nos da y lo que se nos regala en otros factores no productivos como el amor o la amistad. No nos damos cuenta que valorar es esforzarnos por cuidar y corresponder.


Un día puedes encontrarte que todo eso que dabas por hecho o a lo que creías que tenías derecho, lo has perdido. Te darás cuenta de cuánto se hacía o cuánto se te daba. Valorad la sombra silenciosa, cuidadla y corresponded, no la perdáis como Peter Pan.


Diego Lias

martes, 23 de diciembre de 2014

MENOS MAL QUE NOS LO PASAMOS BIEN


Hace unos días, la mayor parte del departamento tomamos un café después de la comida de Navidad. El ambiente era distendido y se habló de muchas cosas. Aunque habíamos comido, salió el tema recurrente de la cocina y las mil formas de preparar esto o aquello. Qué nos gustaba más o qué teníamos que comernos siempre en Navidades que no nos gustaba. Lógico, dadas las fechas. También se habló sobre lo aburrido que podía llegar a ser el trabajo de finanzas y administración. Alguien comentó: “¡Menos mal que nos lo pasamos bien!”. Fue una de esas frases, dicha entre otras, que me dejó fuera de la conversación. Resonaba como un eco. Cuando cada uno de nosotros nos fuimos a nuestras casas, la frase me seguía rondando la cabeza.

Normalmente leemos y escribimos sobre situaciones apasionantes, vidas que sólo les ocurren a algunos pocos. (Habría que ver si todo el rato fueron apasionantes) Tu vecino te dice que sus hijos
son perfectos, es la bomba en el trabajo y no sé cuantas cosas más. En los artículos y en los blogs se habla de los líderes, las personas fuertes de carácter, trabajos deslumbrantes… Nada de esto, de forma pura, es real. No os engañéis, todos tenemos vidas imperfectas. El trabajo puede ser en algún momento aburrido, o estresante, o desagradable. Los hijos parece mentira que se eduquen en la misma casa. Ninguno es igual y es complicado educar. A veces no estás fino al hablar o no lo está tu mujer, o los dos, que es peor… Eh! El mundo no es perfecto, pero menos mal que nos lo pasamos bien.

Cuando empecé a trabajar en auditoria, me sorprendió ver el ambiente de trabajo en los equipos, había mucha tensión por las fechas de entrega, pero en general eran muy corrientes las bromas y las risas. ¿Los auditores? ¿Esos muermos serios? Los mismos. Me encanta que se trabaje con bromas, dentro de un orden. Nunca he entendido a la gente que no soporta que se ría en la empresa. No sólo hay que permitirlo, si no que a veces hay que iniciarlo para romper un momento de tensión, por ejemplo. Otras veces se desmanda y es muy importante la forma de cortarlo. Ha de ser distendida, incluso haciendo la última broma dando a entender que, en otro momento, se permite.

Una de las formas más importantes de motivar la conducta humana de forma positiva, es la búsqueda del placer físico o espiritual. Por eso “pasarlo bien” es tan potente. Los estímulos físicos y mentales que producen las risas y en definitiva “pasarlo bien” son el contrapeso a nuestras frustraciones, la ira, la agresividad… Es el recurso más importante para lograr el equilibrio emocional. Por eso necesitamos vacaciones o reírnos con los amigos. Dentro del día también necesitamos “micro vacaciones”. Cuando nos permitimos el “pasarlo bien”, somos capaces de eliminar los nervios, las tensiones, los pensamientos negativos, los conflictos, nos hacemos más propensos a sonreír, además es contagioso y nos conecta a los demás. Genera un estado de ánimo que hace que se afronten mejor los problemas y se generen mejores ideas para superarlos. Eleva el sistema inmunológico, disminuye en un 40 % la posibilidad de tener un infarto… ¡Que se quiten las pastillas! Freud, Minsky, Bono, Berk, Estudios de la Clínica Mayo, de Unitika en Japón y otros muchos han definido y estudiado los beneficios.

“La alegría no está en las cosas, sino en nosotros” Richard Wagner. El trabajo no es lo que te hace feliz o desgraciado, eres tú y tu actitud la que te hace feliz. Son los demás los que te hacen feliz y eres tu el que hace felices a los demás.  Son las bromas, los chascarrillos, las sonrisas que intercambiamos con los demás, la actitud positiva que se comparte y se contagia. Son las pequeñas cosas. No las grandes vidas que nos venden y que nadie tenemos. El ambiente alegre lo hemos creado todos. Todos participamos, cada uno de nosotros es responsable de haberlo creado y de mantenerlo. No se hace sólo. También tenemos nuestros problemas dentro y fuera de la empresa, como todo el mundo. Pensándolo bien, muchos menos problemas que el resto de la humanidad. Hablamos de qué nos gustaba o no para comer, cuando hay gente que no comerá; y si el trabajo era a veces aburrido o no, cuando hay gente que no tiene trabajo.





No penséis que están de juerga todo el día, son auténticos profesionales. Satisfechos y orgullosos de hacer bien su trabajo. Un trabajo minucioso, a veces repetitivo y silencioso. Sin medallas. No tienen vidas perfectas, pero están motivados y sonríen.

La hora de la cena es una hora de chascarrillos y bromas, de compartir lo del día, de sonreír. Hacemos mucho el tonto. Mi hija siempre dice que nos va a grabar y subirnos a internet para hacerse rica.  Lo que me rondaba por la cabeza cuando me fui a casa, era que alguien, una vez más, me había recordado algo: “el mundo no es perfecto, menos mal que nos lo pasamos bien”.

Feliz Navidad a todos


Diego Lias

miércoles, 10 de diciembre de 2014

PACIENCIA, LA FORTALEZA SILENCIOSA


A veces una acción cambia tu concepción del mundo. Os contaré un relato corto. Durante la celebración de un torneo de baloncesto en el colegio, uno de los niños se destapó como máximo encestador. Era muy malo pero también era muy alto (eso facilitaba las cosas). Le ofrecieron entrar en el equipo del colegio. Su ego voló, no le hacía mucha falta el que le dieran alas, por aquella época estaba sobrado. El equipo llevaba formado desde el primer año de colegio y estaban en el quinto. No era aficionado al baloncesto, ni sabía las reglas fundamentales.

Asistió al primer entrenamiento. “chaval, haz una entrada por la derecha” “¿Eso qué es?” Primera carcajada de sus nuevos compañeros. No fue nada comparada con la de cuando ejecutó el intento real. Lo cierto es que él también se hubiera muerto de risa si no hubiera sido el patoso y si su ego hubiera estado un poco más bajo. Primera expulsión del entrenamiento, se peleó. Le siguieron unas cuantas más. Había un compañero en especial que le sacaba de sus casillas a diario, su paciencia tenía un umbral muy bajo.

Decidió dejarlo y así se lo dijo a su padre. Ya había dejado otras muchas cosas, pintura, judo, guitarra, etc. Hoy diría que fue porque pensaba que las cosas salían por si solas a la primera. Se veía tocando El Concierto de Aranjuez al día siguiente, luego la realidad le machacaba y sólo conseguía ruidos incoherentes. Su padre le dijo: “ya has dejado muchas cosas, tienes que aprender. Esta actividad no la vas a poder dejar hasta que pase un año. Cuando pase un año volvemos a hablar”. ¡Un año en ese infierno contra su ego! Aprendió muchas cosas, entre ellas la paciencia.

Estaba condenado a un año de trabajos forzados y su orgullo no le permitía volver todos los días expulsado ni aguantar eternamente las burlas. Comenzó a aprender sobre sí mismo y a tener autocontrol, consiguiendo que no sólo las provocaciones de sus compañeros no le desequilibraran sino que le “picaran” para hacerlo mejor. Tuvo que ser minucioso y entrenar una y otra vez sin pensar que fallaba, centrándose en que tenía que conseguirlo con cada pequeño esfuerzo, con cada repetición, esperando que en algún momento saliera bien. La tolerancia llegó sin advertirlo, comprendió la actitud de sus compañeros e intentó cambiarla con sus actos, también aprendió a ser indulgente y ayudar a la gente que no lo hacía bien, pero que se esforzaba sin descanso, el era uno de ellos. Al año, la paciencia dio sus frutos, se ganó el respeto de sus compañeros, se convirtió en un buen jugador y disfrutó jugando con ellos los siguientes siete años.

Al séptimo año, llegaron a lo más alto de la liga, eran el único equipo sin pabellón, un equipo modesto. Fue gracias al esfuerzo de todos, no eran buenos individualmente pero sí como conjunto. Les hubiera gustado ganar, pero para ser realistas, sabían que era muy difícil. Lo que querían era divertirse y disfrutar del momento que se habían ganado. El objetivo del entrenador no fue el mismo, decidió coger gente de fuera del colegio para hacer un equipo más alto y potente, que terminó igual: al final de la tabla. La mayor parte del equipo antiguo dejó de jugar. Algunos llegaron a no ir más a los partidos. Nada era lo mismo, estaban allí para pasárselo bien. Hablaron con el entrenador y explicó que era lo que había, que al que no le gustara, tenía la puerta para irse. La paciencia no es caer en la apatía, no es quedarte quieto cuando no hay nada que esperar. Ya no había un motivo para esperar pero si para ser paciente una vez más, paciente en el sentido de asumir las cosas como venían y tomar una decisión meditada. El protagonista dejó el baloncesto antes de terminar la temporada. Ciclo completo de aprendizaje sobre la paciencia.

Hay muchos relatos sobre la paciencia. Escogí este porque es real y estoy seguro que cada uno de vosotros tiene alguna historia personal parecida en la que aprendió qué era la paciencia. Esta es sólo mi historia y una de las cosas por las que estoy más agradecido a mi padre porque cambió mi concepción del mundo. A veces me despisto y tengo que recordarla, como todo el mundo, pero no se me olvida.
  • Édison dijo de su invento, la bombilla, “no fueron mil intentos fallidos, fue un invento en mil pasos” La paciencia es constancia.
  • “El genio puede concebir, pero la labor paciente debe consumar” (Mann) La paciencia es esfuerzo, lo que separa la teoría de fabricar la realidad.
  • “Vísteme despacio que tengo prisa” Fernando VII en boca de Benito Pérez Galdós. La paciencia es ser minucioso en el trabajo, madre del buen hacer y tía de evitar el repetir las cosas innecesariamente.
  • La paciencia enseña a no aferrarse a un resultado, a adaptarse a lo que no puedes cambiar para conseguir el mejor resultado y obtener lo mejor de todo lo que te ocurre.
  • Es ser consciente de las necesidades y del trabajo de los demás. No eres el centro del universo, los demás no hacen sólo cosas para ti.
  • Es el coraje silencioso “No confundas la paciencia, coraje de la virtud, con la estúpida indolencia del que se da por vencido” (Mariano Aguiló)
  • Es ser consciente de los sentimientos negativos, dominarlos y canalizarlos hacia una forma de actuación positiva, actuando sin la interferencia de la ofuscación.
  • Es saber vivir el presente y disfrutar de él, no correr detrás de un futuro que nunca llega, porque lo que llega nunca es lo que habías imaginado.
  • Be water my friend…

Dicen que no son buenos tiempos para la paciencia, que todo tiene una respuesta inmediata, internet y las nuevas tecnologías hacen que el mundo gire más deprisa. Que no está de moda en las empresas, que buscan resultados inmediatos, y que por inmediatos se tornan cortoplacistas. Pobres de nosotros, estamos obligados. Pues no es cierto, la falta de paciencia proviene de la falta de madurez. El relato es de una época sin internet, sólo buscamos excusas por nuestro egoísmo. Crecer, como me enseñó mi padre, significa entender que no somos el centro del mundo. Significa aprender a tener paciencia, porque las cosas, normalmente no se consiguen en un momento y sin esfuerzo. Un impaciente es un egoísta intolerante sin conocimiento de lo que cuesta obtener las cosas, que termina frustrado. Cuando nos encontramos con un impaciente en la empresa, obtenemos decisiones sin meditar, sin pensar en el largo plazo ni en los demás, sin planificación, dejando todo por lo que es “urgente”, tiempos irrealizables que generan expectativas frustradas… La principal consecuencia de la impaciencia es la frustración.


No viváis en la frustración, entended a los demás, las circunstancias y que cada cosa tiene su tiempo, entended que no tenemos el control sobre todo y hay que afrontarlo con calma, la cabeza fría y con el enfoque más positivo que podamos darle, es una actitud mental. Actitud activa y reflexiva, no pasiva y despreocupada. Nos acercará a conocer a los demás y a nosotros mismos, a observar y pensar. Es la fortaleza silenciosa. “La vida es como una leyenda, no importa cuán larga sea, sino lo bien que esté narrada” (Séneca)


Diego Lias

miércoles, 3 de diciembre de 2014

MIÉNTEME, POR FAVOR



¿Qué tal me queda, cariño? Si te han hecho esta pregunta y eres hombre, digas lo que digas, estás muerto. Perdonad pero tengo una visión parcial del tema, soy hombre. ¿Qué es lo que a mi mujer le gustaría oír? Ni idea, porque nunca acierto. Si digo: ¡Me encanta!, me contesta que lo digo por decir. Si digo que no me gusta, entonces, no sé y no estoy a la moda. Una vez se me ocurrió decir: “Me acojo a la quinta enmienda” y ahí sí que me caí con todo el equipo. Otras respuestas como “Cariño, tu siempre estás bien con cualquier cosa”, depende del humor. Te pueden causar un disgusto. El fondo del asunto es que a mi mujer le gustaría que le confirmara lo que le ronda la cabeza para reafirmar la decisión que en realidad ha tomado, aunque yo opine lo contrario. Me encantaría acertar, porque cuando quieres a alguien, lo más importante es que esté contenta, no si te parece mejor o peor este trapo o el otro. Los hombres no acertamos, pero es un claro caso de “dime la verdad si es lo que quiero oír o si no, por favor, miénteme”. (Sé que habrá algún caso de hombre con éxito, al cual felicito de corazón, pero entre todos los hombres que lo he comentado, no he encontrado ningún caso).

Es un ejemplo tonto de “no querer saber la verdad” en la vida cotidiana. Por ser tonto, pone su punto de sal a la vida. Pero hay otros casos en los que supone una auténtica huida de la realidad y la negación de la toma de decisiones para abordar una realidad desbordante que nos afecta (Malos tratos, dobles vidas, una enfermedad grave…)

La mentira es un acto de protección en general. El mentirte a ti mismo o permitir que te mientan, a veces casi pidiendo que lo hagan, es una huida de un problema que somos incapaces de afrontar en el momento. Puede ser válido a corto plazo. Asumir ciertas cosas, a  veces requiere su tiempo, pero la toma de decisiones no se puede dilatar mucho. El perjudicado eres sólo tú.

Lo que es cierto, lo tengo más que comprobado, es que a nadie le gusta oír malas noticias. Que les pregunten a los mensajeros portadores de malas noticias que han sido devueltos por partes al remitente (una pequeña muestra de lo mal que las asumimos). La falta de aceptación lleva posteriormente al autoengaño en sus diferentes facetas. También es cierto que hay maneras de decir las cosas, lo cual influye en la actitud del receptor al asumir la noticia (1). La forma importa.

He visto situaciones parecidas en el mundo de la empresa, algunas por absurdas e irrelevantes llegan a ser graciosas, otras parecen absurdas e irrelevantes pero sus consecuencias son graves y otras parecen y son graves.

Las graciosas las dejamos para el Club de la Comedia.

Entre las absurdas, pero con consecuencias, me gustaría comentar, las encuestas de satisfacción de clientes. En varios sectores se hacen homogéneas para competir en un “ranking”. La banca es un ejemplo y puntúan del 0 al 10, pero hay más, en automoción también se hace. El objetivo teórico de una encuesta de satisfacción es saber en qué fallamos para mejorar. El real es que tengo que estar el primero de la lista para salir en prensa y otra cosa importante, que hay gente que no quiere que le digan en qué tiene que mejorar. ¿Cómo consiguen salir los primeros y que no se sepa en que fallan? Haciendo que el empleado que trata con el cliente se vea penalizado en su bonus si no se consigue un 10. No un 7 u 8 que dirías normalmente en un buen servicio, un 10. El 9 ó 10, nuestra mente lo guarda para un servicio que se ha salido por alguna circunstancia de lo normal. La mayoría de las cosas que dirías como cliente que hay que mejorar no dependen del empleado, dependen de departamentos que no ves. La situación se vuelve tan absurda que terminas encontrándote correos que ponen al pie que por favor no te olvides de puntuar con 10 cuando te encuesten. También te llaman para recordártelo. La imagen transmitida al cliente es penosa, justo lo contrario de lo perseguido y todo por querer que nos mientan.


Yo no era muy “fan” de las encuestas a clientes hasta que en una empresa me encontré una bien hecha. El negocio marchaba bastante mal, la información era ingente y a veces parecía contradictoria (lo habitual). El estudio, entre otras cosas, dijo que la calidad percibida por el cliente era igual que la de la competencia o muy similar. Todo empezaba a encajar, nuestros costes de producción eran mayores que la competencia. Las teorías del coste marginal en un caso práctico. Hay un momento en el que aumentar la calidad de un producto un poco más es tan caro que no se ve compensada por lo que el cliente estaría dispuesto a pagar. Esto supuso el rediseño de toda la gama. Querer ver la realidad y adaptarse es un gran esfuerzo y asusta, puede traer grandes cambios como éste.

Los casos que parecen y son graves: Son fundamentalmente no querer ver los directivos, o incluso el consejo, situaciones de vida o muerte de la empresa. Las formas más comunes de huida son las clásicas de psicología, ¿no somos personas dentro y fuera de la empresa? Se pueden aplicar igual que a un caso de maltrato:
  • Negación: No, esto no está pasando, no es tan grave, lo que me cuenta este es una exageración, es un cenizo.
  • Represión: Actuar como si no pasara nada. No me hable de ello. Maquillo las cuentas si hace falta y me lo creo. Engáñame, cuéntame lo bien que vamos, que me lo voy a creer.
  • Proyección: Todo lo que pasa es culpa de la crisis, del mercado, de la competencia, de los proveedores, de los clientes, del pequeño Nicolás  (ya se ha colado otra vez)
  • Racionalización: Caer en justificarnos, escabullir el bulto, creer que con decir “es que…” el problema está resuelto.

Hay situaciones a las que no se quiere llegar, mejor que no hubieran pasado. Ojalá hubiera hecho esto o aquello. Son difíciles de afrontar. El quedarte paralizado, sin asumir la situación y meter la cabeza debajo de la almohada no lo va a evitar, lo va a empeorar. Son momentos para reflexionar, analizar que ha pasado y tomar decisiones. No os mintáis ni pidáis que os mientan

Diego Lias

(1) Os dejo este enlace sobre un cuento corto que leí y me gustó. Habla sobre cómo decir las cosas. http://amg-cuentos.blogspot.com.es/2007/02/forma-de-decir-las-cosas.html